Escuela de Salamanca: Una crisis sin resolver.

Por Paco Cañamero.

Casi a finales de marzo, entrada la primavera, con la temporada ya a velocidad de crucero y la Escuela de Tauromaquia de la Diputación Provincial de Salamanca continúa cerrada en una de las páginas de mayor oscurantismo que ha vivido el toreo charro. Sigue sin comenzar el curso a pensar de haberse aprobado el necesario protocolo antiacoso. Mientras tanto, decenas de chavales esperan ilusionados una definitiva solución para comenzar o seguir el sueño de su carrera taurina, pero sin que hayan sido capaz de darle una respuesta clara. Ni saber qué camino tomar cuando le prometieron que una vez aprobado el protocolo abriría sus puertas. Se aprobó en pleno y nadie ofrece una información oficial ante esta triste polémica que ha envuelto a un centro rodeado del mayor prestigio. Una mancha que ha quedado impregnada en un centro modélico en formación y avalado por unos magníficos resultados. 

Resulta inconcebible que a estas alturas hayan sido incapaces de buscar una solución. Y lo peor de todo, algo que ya es tónica general en este país, nadie dimite cuando hace ya varios meses que, ante tal descomunal escándalo, el diputado encargado Jesús María Ortiz debió marcharse y hacerse cargo de ese puesto una persona más capacitada, que las hay. Ortiz solamente vio en el cargo la ostentación de salir en las fotos -algo que le encanta-; la petulancia de ser agasajado con algún brindis -momento que lo ensancha-, recoger trofeos de la escuela -siempre con una fotógrafo de prensa-, ir al callejón -situación que lo llena de felicidad-…, sin contar las meteduras de pata cada vez que habla en algún acto público, por su claro desconocimiento de lo que es la Tauromaquia. Por eso, ante su incapacidad para afrontar el grave problema, debió marcharse al ser la Escuela de Tauromaquia algo muy serio y no el cortijo privado de nadie.

Sin que nadie sea capaz de encontrar la solución, decenas de Ayuntamientos que necesitan ya programar sus fiestas no saben a qué puerta llamar para saber si podrán contar con la celebración de una clases práctica en sus fiestas. Con las partidas de dinero presupuestadas algunos han decidido no hacer nada y poner en lugar del tradicional festejo taurino una orquesta, con lo cual se pierden festejos y seguramente la tradición, mientras que otros ya empiezan a tomar caminos diferentes y llaman a empresarios para que organicen novilladas o festivales. Por lo tanto, con enorme pena, es fácil comprobar la tremenda cicatriz que está produciendo esta situación

Hoy, los chavales que quieren ser toreros han visto frenados sus proyectos sin que nadie sea capaz de decirle nada concreto ante el inmediato futuro. Y lo más triste, todo discurre en medio del oscurantismo, que es lo peor que puede ocurrir. Porque en un caso de esta envergadura hay que coger al toro por los cuernos e ir de frente para atajarlo, todos a una, ayudados también por los colectivos taurinos que deben involucrarse para acabar con esa crisis, como los diferentes colectivos ganaderos, de profesionales, de aficionados… y dejando a un lado este oscurantismo que no hacer más que enfangar aún más el problema.

Además, la oposición cuando ha preguntado por el asunto en algún pleno y podía haber puesto remedios en la mesa hizo el más espantoso de los ridículos en boca de Fernando Rubio, el portavoz del Grupo Socialista de la Diputación Provincial, complemente perdido y viéndose de largo que era desconocedor total del problema cuando tuvieron, en la mano, la oportunidad de oro para haber recuperado una Escuela de Tauromaquia de Salamanca. Una escuela de la que ignoran su historia y que fue fundada por el socialista Juan José Melero Marcos, con el diputado Tomás Sánchez Borrego al frente. Pero claro, aquellos señores además de íntegros eran taurinos y gente seria preocupada por engrandecer la provincia y realzar sus valores; al igual que después hubo otra gente -José María Montero, José Yáñez, la presidenta Isabel Jiménez…-, que desde los despachos la defendieron y engrandecieron para que alcanzase esos altos techos. Todo iba en el camino correcto y abrazada al prestigio hasta la llegada del diputado Eloy García Sánchez, de tan triste recuerdo, quien le hizo un inmenso daño hizo sucediéndose los ridículos, especialmente cuando se aficionó tanto a hablar en público de algo que desconocía, pero al final la Escuela salió adelante por el magnífico staff que la había convertido en un símbolo de la Tauromaquia y el ejemplo de estos centros.

Por eso es necesaria que alguien ponga cordura, haya luz que acaba con el oscurantismo para volver a abrir las puertas, porque la Escuela de Tauromaquia ha sido un centro modélico en su larga andadura y no el cortijo privado de nadie.

Publicado en Glorieta Digital


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