Hace medio siglo, en medio del calor del desierto cachanilla, se levantó un recinto que pronto se volvió emblema de identidad, arte y tradición: la Plaza de Toros Calafia. Desde su inauguración en 1975, este coso ha sido testigo de tardes memorables, de figuras inmortales del toreo y de un público apasionado que ha sabido mantener viva la llama de la fiesta brava en Baja California.
Hoy, al estar por cumplirse cincuenta años de su apertura, la Calafia no solo celebra su pasado: también invita a mirar hacia adelante. Por este motivo a lo largo de tres entregas, esta columna recorrió memorias, personajes, transformaciones y muchos momentos que la convirtieron en una plaza con alma propia, donde cada faena, cada pasodoble y cada aplauso formaron parte de una historia que aún sigue escribiéndose bajo el sol mexicalense — Luis Cuesta.
Por Oscar López Gamboa. Tercera y Última Parte.
Fue un 23 de marzo de 1980, durante el festejo donde actuaron el rejoneador Gerardo Trueba, los Forcados Mexicanos, Marcos Ortega y Rodolfo Rodríguez “El Pana”, con toros de José J. Llaguno.
“Chonguito” se llamó aquel toro de pelaje castaño ojinegro, al cual, en el tercio de banderillas, El Pana lo citó de lejos y muy pegado en tablas, en la zona de barreras cerca del burladero de matadores.
Entonces el torero tomó el par de banderillas y empezó a alegrar al bonito aquel, con gritos de “¡toro, toro, toro!” hasta que este inició el viaje con un gran tranco, y cuando casi llegaba a la jurisdicción del torero, le hizo un quiebro de cintura hacia las afueras del tercio, cambiando con ello el veloz viaje que ya traía.
Y cuando el toro casi rebasaba al torero, fue entonces que levantó el brazo derecho sujetando el par de banderillas, lo llevó hacia atrás de su cuello y, mirando el lomo del burel por encima de su hombro izquierdo, clavó en todo lo alto del morrillo aquel par de banderillas sujetado con una sola mano.
Fue entonces que los aficionados, como impulsados por un resorte y al unísono, se levantaron de sus asientos para tributarle por varios minutos una gran ovación, con fuertes aplausos por aquella proeza lograda de manera no concebida y espontánea, haciéndole dar dos vueltas al ruedo entre gritos de “¡torero, torero!”, arrojándole al ruedo un sinfín de objetos y prendas, en señal de júbilo desbordante.
Desde aquel preciso instante de inspiración, tocado probablemente por sus duendes, Rodolfo Rodríguez “El Pana” inmortalizaría para siempre aquel par de banderillas como: ¡El par de Calafia!

Desde entonces aquel par se hizo famoso en el mundo de los toros, y los matadores que acostumbran poner banderillas han intentado igualarlo infructuosamente, pues lo único que llegan a ejecutar es el par del “violín”, es decir, clavar dicho par cruzando por el pecho del torero con el brazo derecho como si fuera el arco de un violín.
Nota: Lamentablemente aquella proeza del Par de Calafía no fue fotografiada por ningún fotógrafo en dicho momento, y sólo existen bosquejos o pinturas de aquel par.
ANÉCDOTAS
En la víspera de la inauguración de la Calafia, se llevó a cabo una última supervisión de la plaza, en compañía del director de Obras Públicas del Estado, Ing. Antonio Sánchez Hernández, los ingenieros encargados de la obra, así como de las recién nombradas autoridades taurinas de la plaza.
Fue entonces que el asesor taurino Ramón Rosales González “El Pescador”, que en su juventud fue banderillero de toros hasta su retiro, observó tanto al director de Obras Públicas como a los ingenieros de la construcción la poca altura que tenían las tablas del redondel, el corto espacio entre éstas, el callejón y la contrabarrera —lo que podría propiciar que, si un toro brincara las tablas del ruedo, podría ir a dar hasta las localidades de barrera—, pues faltaba instalar un cable de acero (calabrote) que circundara la zona de barreras.
Una vez informados de dicha omisión, ya que en el proyecto arquitectónico nunca fue considerada la instalación de dicho cable, de inmediato fue informado el Gobernador Milton Castellanos.
Molesto y a regañadientes, ordenó se instalara inmediatamente aquella protección.
Llegó entonces el ansiado día de la inauguración de Calafia, y el primer toro, que se llamó “Cachanilla”, salió por toriles con gran tranco y fue a rematar precisamente al burladero de matadores, brincando al callejón.
En las barreras se encontraban el gobernador, su secretario de Gobierno Quico Santana, gran aficionado taurino (y fundador años después de la ganadería La Misión, con simiente de San Martín), el alcalde de Mexicali Armando Gallego, la familia del empresario y demás aficionados. Se llevaron el susto de su vida… y el repudiado cable fue el que los salvó.
EL TORO EN LA CAPILLA
En cierta ocasión, después de entorilar los toros, el padre Benito, capellán de la plaza, oficiaba misa en la capilla. Las puertas estaban abiertas.
Durante la misa, un toro de reserva apareció en el ruedo y se dirigió hacia la capilla. Los presentes, dentro y fuera, cerraron las puertas con cuidado. El toro pasó tranquilo frente a la capilla, sin intentar embestir, y continuó su paso hacia la báscula.
Se había salido por una puerta abierta durante el trajín del sorteo y entorilamiento.
LOS JUECES DE PLAZA QUE HUBO Y TIEMPO QUE PRESIDIERON CALAFÍA
• Dr. Leonardo Sepúlveda Escalante: aprox. 13 años
• C.P. Óscar López Gamboa: 14 años en dos periodos
• Dr. Héctor Torres Sanginés: 3 años
• MVZ. Óscar Esquer Peralta: 4 festejos
• Lic. Eugenio Guerrero Güemes: muy pocos festejos
• Sr. Ignacio Aguirre Calleja: menos de 3 años
• MVZ. Héctor Torres Fernández Guerra: menos de 3 años
• MVZ. Ramón Rodríguez López: 6 años
• MVZ. Alfonso Osuna: menos de 3 años
• Miguel Ángel Barajas Gutiérrez: 2 años
• Lic. Isidro Ochoa Vera y Andrés Elenes: menos de 3 años entre ambos.


EL JUEZ DE PLAZA: MÁXIMA AUTORIDAD Y SUS FUNCIONES
El juez debe recibir los toros, pesarlos, reseñarlos, aprobarlos o rechazarlos junto al empresario, asesor taurino, inspector de callejón y veterinario.
El día del festejo supervisa la enfermería, la cuadra de caballos, las puyas, y preside el sorteo de toros, levantando actas y tarjetas firmadas por los apoderados.
Durante la corrida, el juez se instala en el palco junto al asesor taurino y asistente, coordinando con el inspector de callejón, músicos y equipo de sonido.
Con base en la petición del público y el mérito artístico, el juez otorga trofeos (una o dos orejas, rabo o indulto), siempre aplicando su criterio técnico y el del asesor taurino.

RAMÓN ROSALES “EL PESCADOR”
Reconocimiento al destacado subalterno (banderillero) Ramón Rosales González “El Pescador”, asesor taurino de todos los jueces de Plaza Calafia desde noviembre de 1975 hasta junio de 2001.
Fue discípulo del periodista y cronista taurino José Jiménez Latapí “Don Dificultades”, apoderado de toreros, intelectual y hombre de carácter recio, conocido también como “El Ogro del Pino”, por la calle donde vivía en la colonia Guerrero de la CDMX.
FIN DE UNA ERA
Hace aproximadamente diez años dejaron de darse corridas en la Plaza Calafia, por el nulo apoyo municipal y las prohibiciones animalistas.
La misma suerte corrió la Plaza México, el coso taurino más grande del mundo, y la legendaria Plaza de Barcelona, donde desde el 1° de enero de 2012 ya no se celebran festejos taurinos.

ÓSCAR LÓPEZ GAMBOA
“Hoy, a mis 84 hierbas cumplidas, lo que más me conmueve y me entristece, pero a su vez me llena de gozo y gratitud al Divino Creador, es seguir ocupando un lugar en este espacio y ser el único sobreviviente de aquellas primeras autoridades de Calafia nombradas en 1975. Ofrezco disculpas a los lectores que me lean, por las omisiones y errores cometidos de manera involuntaria, en mi narrativa de estas historias acontecidas, que he estado contando a mi aire y a mi tiempo como los toros bravos: nobles, sin resabios, con fijeza y con alegre tranco, hasta la suerte suprema. Me despido, no sin antes agradecerle a todos el tiempo dedicado a estas memorias..”
Fin.

Don Oscar López Gamboa.






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