El triunfo de Roca Rey maquilla -un poco- el tropiezo ganadero de Peñalba en Guadalajara.

Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.

La undécima corrida de la Temporada Grande 2025 en el Nuevo Progreso dejó una sensación muy particular, de esas tardes donde, aun con la presentación del encierro y las evidentes limitaciones de los de Peñalba, la afición tapatía decidió poner de su parte para que la emoción no se esfumara del todo de la plaza. Desde antes del paseíllo, el ambiente ya dejaba entrever que el público venía con ganas de ver torear y de triunfos, lo que imprimió un tono menos rigorista y más permisivo a un festejo que, por momentos, se sostuvo más por la entrega de los toreros y en la disposición de los tendidos que en las condiciones del ganado.

La ganadería de Peñalba envió un encierro de presencia desigual y de fuerza muy medida, que nunca terminó de romper, pero un sector del público de Guadalajara, quiso buscar la luz en un festejo que apenas ofreció destellos. Y esos destellos llegaron de la mano de Andrés Roca Rey, quien volvió a dejar claro por qué su nombre aún convoca público, aunque la entrada registrada ayer fue menor que la de su comparecencia el pasado mes de febrero.

Con su primero (bis), un toro del hierro titular que sustituyó a un astado inválido, el peruano se impuso con ese carácter que ha ido madurando temporada tras temporada, toreando con largura y convicción en cada muletazo. La faena conectó con el tendido y una oreja hubiera sido un premio de ley, sin embargo el juez Alfredo Sahagún, quizá entusiasmado por la reacción del público o por su relación personal con el propio Roca Rey y su círculo más cercano en Guadalajara, le otorgó dos orejas que generaron una fuerte división en la plaza. Roca Rey, muy listo, entendió el mensaje y dio la vuelta al ruedo sin los trofeos, comprendiendo que era mejor quedarse con la emoción y no con la polémica.

Su segundo toro no dio para mucho: falto de raza y viniéndose a menos desde el inicio, apenas permitió algunos intentos del torero peruano por encauzar la faena. La estocada defectuosa apagó la ilusión de algo más y llegaron algunos pitos para finalizar una tarde contrastante, polémica y hasta cierto punto preocupante para el torero peruano, que parece haber perdido el imán taquillero que le caracterizaba en México y la confianza de un público que cada vez se muestra más escéptico en cuanto al ganado que está lidiando.

Le queda todavía una tarde en León Guanajuato el próximo 12 de diciembre, vamos a ver si ahí arregla la papeleta.

En medio de una tarde que no terminaba de cuajar, Arturo Gilio aportó algunos momentos refrescantes al festejo. Toreó con temple al tercero, con una suavidad que contrastó con la falta de transmisión del toro, y logró pasajes de auténtico buen toreo que el público supo reconocer. La espada lo dejó sin premio.

Con su segundo volvió a mostrar actitud, voluntad y esa personalidad que comienza a asomar con claridad, pero no pudo redondear la tarde con un triunfo, debido a las malas condiciones del astado de Peñalba.

Una vez más Octavio García “El Payo” no tuvo su tarde en Guadalajara. El primero se le fue alargando hasta provocar un aviso en el descabello, y con su segundo, que tuvo pocas posibilidades, la faena nunca encontró cauce a pesar de algunos detalles pintureros. Hubo pitos, pero más por la frustración acumulada en los tendidos, que por algo directamente imputable al Payo.

La nota roja del festejo la dio la ganadería de Peñalba que firmó en Guadalajara una auténtica ruina ganadera, enviando un encierro débil, descastado y con poca presencia que jamás estuvo a la altura de la categoría del Nuevo Progreso. Toros sin fuerza, sin fondo y sin raza en líneas generales que frustraron cualquier posibilidad de lucimiento real.

Al final, el público abandonó la plaza con un aire de resignación y cierta frustración. No fue la tarde soñada aún con una tibia e inmerecida salida a hombros de Roca Rey, pero la afición puso mucho corazón, quizás demasiado para justificar el costo de sus entradas.

Resumen del festejo

Guadalajara, Plaza Nuevo Progreso. Undécima corrida de la Temporada Grande 2025. Menos de media plaza. Toros de Peñalba, de presencia desigual y justos de fuerza; mansos y sin fondo en general, aunque alguno permitió ciertos pasajes como el segundo (bis) y el tercero.

Octavio García “El Payo”: aviso con el primero y leves pitos con el segundo.

Andrés Roca Rey: vuelta al ruedo sin trofeos en su primero tras la concesión polémica de dos orejas del juez de plaza; leves pitos con el segundo.

Arturo Gilio: Palmas en ambos, destacando su primera faena por temple y firmeza.


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