En el último año, las empresas han abierto la puerta como pocas veces a los toreros mexicanos. Han estado en carteles de responsabilidad, han alternado con figuras extranjeras, han repetido tras triunfos y han tenido encierros de garantía.
Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA
La realidad, por incómoda que resulte, ya es imposible de maquillar: los toreros mexicanos en la actualidad siguen sin mover con fuerza las taquillas, aun cuando algunos de ellos atraviesan por momentos importantes o acumulan números que en otro tiempo habrían significado un impulso decisivo en popularidad. Ahí están las orejas cortadas, las puertas grandes y las tardes de mérito; ahí están también las oportunidades concedidas por empresas que este año han intentado apostar por lo local. Sin embargo, los resultados económicos continúan siendo fríos y distantes. ¿Por qué el triunfo en el ruedo no se traduce en interés en los tendidos?
En el último año, las empresas han abierto la puerta como pocas veces a los toreros mexicanos jóvenes y veteranos. Han estado en carteles de responsabilidad, han alternado con figuras extranjeras, han repetido tras triunfos, han tenido encierros de garantía. Sin embargo, esa apertura no se ha traducido en lo que más necesita la industria: boletos vendidos, filas en las taquillas y un interés real del público por verlos torear. El contraste es brutal: los triunfos están ahí, pero el arrastre sigue sin aparecer.
Las oportunidades les han llegado a casi todos los qué funcionan, sí. Pero no basta con torear y cortar orejas. Hace falta presencia, personalidad pública, inteligencia mediática, constancia y una narrativa que eleve al torero más allá del ruedo. Mientras ese ejercicio no se realice, las empresas podrán seguir programándolos… pero los tendidos continuarán mostrando huecos. En el toreo mexicano hay talento e incluso algunos tienen argumentos para destacar internacionalmente, pero la mayoría siguen sin tener ese “algo” que convierte a un buen torero en una figura del toreo capaz de mover masas.
La pregunta, inevitable en este punto es: ¿cuándo llegará ese torero mexicano que además de triunfar, logre convocar público? Porque oportunidades han habido muchas, quizá como nunca en los últimos años. Lo que aún no aparece es el torero que transforme esos triunfos en taquilla.
Lecciones de toreo puro
Por el “Nuevo Progreso” de Guadalajara han pasado este año muchos toreros, de todas las hechuras, de todos los gustos y de todos los colores, pero el toreo lo ha hecho Juan Ortega.
Debieron cruzarse Saturno con Marte y quizá un apunte de aurora boreal, pero el caso es que el milagro se produjo. Y Juan Ortega construyó la faena cumbre que el público de Guadalajara venía esperando y habían soñado algunas tardes atrás, cuando el sevillano, en otras apariciones había señalado apuntes de su sentimiento. Y ayer por fin se las entregó.

Ortega se dobló con su primero de Los Encinos con una naturalidad antigua, de esas que no se ensayan mucho, sino que se sienten. Cimbreaba la cintura para dibujar, casi en susurro, la pincelada del derechazo; luego embarcaba al natural con una suavidad que parecía de terciopelo. El ayudado que marcaba el compás y el pase de pecho, largo y rotundo, una amalgama perfecta de hondura y arte. Hubo un trincherazo limpio y clásico. Pases de la firma. El flamear escarlata en el cambio de mano que incendió la plaza. Y allí seguía el toro, regresando una y otra vez al engaño, atrapado en los vuelos, hipnotizado por el compás, mientras los relojes en Guadalajara se detenían con el toreo de Juan Ortega.
El balance numérico al final fue de solo una oreja, pero lo plasmado en el ruedo por el sevillano vale más que cualquier trofeo. Ahí quedó eso para quien quiera entender y aprender.
Bruno Aloi, sin suerte en su alternativa
Bruno Aloi se presentó en la Monumental de Aguascalientes con la ilusión a tope y la responsabilidad enorme de convertirse en matador de toros en una de las plazas más significativas de México. Pero la suerte, caprichosa, no quiso acompañarlo en el día más importante de su carrera. Dos toros sin opciones, ásperos y a la defensiva, le negaron la posibilidad de triunfar y de mostrar el toreo que ha venido construyendo en los últimos años.

Pese a la adversidad, Aloi mantuvo la firmeza y el publico, que lo esperaba con un ambiente favorable, reconoció su actitud y su entrega, aunque la tarde no permitiera mucho más.
Ya vendrán más tardes de triunfo; porque cuando un torero tiene un misterio que decir, como en el caso de Aloi, la fortuna termina por abrirle la puerta que el pasado sábado le negó en Aguascalientes.
Roca Rey emociona y convoca
Andrés Roca Rey regresó a México con la seriedad y el compromiso que debe tener una figura del toreo de su nivel. Tras tres actuaciones (Irapuato, Monterrey y Aguascalientes) quedó claro que sigue siendo un imán la taquilla, ya que las tres plazas registraron mejores entradas que en otras ocasiones, con lo que se confirmó que aún mantiene en nuestro país el título del torero exitoso en la taquilla. Sin embargo ninguna de la plazas se acercaron al lleno o al casi lleno y eso debe de empezar a preocupar a las empresas y al propio matador peruano.

En cuanto al nivel mostrado por Roca Rey en sus últimas actuaciones, hay que subrayar que volvió a exhibir ese mando intratable que lo distingue, sustentado en un valor a toda prueba y en una capacidad de imponerse a los ritmos y a las cualidades de cada toro. Su paso reciente por los ruedos mexicanos confirma, una vez más, que atraviesa por un momento importante de madurez y determinación.
Su próxima actuación será el domingo 30 de noviembre en el Nuevo Progreso de Guadalajara, alternando con Octavio García “El Payo” y Arturo Gilio con un encierro de Peñalba.
Es lo que digo yo.






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