Diego Urdiales levanta en Bilbao una faena antológica como revancha.

El veterano torero de Arnedo, que sustituía a Morante, abre su cuarta puerta grande en Vista Alegre con una oda desgarrada a la pureza.

Por Gonzalo I. Bienvenida.

La sustitución de Morante de la Puebla se volvió una revancha para Diego Urdiales. Una ocasión para reivindicar su figura en una temporada de regreso al ostracismo donde la calidad de su toreo le rescató hace años. Entró por la puerta de atrás en la feria de la plaza donde más toros ha cuajado en su carrera para reivindicar la pureza del toreo. Su tarde fue una oda a la torería, a la verdad, a la medida. La plenitud del artista en madurez. Sin estridencias de ningún tipo. Fueron quince los naturales al enclasado toro de Garcigrande -con un punto de soltarse pero también de volver siempre con entrega-. Como quince versos. El pecho, las muñecas, las plantas asentadas, el trazo curvo. Muletazos con inicio y con fin en tiempos de acentuada ligazón ventajista. Sin olvidar la variedad del toreo accesorio, con lujo en su interpretación: trincherazos, trincherillas, pases de la firma, ese molinete previo a aquel pase de pecho… 

Era el octavo paseíllo de la temporada del riojano, como si el agua al cuello le hiciese aflorar lo más desgarrado de la profundidad de su toreo. Con la mano derecha hubo ajuste aderezado de su gusto personal. La estocada -ojo al sitio con la espada que ha cogido Urdiales- no tuvo mácula en ejecución ni colocación. Las dos orejas premiaron con justicia una obra imborrable. 

Ya había dado una vuelta al ruedo tras una estocada de libro al encastado primero en una intermitente faena prologada con un soberbio inicio plagado de carteles de toros. Urdiales es un buen torero convertido en torero de culto por ser capaz de dejar huella como en la tarde de Bilbao. Fuera del circuito y de sus modas. Irregular. Fiel a una forma clásica, sus temporadas dependen completamente de lo que ocurra en Sevilla y en Madrid. En Málaga ya había avisado de lo que podía pasar si le ponían en Bilbao, y sucedió. 

En un brindis largo e íntimo Alejandro Talavante expresó su admiración a Diego Urdiales. En el abrazo en el que se fundieron pareció transfundirse pureza riojana. Si en su primer turno había buscado el efectismo ante un toro cambiante al que le costó desplazarse, en el quinto buscó la verdad de su toreo vertical ciñiéndose unas embestidas francamente apagadas. Basó la faena en cercanías, ahí encontró rédito con un toreo desmayado de uno en uno con un natural luminoso inmediatamente después de una seca voltereta. Un Talavante centrado y comprometido con este quinto de Garcigrande. 

En dos años y tres tardes, Borja Jiménez se ha convertido en todo un ídolo de Vista Alegre. La ovación de gala con la que le recibió la afición en su vuelta tras el indulto del toro de La Quinta así lo corroboró. A la puerta de chiqueros se fue a recibir a sus dos toros. Hasta tres largas cambiadas le pegó al tercero antes de lancear a la verónica una embestida incierta, que pese al extraño que le hizo en el capote confió en el lance como síntoma de entrega y convencimiento. Duró poco el toro en la muleta y Jiménez alargó en exceso. 

Mantuvo el acelerador apretado con el toro más complejo, que cerró la tarde. Expuso en una faena de toma y daca ante un toro de importante exigencia al que le faltó el agradecimiento de la entrega tras el esfuerzo. Jiménez se mostró atacado por no querer quedarse atrás. 

Cuando Diego Urdiales atravesaba por cuarta vez a hombros la puerta grande de Bilbao miró hacia atrás emocionado por si quedaba en el ruedo algún rescoldo de su revancha torera. 

PLAZA DE VISTA ALEGRE. Viernes, 22 de agosto de 2025. Quinta de feria. Tres cuartos de entrada. Toros de Garcigrande, bien presentados. Tres cinqueños. encastados 1º y 6º -no fáciles-, enclasado el suelto 4º, a menos el 3º, frenado el 5º y engañoso el 2º.

DIEGO URDIALES, DE TABACO Y ORO. Gran estocada (vuelta al ruedo). En el cuarto, gran estocada (dos orejas). 

ALEJANDRO TALAVANTE, DE VERDE OLIVA Y ORO. Estocada que hizo guardia y estocada. Aviso (silencio). En el quinto, estocada en lo alto (oreja).

BORJA JIMÉNEZ, DE VERDE ESMERALDA Y ORO. Pinchazo y estocada (silencio). En el sexto, media estocada (saludos).

Publicado en El Mundo


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