De aquellos polvos estos lodos: Morelia se queda sin su tradicional corrida del Día de Muertos.

La última corrida de Día de Muertos celebrada en Morelia tuvo lugar el 2 de noviembre de 2024, en la Plaza Monumental de Morelia con el rejoneador Javier Funtanet, Joselito Adame, Juan Ortega e Isaac Fonseca.

Por Juan Carlos ValadezDe SOL y SOMBRA.

Morelia se ha quedado sin su tradicional corrida del Día de Muertos. Lo que durante décadas fue una cita obligada en el calendario taurino mexicano —una mezcla de identidad, rito y cultura viva— hoy se disuelve entre prohibiciones y olvido. Algunos dirán que la vida sigue con normalidad en Morelia y que pocos añoran esta celebración. Pero también es cierto que hay heridas que todavía no cicatrizan y esta es una de ellas.

“De aquellos polvos estos lodos”, pensarán muchos aficionados al recordar tiempos mejores. Pero lo que hoy parece una pérdida insalvable en un corto plazo, tuvo su origen en la desidia, en la falta de visión y en el conformismo con que se manejó la tauromaquia en muchos lugares del país. Morelia, con su plaza monumental, fue durante años un escenario de categoría: pasaron por ahí figuras, triunfos memorables y tardes de torería que tejieron una historia propia.

Hoy no basta con culpar a los políticos o a las autoridades que hoy niegan permisos o imponen restricciones. Sería demasiado fácil. La verdad es que los toros se fueron quedando sin defensa en Morelia porque muchos dejaron de creer en ellos, incluso dentro del propio gremio. La falta de unidad, el egoísmo empresarial y el alejamiento del público ante una pobre oferta fueron minando los cimientos de una tradición que, como tantas otras, parecía eterna.

La corrida del Día de Muertos en Morelia no era sólo un evento taurino: era un símbolo de la ciudad. Perderla no es sólo una cuestión de calendario: es un trozo de identidad que se desvanece entre un México que tristemente ha ido perdiendo en los últimos años su identidad, gracias a un gobierno socialista/comunista que se ha dedicado con una saña inusitada a atacar la tauromaquia de norte a sur.

Quizá algún día alguien vuelva a encender la luz en los corrales de la plaza de Morelia. Pero para que eso ocurra habrá que recordar por qué valía la pena hacerlo más allá de la parte económica. Porque sin memoria, la tauromaquia—como la propia vida— se vuelve sólo un eco vacío.


Descubre más desde DE SOL Y SOMBRA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Anuncios