Morante de la Puebla: sonata inconclusa de una tarde memorable en Salamanca.

El maestro da la bienvenida al otoño magistral pero sin el refrendo del triunfo y pasea una torera vuelta; exhibición brava del campo charro; Borja Jiménez y Talavante, por debajo de sus lotes, cortan una oreja.

Por Zabala de la Serna.

Morante de la Puebla le dio la bienvenida al otoño con una sonata. Una pieza inconclusa, maravillosa, una genialidad esperada y no por ello menos sorprendente. Vaya tarde de toros regaló en Salamanca, robado el triunfo por la espada. Y no sólo. Pero hay triunfos que no se cuentan en orejas, sino por la huella y la memoria, por las suertes resucitadas, el toreo antiguo y el toreo de siempre. Todo sólo al alcance de él. Tan rico el magisterio, tan desatado el genio. Qué locura de exhibición. Y de torero.

Comenzó la sonata de otoño cuando no había despertado la corrida, ni la estación, y dormía el toreo. Un pasmo de verónicas estremecieron la plaza en un palmo de terreno. Como si concretaran todos los oles del mundo en su compás, allí abajo, mecidas, sólo sujetas en el aire con un inaprensible juego de brazos. Sucedió igual en Madrid, la primera tarde de gloria, también con un toro de Garcigrande sobre un adoquín. Esa cosa especial de la casa se deslizó en una media portentosa, un quejío. Gateaba el garcigrande [Corchoso] como si se redujese o le fuera a faltar el impulso, que era sedoso ritmo, horadando el ruedo con su hocico.

BMF.

No por ello le faltó celo ni entrega en el caballo, demasiada. Acusaría el gasto. La corrida concurso obligaba. Entre la segunda y tercera vara, MdLP giró dos delantales a cámara lenta y puso en pie la Giralda con una media a pies juntos que sonó a campanario, tan solemne. Fue el principio de faena rodilla en tierra otra joya, y Morante la joyería entera. Descomunal en su empaque, en su pureza, en ese embroque inalcanzable, detenido el toreo en su derecha ligada. Como si torease con un cuarto de muleta y los vuelos. Tan molesto el viento para quien lo hace así. A izquierdas el toro pegó tres amagos haciendo hilo, así que la obra, sin caso al natural, siguió lenta por su camino excelso. De redondos como viejas barricas que desembocaron en un cambio de mano infinito, desbordando todos los márgenes de lo imaginable. Y la trincherilla. Y siendo tanto pareció poco porque el aliento de este garcigrande especial se había consumido. La espada se encasquilló y se llevó la gloria, pero no la memoria. La ovación cayó a sus pies.

No acabó entonces la obra magna, ya convertida la sonata en algo más. Y Morante salió embravecido a parar al toro de Olga Jiménez (Matilla), con medio capote, logrando la perfección del invento por fin en esta temporada antológica. El remate fue mágico, esa media verónica apenas dibujada con las manos desnudas, como si hubiera prescindido del capote. Lidió perfecto, colocado en su sitio, como siempre, y resucitó el galleo del Bu para sacar el toro del caballo. Una locura apuradísima con las piernas pesadas, un prodigio de sincronía, talento y valor. La serpentina subió y bajó birlibirloquesca. Un malabar. 

En el rato angustioso que picador y caballo estuvieron a merced, MdlP estuvo perfecto. Prologó la faena agarrado a tablas. Hubo delicias de pureza y esencias para niños y niñas, para periolistos y mediopensionistas que quieren tapar con un dedo el sol. Un cambio de mano deslumbró antes de que se rajase el matilla de buen estilo y quebrado fondo. Lo mató impecable. Se pidió la oreja pero el presidente se negó. Ni como compensación a una tarde para la memoria. La vuelta al ruedo derramó también torería.

Y ahí se acabó el toreo, que no la exhibición del campo charro capitaneada por Garcigrande en esta corrida concurso de ganaderías de Salamanca que resucitó el propio Morante hace tres años. Hubo categoría de toros para dar y tomar. Desde el notable representante de La Ventana al buen sobrero, también de Garcigrande -vaya feria de Justo Hernández, indulto incluido-. A los dos los toreó Alejandro Talavante con hueco suficiente para una yunta de bueyes y enganchar al de fuera. Le cortó al sobrero una oreja que suma para ser líder de nada, y en el otro marró con la espada una faena igual de periférica o más.

Otra se embolsó Borja Jiménez del sexto, de Carmen Lorenzo, que fue el de bravura más ostentosa de los seis, embistiendo con todo, pero no el más especial. Esa distinción la portaba, de otro modo a Corchoso, el toro de Domingo Hernández, que colocaba la cara para redondearse, pero BJ no lo hacía. Parecía que la embestida quería conducirse por un lado y el muletazo por otro. Es verdad que también falló la espada, lo que seguramente fustró la puerta grande con el último.Pero en los dos casos el campo charro se impuso con su brava exhibición. Como Morante con la suya.

PLAZA DE LA GLORIETA. Domingo, 21 de septiembre de 2025. Última de feria. Lleno. Toros de Garcigrande, Ventana del Puerto, Domingo Hernández, Olga Jiménez, Hermanos García Jiménez y Carmen Lorenzo; y un buen sobrero de Garcigrande (5º bis); de distintos remates y hechurada presentación; de notable juego; especiales 1º y 3º; notable el 2º; rajado el noble 4º; de ostentosa bravura el 6º.

MORANTE DE LA PUEBLA, DE NAZARENO Y AZABACHE. Dos pinchazos, estocada perpendicular que escupe y descabello (saludos); estocada rinconera (petición y vuelta).

TALAVANTE, DE BLANCO Y ORO. Pinchazo, estocada atravesada y dos descabellos. Aviso (saludos); estocada (oreja).

BORJA JIMÉNEZ, DE GRANA Y ORO. Dos pinchazos y descabello. Aviso (saludos); pinchazo y estocada. Aviso (oreja).

Publicado en El Mundo


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