Indignación en Valencia: La seriedad se hunde… y la afición empuja.

No se alzan voces para sancionar a quienes manipulan el toro; en cambio, sí se castiga con severidad a quienes, desde el palco, niegan premios sin mérito. La paradoja no solo es evidente: resulta profundamente indignante.

Por Luis CuestaDe SOL y SOMBRA.

La Federación Taurina de Valencia ha hecho público un comunicado en el que expresa su frontal rechazo al proceder de las presidencias de la plaza de toros de Valencia. El texto denuncia abiertamente actuaciones que consideran contrarias al reglamento taurino vigente, señalando un deterioro preocupante en la credibilidad institucional del coso.

El detonante ha sido lo ocurrido en la corrida de ayer, donde —según el propio comunicado— la presidenta Pilar Bojó terminó por colmar la paciencia de la afición con una actuación calificada de arbitraria, particularmente en lo relativo a la negativa de trofeos al diestro Tomás Rufo.

La Federación no se limita a la crítica: advierte que el desprestigio de la plaza ha alcanzado un punto límite y exige medidas concretas contra quienes, desde la autoridad, están comprometiendo el rigor reglamentario y la justicia en la concesión de premios.

De verdad cuesta entender la posición de la Federación Taurina de Valencia. Resulta desconcertante —por no decir revelador— que su principal preocupación sea el supuesto “desprestigio” de la plaza por la no concesión de premios, como si la seriedad de un coso se midiera por la generosidad del palco y no por el rigor con el que se aplica el reglamento.

Porque ahí está el fondo del asunto: confundir justicia con complacencia. Pretender que una plaza recupere categoría regalando orejas es, sencillamente, aceptar la mediocridad como norma.

Tras leer el comunicado, más que aclararse las cosas, se entiende mejor por qué la plaza de Valencia ha ido perdiendo peso, credibilidad y respeto año con año. No es el rigor lo que la hunde, sino precisamente la falta de él en demasiadas ocasiones… y ahora, para colmo, se cuestiona cuando aparece.

Que una parte de la afición —o quienes dicen representarla— reclame premios en lugar de exigir integridad, dice mucho. Y no precisamente bueno.


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