Pablo Hermoso de Mendoza Galdeano, padre del rejoneador del mismo nombre, ha fallecido a lo 97 años. Don Pablo, como era conocido en Estella, fue toda una institución en el mundo del caballo, tanto en la compraventa de equipos como más tarde en la doma y la enseñanza.
Pablo Hermoso de Mendoza Galdeano, padre del rejoneador del mismo nombre, ha fallecido a lo 97 años. Don Pablo, como era conocido en Estella, fue toda una institución en el mundo del caballo, tanto en la compraventa de equipos como más tarde en la doma y la enseñanza. Casado con Natividad Cantón, tuvo cuatro hijos: Juana Mari, Mari Feli, Juan Andrés y Pablo.
Hermoso de Mendoza Galdeano nació en Estella el 15 de enero de 1928. Su padre, Casimiro, también estuvo ligado al caballo, pero debido a un accidente, su primogénito, Pablo tuvo que arrimar el hombro para sacar adelante a toda la familia, como labrador y con el transporte de carros tirados por equinos. Pronto empezó a mostrar destreza en el manejo de las riendas, así que se decidió a dar un salto cualitativo en la ampliación de su cuadra con caballos de montura.
Poco a poco, extendió su iniciativa con picaderos en la propia Estella, Pamplona o Logroño. Se dedicó tanto al adiestramiento de caballos, como a la enseñanza de la monta y a la organización de paseos a caballo.
Era también aficionado taurino, socio del Club Taurino de Estella y mulillero durante más de 70 años. Lo dejó en 2010 cuando recibió un golpe de una yegua en la pierna. En su juventud llegó a rejonear algunas novilladas en Pamplona, Estella y Lumbier.

A Hermoso de Mendoza Galdeano no le sorprendió que su hijo Pablo le confesara que no quería dedicarse a la hípica sino al rejoneo. Le apoyó desde los inicios, sobre todo buscándole los caballos más apropiados para los quites. Después ha visto con orgullo cómo su nieto Guillermo seguía los mismos pasos en el rejoneo.
“Siempre me ha gustado montar y torear, pero hasta los 25 o 30 años no pude tener un caballo de montura propio. Hasta entonces estuve trabajando en el campo y llevando galeras. Nadie me enseñó nada y lo que sé, poco o mucho, salió de practicar y de mi interés”, contaba hace unos años en una entrevista.

Su última aparición pública fue este mismo año, en la plaza de su Estella natal, para ver a Guillermo lidiar seis toros en solitario. “Mi abuelo a sus 97 años vino a verme… jamás olvidaré esa tarde“, escribió su nieto, visiblemente emocionado. Fue más que un gesto familiar: fue el símbolo de un ciclo vital que se cerraba desde el burladero, en silencio, con la dignidad del que ya lo ha dicho todo.
Con información de Diario de Navarra.





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