El desarrollo de la cirugía taurina y Fleming. «Antes de la penicilina, el torero ofrecía su femoral, y se encomendaba a Dios, a la Virgen y al equipo médico. Después tuvimos la penicilina, y gracias an ella los médicos pudieron devolvernos a la vida cuando entrábamos en la enfermería como guiñapos moribundos»
Por Alfonso Ussía.
Hoy, miércoles 22 de octubre, se celebra en Santander el Congreso Nacional de Cirugía Taurina, organizado por la Sociedad Española de Cirugía Taurina. Hoy vamos de ángeles de la guarda. Y han elegido Santander por muchos motivos, y será el Palacio Real de La Magdalena el escenario de su inauguración, a la que tengo desaconsejado asistir porque no soy un torero sino un herido vulgar, de los que se recuperan cuando un torero que ha sido volteado, corneado con diferentes trayectorias, arrebatado a la muerte por manos milagrosas, incluso con las heridas abiertas, está toreando de nuevo. Santander tiene como jefe de cirugía taurina a un extraordinario cirujano, catedrático de Cirugía, autor de centenares de trasplantes de hígado, aragonés establecido en todo el mundo, cirujano misionero y una de las personas más íntegras que conozco. El doctor Daniel Casanova. Y también ha contribuido a la elección, el público reconocimiento de los aficionados para que, superadas las ferias de San Sebastián, Bilbao y Gijón, su Feria de Santiago, en el coso de Cuatro Caminos, sea considerada como la Feria del Norte, por el apoyo político de sus alcaldes y la formidable gestión de su actual empresario.
Los toros, ese milagro del arte en movimiento. Milagroso además, porque fue el motivo que eligió el barón Thyssen, después de 20 años viviendo en España y con una española, para hablar con fluidez nuestro idioma universal. Preguntaba el barón: «¿Te gustan los toros?», si le respondías negativamente, se quedaba pegado a la confusión, y si le respondías afirmativamente sentenciaba: «Pues tienes el mismo gusto que las vacas». Y se mondaba de risa.
Santander es tierra de jándalos – los jandaluces- que al emigrar hacia América se topaban con el pasmo de Andalucía; en Andalucía quedaron creando toda suerte de ultramarinos, bares y trastiendas. Rogelio, jándalo y fundador de «La Flor de Toranzo» y bético a muerte me lo comentaba una mañana con una ración de lomo manteca. «Ser figura del toreo es mucho más difícil que ser cardenal. A los cardenales los nombra el Papa, pero alcanzar la cima de la tauromaquia es un nombramiento multitudinario, que se queda en esa nube transparente que hay que mantener a fuerza de riesgo, cansancio, heridas y pelmazos».
Un arte que necesita de la inmediatez para sentir la emoción. Grabado o filmado, no es lo mismo. Toreó el maestro Antonio Ordóñez, en su reaparición, una corrida con toros del Conde de la Corte en Las Ventas. Dos orejas y tres vueltas al ruedo. Había encargado que se la filmaran. Al llegar a Ronda, se acomodó para ver su gran obra. No tiene nada que ver. Sin la emoción del reto, sin el baile con la muerte, no hay faena que supere los tiempos. El toreo es un arte efímero, que consiste en convertir en belleza un peligro constante en torno a un toro.
Y claro, el desarrollo de la cirugía taurina y Fleming. «Antes de la penicilina, el torero ofrecía su femoral, y se encomendaba a Dios, a la Virgen y al equipo médico. Después tuvimos la penicilina, y gracias a ella los médicos pudieron devolvernos a la vida cuando entrábamos en la enfermería como guiñapos moribundos».
En ocasiones, la herida producida por un elemento sucio e infectado termina en la muerte. Hay ejemplos recientes. También los hay milagrosos, como la espantosa arremetida contra el burladero de la plaza de Santander, cuyo equipo médico, liderado por el doctor Casanova, demostró que ser médico o enfermera, enfermero o doctora, sino limita la agilidad de la niñez.
Van a tener los doctores que acudan al Congreso la fortuna de ver y oír a Andrés Amorós. Sabio entre los sabios del toreo, la literatura, la poesía y la Historia. Lo que promueve un humanista lo clausura otro humanista.
Santander se ha ganado este Congreso de ángeles de la vida. Que Dios los acompañe siempre, como si hicieran el paseíllo con «er vestío de toreá»
Publicado en El Debate





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