David Galván, más que puerta grande: el triunfador de la primera corrida de la Temporada Taurina de Manizales.

Por Víctor Diusabá Rojas.

El torero español David Galván en la vuelta al ruedo con las dos orejas cortadas al toro Tejedor de la ganadería de Mondoñedo, con el representativo collar de café.

En el largo paréntesis que hubo entre la nobleza del primero y la movilidad del sexto de Mondoñedo, pasaron muchas cosas que, de alguna manera, hicieron vivible esta primera de abono de la 71 Feria de Manizales.

Comencemos por los grandes protagonistas, los toreros. Todos a una pusieron mucho más que voluntad para sacar adelante una corrida bien presentada a la que infortunadamente, en momentos definitivos, le faltó remate para trascender.

Por eso mismo, porque los toros no ayudaron lo suficiente, hubo que resolver. Y el encargado en hacerlo de la mejor manera fue David Galván en ese cuarto de la tarde que se paró a mirar y a sacar dificultades. El de Cádiz no se arredró y puso en marcha, aparte del valor, el oficio que le han dado las tardes de una temporada intensa como lo fue la del año pasado en ruedos de España. Así pudo llegar a buen puerto lo que quizá hubiera podido terminar de manera dolorosa.

Por, con firmeza, el torero español se hizo al control de la situación hasta poner a la gente de su lado. La espada le trajo el resto de la recompensa, esa puerta grande que lo mantiene ligado a una Feria con la que, desde que vino por primera vez, tiene una relación especial. Es este Galván un torero más asentado y maduro que aquel que vino por primera vez hace un tiempo. Ahora, al lado del artista parece emerger el lidiador, camino largo de recorrer.

Pero de Galván hubo más. En el segundo estuvo muy cerca de conseguir los trofeos con un toro que, por breves momentos, se acordó de ir a la muleta con embestidas francas. Ya en el sexto, las teclas a tocar fueron otras, las de acompañar viajes sin mucha calidad de un toro cada vez venido a menos.

Manuel Libardo también supo plantear una ruta para alcanzar el éxito. Porque si bien el de abrir la Feria, y la tarde, era una monja de la caridad, no había derecho a equivocarse tanto en el planteamiento como en las formas. El de Ubaté no lo apuró sino que hizo de cada suerte un mimo hasta hacer que el toro se entregara y permitiera esas series ligadas y templadas en las que asomó el buen gusto.

Por supuesto faltó algo, emoción, pero el toro no la tenía, así que bienvenida la belleza. Aquí también, y en diferente medida a lo que sucedió con Galván, se vieron los efectos de años y años en actividad, casi todo en provincia, donde se aprende mucho, sin muchos ecos.

Juan Sebastián Hernández también puso sus carnes al servicio de la causa. Y pagó caro por ello, con ese percance que terminó poniéndolo en manos de la enfermería. Antes de que eso sucediese, siempre estuvo por encima del toro, buscando lo que no parecía haber, sin ceder en el empeño de sacar dividendos de esta nueva oportunidad.

La tarde dejo además el sentido homenaje, de la terna y de la gente, a un valiente llamado Ricardo Santana, que es torero y lo seguirá siendo por siempre.

Ficha de la corrida

Toros de Mondoñedo. Bien presentados y desiguales de comportamiento.

Manuel Libardo – Blanco y azabache: Oreja, silencio y palmas.

David Galván – Soraya y oro: Silencio tras dos avisos, dos orejas y silencio.

Juan Sebastián Hernández – Azabache y oro: Herido por asta de toro en el tercero, pasó a la enfermería.

Detalles: más de tres cuartos de entrada en tarde gris

Publicado en La Patria


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