En la Plaza “La Luz” de León se vivió una novillada partida en dos: el triunfo claro de Jairo López y la frustración reiterada con el acero por parte de Miriam Cabas, cuya falta de contundencia con la espada terminó por diluir su presentación en León.
Con un cuarto de entrada en el séptimo festejo de Feria, se lidiaron novillos de Santa Cruz de Xarama, de juego variado y correcta presencia, destacando el quinto, premiado con el arrastre lento.
La tarde se tensó pronto con Andrés Origel que fue herido al lidiar el primero de su lote. Al ingresar a la enfermería se le diagnosticó una cornada extensa en la pierna derecha, quedando a la espera del parte médico oficial. No pudo continuar.

Jairo López asumió entonces la responsabilidad. Mató el novillo de Origel con el que cumplió, pero después se asentó con firmeza para cortar una oreja a cada uno de su lote, convirtiéndose en el triunfador del festejo y saliendo fortalecido en una tarde que exigía firmeza y carácter.

Muy distinto fue el balance de la novillera Miriam Cabas que aunque demostró disposición, actitud y buenas maneras frente a sus novillos, volvió a tropezar con la misma piedra de siempre: la espada. Tres avisos en su primero, aviso en el segundo y dos avisos más en el que mató por Origel. La reiterada ineficacia con el acero terminó por sepultar cualquier opción de premio y dejó en evidencia una preocupante falta de recursos en la suerte suprema.
En el toreo, sin espada no hay triunfo, y ese problema de la novillera española empieza ya a convertirse en un lastre, por más que su apoderada Tomasina pida que le indulten todos sus novillos.

De esta manera en “La Luz” vivimos dos caras del toreo: la del novillero humilde que aprovecha la oportunidad y la novillera que, pese a la entrega y su gran “aparato de mercadotecnia” que le respalda, sigue sin resolver sus actuaciones con la espada.
Por JC. Valadez.
Fotos: EMSA.
Parte Médico:






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