El padre de José Tomás bendice el poder de la pureza de Víctor Hernández en Las Ventas.

Vuelve a impactar en Madrid con una colosal faena al natural que se queda en una sola oreja antes de caer herido de gravedad; interesante tarde con faenas inacabadas de Uceda y Fortes a dos notables toros del Puerto; el malagueño da una vuelta por una estocada extraordinaria.

Por Zabala de la Serna.

El padre de José Tomás, homónimo de su hijo, había acudido a Las Ventas movido por la curiosidad de quienes sostenemos que Víctor Hernández es la viva imagen de JT en los 90, no el más depurado, pero sí el que conmovió los cimientos de la fiesta con la génesis de su pureza. Y vaya si pudo comprobar el progenitor del dios de piedra de Galapagar la similitud en una faena de la verdad telúrica y profunda que habita en su izquierda. Y también lo constató de cerca cuando VH le brindó el toro de Fuente Ymbro: “Va por usted. Porque sé sus entrañas ha salido lo más grande que ha dado el toreo”. Y entonces se clavó por estatuarios para darnos la razón, no sólo en ese cliché reconocible por obvio, sino cuando soltó la zurda y arrancó el primer rotundo ole de todos los que habrían de venir.

El cinqueño de Gallardo, bajo, recortado y armado, agarrado al piso pero obediente, iba con esa incertidumbre que es el ir de mentira. O sin la entrega absoluta. Pero se encontró con el poder de la pureza, la izquierda de un torero colosal, que ofreciendo el pecho y las femorales, casi al unipase, levantó un monumento. Madrid rugía desde dentro para corear cada embroque de cada natural que moría allí atrás de la cadera, donde nace la hondura. Los interminables pases de pecho de aquel tipo atalonado en su sitio sacudían los tendidos. La emoción atrapaba a la gente en pie, como si la trasladara a otra época de finales del siglo XX. Y cuando Víctor se cruzaba al pitón contrario veían al torero de leyenda que en el 97, 98 y 99 bajó a la tierra. Había runrún de triunfo grande. A la vez que hundía la estocada en lo alto, el palco enviaba un tonto aviso. Tardó el toro en morir, y esto puede que enfriase el ambiente. El público pidió sólo una oreja. Pero contenía el peso de lo auténtico, el peso de la verdad. Cuando recogió la montera de manos del padre de José Tomás, escuchó de su propia voz: “Así se torea”. Sonó a bendición.

Víctor Hernández tenía media Puerta Grande abierta, pero se le ocurrió la infeliz idea de salir a hacer un quite a un toro destartalado de FY que correspondía a Forte y que se arrancaba con todo y recto. VH se puso para hacerle unas tafalleras, y cuando le sacó el capote lo cogió de lleno. Como un atropello. La caída fue terriblemente dura, sobre el cuello. Pero ya llevaba la cornada en el gemelo, donde había entrado el pitón como cuchillo en mantequilla. En ese coqueteo en bruto con la tragedia también puede que haya algo del José Tomás noventero. Quedó como sexto un manso descompuesto de Puerto de San Lorenzo que, con perdón de Uceda Leal sirvió de cierto consuelo para el hombre que operaban en esos momentos en la enfermería.

La corrida se había compuesto con tres toros de Puerto de San Lorenzo y tres de Fuente Ymbro, todos cinqueños. De notable juego los dos primeros de la ganadería salmantina, que se arrastraron enteros; de terrible comportamiento los de Gallardo. Con esas hechuras terroríficas, hechas para otro espectáculo (popular), no para el toreo, era difícil que respondieran de otro modo. El cuarto traía un genio violento; el quinto, una dureza seca. A éste lo mató Fortes, tras una faena porfiona, con una estocada extraordinaria. Tanto, que le obligaron a dar la vuelta al ruedo. No había matado al que debía haber matado, un toro francamente bravo los Fraile, sorprendentemente humillador para su aparente cortedad de cuello. La obra del malagueño, que arrancó con inesperada belleza rodilla en tierra, se movió por distintos momentos de entendimiento y brillantez, fruto de diferentes registros, siempre con enorme asiento. El toro tenía una cosa muy buena en su trepidante repetición: se soltaba de la muleta muy bien pero Fortes no parecía querer soltarlo para llevárselo hacia dentro. Y eso llevó a cierto amontonamiento entre fases de calado en su redonda mano derecha. La espada penalizó con severidad, y Saúl saludó una ovación desde el tercio. Allí donde una inapreciable y molesto vientecillo obligó a plantear las faenas.

Uceda Leal vestía un caldero cargadísimo de oro para su 73 paseíllo en Madrid, con un bordado antiguo, un halo de torero de otro tiempo que también cultiva. Había abierto la corrida con un toro grandón -623 kilos- pero no alto, hondo y acucharado, definido desde su salida por un pitón derecho muy caro. Caras fueron la verónica y la categórica media que voló el elegante veterano por esa mano. Y las que dibujó Fortes interpretando el lado bueno del toro con mucho asiento. Estaba claro. Uceda brindó al público. Los doblones tuvieron categoría, y clase el pase de la firma. La diestra y elegante faena adquirió su cenit y su poso en la mayúscula tercera serie de derechazos, pero en la cuarta el castizo maestro se desacompasó. No debió acabar su labor por la peor mano del toro. Ese bache lo sintió, y la fe de su segura espada se resquebrajó. La ovación supo a premio de consolación. A los otros toros infumables los despachó contundente, después de enseñar su imposibilidad. Fue una pena que este cartel de justa recompensa por los logros isidriles no acabase con el éxito debido porque, además, vimos cosas que habitualmente no se ven.

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Domingo, 5 de octubre de 2025. Cuarta de feria. Tres cuartos largos de entrada. Toros de Fuente Ymbro y tres de Puerto de San Lorenzo (1º, 2º y 6º), todos cinqueños; serios en sus diferentes hechuras; notables el 1º y el 2º; obediente y agarrado al piso el 3º; muy malos 4º y 5º; descompuesto el manso 6º.

UCEDA LEAL, DE CALDERO Y ORO. Media estocada, descabello y estocada (saludos); estocada (silencio); estocada (silencio).

FORTES, DE AZUL PAVO Y ORO. Pinchazo hondo delantero, pinchazo, estocada corta y dos descabellos. Aviso (saludos); gran estocada (saludos).

VÍCTOR HERNÁNDEZ, DE AZUL PAVO Y ORO. Estocada. Aviso (oreja). Cayó herido.

PARTE FACULTATIVO: Víctor Hernández sufrió una cornada “en cara interna 1/3 medio pierna izquierda con una trayectoria hacia fuera de 15 centímetros que produce destrozos en musculatura gemelar. Es intervenido quirúrgicamente bajo anestesia general en la Enfermería de la Plaza de toros, siendo trasladado al Hospital Fraternidad Muprespa-Habana. Pronóstico Grave que le impide continuar la lidia. Fdo. Dr. García Padrós / Dr. García Leirado”.

Publicado en El Mundo


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