Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.
Conviene decirlo sin rodeos: hacen falta más novilladas.
Los últimos festejos del Serial de Aguascalientes en la Plaza “San Marcos” lo han vuelto a demostrar. Cuando hay materia prima y voluntad, las novilladas no solo sostiene el interés del espectáculo, sino que en muchos casos lo supera en emoción y verdad. Hay equilibrio, hay tensión y, sobre todo, hay autenticidad.
Las novilladas no son un complemento ni un trámite menor dentro de la tauromaquia: son su cimiento. Ahí se forma el torero de verdad, ese que aprende a base de equivocarse y que resuelve la papeleta en ocasiones más por instinto que por oficio. En ese territorio todavía áspero, es donde se mide la autenticidad. Las novilladas exponen a los jóvenes en estado puro, sin maquillaje, obligándolos a construir su concepto desde la base: colocación, temple, valor y cabeza. Sin ese proceso, no hay evolución posible ni habrá un relevo sólido en el escalafón superior en los próximos años.
Porque sin novilleros no hay futuro. Es una ecuación básica.
Si no se invierte en la base, el sistema se vacía. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo. Cada vez menos oportunidades, menos festejos menores, menos rodaje. Se pretende sostener la cima sin cuidar el origen. Un error estructural.
Las empresas tienen una responsabilidad que no pueden seguir eludiendo. Organizar novilladas no es un gesto romántico: es una obligación estratégica. Aunque suponga ajustar las cuentas a corto plazo. Porque el negocio inmediato no puede hipotecar la continuidad de la fiesta en México.
Hace falta también orden. Reducir la inflación de nombres con varios años de alternativa en el escalafón superior y devolverle el protagonismo al toro. Y, en paralelo, abrirle paso a las nuevas generaciones con oportunidades reales, no solo testimoniales, repitiéndoles las veces que sea necesario.
Y hay un punto clave que se está descuidando: la enseñanza. Sin maestros, no hay transmisión. Sin transmisión, no hay evolución. Las pocas escuelas o academias taurinas que aún operan necesitan más estructura, apoyo y contenido.
Lamentablemente el sector lleva años sin tomar decisiones de fondo. Empresarios, asociaciones y mesas de diálogo han servido más para administrar inercias que para corregirlas. No hay una verdadera unión en el sector. Y mientras tanto, el modelo se desgasta.
Las grandes ferias ya no siguen funcionando como antes. Eso es evidente, ahí está el caso de Texcoco por ejemplo. Pero el problema no es ese. El problema de algunos empresarios es olvidar que el negocio depende de que la tauromaquia siga teniendo sentido mañana.
Y hoy, ese mañana pasa, necesariamente, por volver a mirar hacia abajo.
Más novilladas. O menos futuro.
Es lo que digo yo.





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