Así prepara la mente un torero: «Vivimos en el triunfo y en el fracaso»

El matador Javier Portal acompaña como coach a toreros como Román, Uceda Leal o Álvaro Lorenzo en una profesión donde el miedo y la calma conviven cada tarde.

Por Alicia P. Valverde.

El toreo siempre ha mirado al miedo de frente, pero pocas veces se ha detenido a mirar al miedo por dentro. La mente del torero, ese territorio donde conviven la fe, la duda y el vértigo, ha sido durante años un secreto guardado bajo el traje de luces. Sin embargo, poco a poco el tabú empieza a resquebrajarse. Morante de la Puebla se abrió a este periódico y rompió ese muro al hablar sin pudor de su propia batalla interior. Hace poco más de una semana, Rafael de Julia habló abiertamente de los problemas de anorexia, que le han obligado a abandonar los ruedos, en El Séptimo Toro. Y, tras estos testimonios, surgen nuevas voces que entienden que cuidar la mente también es una forma de valor.

Entre ellas, la de Javier Portal, matador de toros y experto en desarrollo personal, que acompaña a más de cuarenta toreros en su preparación mental. Desde su doble condición de torero y coach, Portal trabaja en ese terreno invisible, pero fundamental para lo que luego ocurre en la arena: la concentración, la calma, la confianza y el miedo. «Mi labor -dice- es ayudarles a dar lo mejor de sí mismos».

Pionero en este terreno, comenzó con Uceda Leal «por amistad». Actualmente ayuda desde varios nombres destacados del escalafón hasta novilleros sin caballos, ya que «con el boca a boca me han ido llamando». Es habitual verle junto a Román, por ejemplo, «y le acompaño al callejón los días de corrida, sobre todo en las plazas importantes. Y luego también trabaja con toreros jóvenes de la importancia de Víctor Hernández o Samuel Navalón. Javier ha estado cerca del valenciano también durante este tiempo, en el que Samuel se está recuperando del gravísimo percance que sufrió el septiembre pasado. Con ellos, junto a Espada, »de forma más recurrente. Y luego hay gente con la que trabajo de forma más puntual«.

¿Y cómo un estudiante de ADE, que lleva quince años en Recursos Humanos de una empresa, compagina ese trabajo con ayudar con los miedos e incertidumbres a toreros? Pues porque él sabe mejor que nadie lo que se vive en la soledad del ruedo, ya que Portal, matador de toros antes que nada. Todo empezó hace siete años, cuando «tuve la oportunidad de ayudar a dos personas: a una chica del ámbito laboral y a José Manuel Mas, por amistad, que ha sido matador de toros, actualmente banderillero».

Esa labor le llenó tanto que «decidí hacer mi propósito en la vida el ayudar a los demás». Pero para eso era necesario el estudio del desarrollo personal: «Me certifiqué en coaching, que es como lo genérico, y luego me especialicé en programación neurolingüística». Es decir, su metodología se basa en estudiar, no tanto qué hace la persona, sino cómo lo hace, «para a partir de ahí desgranar las estrategias que le llevan a la persona a dar lo mejor de sí misma», como comentábamos al principio.

Aunque Javier use la misma formación con cada uno, cada persona es un mundo, por lo que «tengo que intentar buscar meterme en los ojos de la persona, como lo está viendo», para, a partir de ahí, desgranar lo que busca y necesita cada diestro. «En el toreo -explica-, la ilusión por lo que uno quiere conseguir, y el compromiso con lo que hay que llevar a cabo para conseguirlo, está por encima del resto de las profesiones».

Fundamental para eso es la gestión de las expectativas de una tarde, porque «vivimos en el triunfo y en el fracaso», como él ha vivido en sus carnes. Cuenta que, cuando llega el triunfo, crees que eres la leche, y cuando no, sientes que no vales nada. «Entonces lo que busco es que la persona consiga un mayor equilibrio sintiendo que cada día es un paso más en su carrera, en aquello que quiere conseguir, siempre enfocado a que se comprometa al máximo para dar lo mejor de sí misma», ya sea San Isidro -las más difíciles de gestionar- o cualquier otra plaza.

En una tarde de toros, es fácil que la mente se vaya a la incertidumbre: el comportamiento del toro, el viento, el público, si hay cámaras: «Cuando la persona está en la incertidumbre, la incertidumbre se hace grande y la persona se hace pequeña». Por eso, Portal trabaja para que el torero esté centrado en sí mismo, en su respiración y su propósito, y no en los factores externos. La concentración y la presencia -el ir momento a momento- son tan decisivas como el temple.

Una herramienta fundamental es la visualización, es decir, «recrear lo que vas a vivir con anterioridad», explica, «porque el cerebro está programado para la supervivencia, y siempre busca ponernos en alerta». Visualizar, sentir por adelantado, crea familiaridad ante lo desconocido, «sirve para torear, para hablar en público o para una entrevista de trabajo. El cerebro apenas distingue lo que vive realmente de lo que imagina de forma vívida».

Portal invita a sus toreros a evocar las sensaciones que quieren tener en la plaza, para poder conectar con ellas cuando llegue el momento decisivo. Su método sirve «tanto para la lidia como para la vida». No en vano, ha organizado jornadas en el campo en las que combina formación emocional con toreo de salón, con la idea de acercar el mundo del toro a todo tipo de personas y enseñar sus valores.

¿Y cómo se puede gestionar además jugándose la vida uno? Decía Belmonte que hablaba con el miedo, se enfadaba con él, le plantaba cara. Como lo recordaba Juncal, antes de recitar todos sus sinónimos de memoria (-«temor, recelo, rescoldo,..»-). Ese «cangui o canguelo», claro, siempre está ahí. «A nivel biológico, se manifiesta igual en todos: pensamientos que bombardean, presión en el pecho, angustia». Su trabajo consiste en acompañar al torero desde ese miedo hacia la confianza, pero antes hay un paso intermedio: «Primero hay que llevar a la persona a la calma, con la respiración, con la atención, con lo que se dice a sí misma. Sólo desde ahí se puede llegar a la confianza».

Esa confianza no aparece sola: se genera con pensamientos, con el cuerpo. «Del miedo pasamos a la calma, de la calma a la confianza, y de ahí a la motivación y al disfrute». Porque cuando un torero está pendiente del resultado -del triunfo o del fracaso- entra la presión, y bajo presión no se da lo mejor. «El objetivo es que llegue al hotel con la tranquilidad de haber dado lo mejor de sí mismo», resume Portal.

Él mismo lo ha vivido. Sabe que el toreo está muy ligado al estado de ánimo y a la sensibilidad: «Mi forma de expresar el toreo era desde el sentir. Dependía mucho de cómo me encontraba. Pero este trabajo te permite conocerte tanto que ya no eres tan dependiente del estado de ánimo». Por ello, sabe lo que viven y sienten los toreros que confían en él, y ayuda, porque ha pasado por eso: «Cuando empecé, no pensé que los toreros lo fueran a decir tan abiertamente, pero el hecho de ser también matador ayuda mucho. Empatizo rápido porque sé lo que están sintiendo».

Poco a poco, la sociedad se va dando cuenta de la importancia de la salud mental. Y también el la Fiesta, en la que hay que tener en cuenta que el torero es una persona que se sobrepone a muchísimas circunstancias muy extremas. Pero, en todos los ámbitos, se está reconociendo la importancia de trabajarlo.

Publicado en ABC


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