Es lo que digo yo: Carta abierta, intereses cruzados y una pregunta incómoda.

Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.

La carta dirigida a Andrés Roca Rey y a su apoderado Luis Manuel Lozano, firmada por José Ortiz titular de la cuenta ONG Cultural Joselito “El Gallo”, llega en un momento en el que la industria taurina atraviesa un punto de tensión silenciosa pero evidente. No es un panfleto, tampoco un ataque frontal: es un aviso que, más allá de sus formas, revela una preocupación compartida por muchos empresarios y aficionados.

El fondo del mensaje se resume en un hecho: la escalada de honorarios que rodea al torero más taquillero del momento. Una realidad que, si bien responde a su extraordinario tirón en taquilla en España, no deja de generar efectos colaterales difíciles de asumir para el resto del ecosistema taurino.

Un diagnóstico que no se puede ignorar

La misiva recuerda algo que en los despachos taurinos se comenta desde hace meses:

• En 2024 ya hubo un incremento notable en el precio del torero.
• Para 2025, según los pasillos, se habla de un 20% al 50% más sobre lo ya incrementado.

En números fríos, eso coloca a cualquier feria ante una ecuación delicada: pagar cifras históricas —y a veces desproporcionadas— a una sola figura o arriesgar el cartel y la taquilla. Ortiz lo expresa como una advertencia: las ferias pueden romper su equilibrio financiero y terminar repercutiendo ese costo en el resto de los actuantes… o directamente en el aficionado, que ya forzado está por los precios actuales.

La afición como moneda de intercambio

El texto acierta al poner el foco donde duele: La tauromaquia vive de quien pasa por taquilla. Y si al aficionado se le estira la liga una vez más, el sistema entero vuelve a tensarse. No es nuevo: lo mismo ocurrió en ciclos de crisis anteriores, donde algunas figuras entendieron que la grandeza no solo se medía en puertas grandes, sino también en gestos de altura cuando era necesario.

El recordatorio a la actitud de muchas figuras durante la pandemia —toreando donde fuera, por lo que hubiera— no es casual. Es un contraste histórico que subraya lo que muchos perciben hoy: la fiesta necesita compromiso y el retiro temporal de Morante parece que ha maximizado las pretensiones de la administración de Roca Rey, que sabe perfectamente que las empresas no tienen muchas opciones para rematar sus ferias sin él y tratarán de sacar ventaja de esta situación.

El fondo del toreo actual

La frase que Ortiz señala como crítica —“o tragas, o fracasas”— no es literal, pero sí describe un clima real. Cuando una figura condiciona la estructura económica de una feria, su liderazgo se convierte en palanca de presión. Y ahí aparece el punto neurálgico:

¿Una figura máxima del toreo debe imponer sus condiciones sin medir consecuencias, o debe entenderse como un actor central responsable del equilibrio de la industria?

Roca Rey es, hoy, la locomotora de la industria, pero su tirón ya no es el de antes como hemos podido ver en sus últimas comparecencias en México, en donde no ha conseguido llenar una sola plaza. Sin embargo con Morante en el retiro, nadie reúne su tirón ni su capacidad para movilizar taquillas en plazas grandes y medianas.

La pregunta —la verdadera— es esta: ¿Pueden las empresas permitirse una figura al parecer desconectada del momento económico de la industria?

La carta de Ortiz no va contra Roca Rey; va dirigida a una situación estructural que, si se deja crecer, puede acabar rompiendo más de lo que arregla. El toreo necesita figuras que aporten y justifiquen sus honorarios, pero sin que encarezcan el precio de las entradas al punto de expulsar al aficionado.

Con respeto, sí. Pero con firmeza. Y desde este portal, lo suscribimos: La verdadera dimensión de una figura se mide tanto por sus faenas como por su sentido de la responsabilidad en momentos claves para la tauromaquia.

Es lo que digo yo.


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