Héctor Gutiérrez salva la tarde en una Guadalajara a la deriva.

Por Luis Ernesto Carvajal.

Primera corrida de la temporada 2026 de la Plaza de Toros Nuevo Progreso. Menos de media plaza. Se lidiaron cinco toros de la ganadería Teófilo Gómez y uno de Puerta del Cielo. Un encierro desigual, sin trapío, mansos y débiles en general.

La decadencia que atraviesa la Nuevo Progreso es más que evidente. Dicha decadencia viene de arriba hacia abajo, desde el palco de la autoridad, hasta el público que hoy ocupa los tendidos y terminando por la ausencia del toro bravo y con trapío que caracterizaba a Guadalajara.

Abría cartel el tlaxcalteca Sergio Flores, el primero de su lote fue un remiendo de Puerta del Cielo que fue pitado desde salida. Aquel torito poco a poco fue mostrando fuelle y calidad en su embestida por ambos pitones. El toro era agradecido cuando se le plantaba con mando la muleta, sin embargo, Flores no lo vio o no lo quiso ver, siempre con prudente distancia y sin ajustarse. Los gritos de “toro, toro” no se hicieron esperar y se puso pesado con el acero hasta lograr matarlo al tercer intento.

Con el segundo de su lote la historia no fue muy diferente. Un toro débil pero sin malas ideas que pedía distancia y firmeza. A la segunda tanda comenzó a quedarse corto y Flores pudo ejecutar algunas tandas cortas metiéndose en sus terrenos y alborotando al público ocasional. A pesar de su aparente docilidad, cuando vio luz le pegó un fuerte levantón sin consecuencias mayores. Concluyó su labor entre dosantinas y bernardinas muy coreadas. Pinchó al primer intento y al segundo viaje dejó una estocada entera aunque desprendida de efectos inmediatos. Benévola fue la oreja que le otorgó el juez Alfredo Sahagún, que pasa por un fatídico momento aprobando encierros indignos y regalando premios a diestra y siniestra.

La presencia de Juan Ortega venía cargada de ilusiones. La afición tapatía le tributo una fuerte ovación tras el paseíllo; sin embargo, las ilusiones pronto se esfumaron por el infumable encierro que eligió su administración y la empresa del Nuevo Progreso. Con gran entrega recibió a su primero de hinojos con un bonito farol y ejecutó verónicas flexionando la rodilla con gran torería que firmó con un par de medias verónicas.

No pudimos ver más porque, al igual que un par de tardes anteriores, despitorraron a su burel al hacerlo estrellarse en el burladero. Ortega no tuvo más opción que abreviar. Vaya nivelito que tiene nuestra baraja de subalternos nacionales.

Con el segundo de su lote apenas pudimos ver destellos de la torería del trianero. Lo recibió por chicuelinas y un par de lances a pies juntos. Con la muleta instrumentó un precioso inicio de faena por vitolinas y un par de trincherazos de ensueño. El de Teófilo Gómez no tardó en mostrar debilidad y falta de casta. Intentó por ambas manos sin conseguir una embestida que emocionara al tendido. Optó por abreviar, no sin antes ejecutar un precioso toreo de aliño que nos remontó a otras épocas. No anduvo fino con la espada.

El hidrocálido Héctor Gutiérrez es un torero que gusta a la afición de Guadalajara y le espera con cariño; sin embargo, al igual que sus alternantes se estrelló con un encierro indigno y descafeinado. Al primero de su lote le pudo instrumentar algunas verónicas con ritmo y mando, aunque el toro no mostraba gran calidad en sus embestidas.

Sin moverse un centímetro comenzó su faena toreando por alto, para posteriormente llevar al burel a los medios con parsimonía. Toda la faena tuvo que ser a media altura por la debilidad del astado y, aunque aguantó las medias embestidas, no hubo emotividad en la faena. Nuevamente mostró fallos con el acero y pinchó hasta en tres ocasiones, además de ponerse pesado con el descabello.

Con el cierra plaza le pegó una larga de rodillas pegado a tablas y, aunque intentó, no pudo hacerse de él por lo abanto y distraído del animal. Destacaron unas ajustadas saltilleras que pusieron a todos al borde del asiento. Disposición total del hidrocálido en una faena que, a pesar de su aguante, no trascendió por la falta de fuerza del astado y sus constantes caídas a la arena.

Lo más rescatable de su actuación fue verlo de nuevo matar como Dios manda, pegando un estocadón en buen sitio que le valió para cortar una oreja; inteligentemente para evitar una división en él tendido, optó por regalarla al público y dar la vuelta sin ella pero llevándose el reconocimiento de la afición.

Hace muchos años que la ganadería Teófilo Gómez parece no tener rumbo y duele ver que Guadalajara parece estar también perdiéndolo. Ojalá que la empresa y los administradores rectifiquen el camino con los encierros reseñados para los próximos festejos y no permitan que el prestigio de la Nuevo Progreso se desmorone por completo.

Para el próximo domingo 1° de febrero se anuncia al rejoneador español Guillermo Hermoso de Mendoza y a pie El Calita, Diego San Román y Marco Pérez con un encierro de Villa Carmela y Campo Real.


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