Morante desata la locura con su vuelta sin haberse ido: el viejo Rey de España viaja a ver al reaparecido Rey de los toreros.

Expectación de máximo acontecimiento en la Maestranza, junto a Roca Rey y David de Miranda, en el estreno de la nueva era de Garzón; agotó las entradas para sus cuatro tardes en 72 horas.

Por Zabala de la Serna.

Sevilla espera el Domingo de Resurrección de Morante con el pulso bajo del final de la agotadora Semana Santa y la expectación disparada por la reaparición del maestro de la Puebla, que vuelve sin haberse ido. Regresa el Rey de los toreros con una fuerza atronadora: en 72 horas acabó las entradas para sus cuatro comparecencias en Sevilla. Desde este Domingo de reaparición al Corpus Christi, pasando por las dos tardes de feria. Y, para esta primera ocasión, convertida en máximo acontecimiento del toreo, viaja a Sevilla el viejo Rey de España, Don Juan Carlos I, según adelantaba Mundotoro. El Mocarca Emérito verá la corrida con sus hijas y alguno de sus nietos, tal y como ha podido saber este diario.

Existe una verdadera locura por asistir a la corrida de esta tarde con una nostalgia que viene de antes. Cuando EL MUNDO adelantó en primicia su regreso el 21 de enero de 2026, la sacudida ya crujió el panorama taurino, que se presentaba desolador, como un terremoto. Morante regresaba sin haberse marchado. Cerró cuatro tardes -sin hablar de dinero- con José María Garzón, el nuevo empresario del coso del Baratillo, fiel a la idea de que su vuelta pasaba por cumplir en La Maestranza, con una quinta fecha en San Miguel pendiente de su palabra. Y en principio poco más torearía, cosas puntuales. Pero hubo uno nuevo giro de guion. A quienes piensan que todo pasa por una estrategia les explotará la cabeza: no la hay.

De la noche al día, la agenda del genio cigarrero se agigantó: Jerez, Valladolid, Nimes, El Puerto de Santa María, donde afrontará sus cuatro citas veraniegas, cuatro. La gran cita del verano. Cada nuevo anuncio del torero de La Puebla se celebra como un acontecimiento. La temporada mínima prevista ha terminado convertida en una campaña en toda regla, que incluso incorpora su presencia en San Fermín. Y las corridas que quedan por venir: Aranjuez será de nuevo, con su sabor, otro de los escenarios -el único en la Comunidad de Madrid- por San Fernando, y también Alicante por San Juan. Compartirá en ambos paseíllo con Roca Rey.

Morante había arrasado en 2025 con todo, inalcanzable. Esa temporada histórica contró con un hándicap añadido: lograrlo con una enfermedad psiquiátrica a cuestas, hito a hito. Desde las cuatro antologías de Sevilla a la rendición del bastión de la Monumental de las Ventas en tres apariciones estelares y dos Puertas Grandes, siendo la mejor de las tres la que se quedó sin ella.

Conviene decir cuanto antes que Morante de la Puebla es el que mejor ha toreado de todos los tiempos. El más valiente de los toreros artistas, y el más artista de los toreros valientes, escribió en un ensayo referencial Paco Aguado. Morante es un gallista que se explica por Belmonte. Nadie unió el misterio y el poderío, el arte y el dominio, la belleza esferoidal, un grado de armonía insuperable en una línea continua.

Suma en el último tramo de su trayectoria la épica, la tragedia vital y la escénica, el magisterio total. No interpretó en la temporada 2025 el toreo soñado, no es verdad. Hizo el toreo imposible, y esa manera de torear escapa incluso a los sueños. Es Morante explorando los terrenos de José Tomás, explotando sobre ellos una tauromaquia evolucionada, rica de clasicismo y ventanas históricas. Esencia una evolución de 200 años de tauromaquia y treinta de trayectoria propia hasta un grado inalcanzable de pureza y profundidad. Conviven en él mito y plenitud. Su inesperada despedida en Madrid dejó el toreo huérfano.

Yo fui una de las “viudas de Morante” en el breve tiempo que duró su ausencia. Viajé de la conmoción por la despedida inesperada del último gran torero a la alegría contenida de quien pensaba que no debería haber regresado este año ni precipitado su vuelta. Veía venir la sacudida del antimorantismo canalla y la decepción honesta y entendible de los que vertieron sus lágrimas sinceras el 12 de octubre de 2025 en Madrid. No sólo la entiendo, sino que en parte la comparto. Pero la cuestión se resuelve rápido: la tauromaquia es infinitamente mejor con Morante que sin él. Y Sevilla, cuna del toreo, también. La plaza de la Maestranza espera este Domingo las trompetas de la Resurrección, que suenan como el cerrojazo del portón de cuadrillas, para volver a recibir a José Antonio Morante Camacho, patrimonio de la cultura y de Andalucía.

El personaje de Morante de la Puebla se sitúa a la altura de su toreo en 2025, cuando supera como un tsunami el círculo de fuego del ruedo, lo acontecido en la plaza, para convertirse en una figura popular, un fenómeno de masas, referente para los viejos, que atisban en él lo mejor de los más grandes, ídolo para los jóvenes, que ven lo que nunca vieron: un clásico dinamitando la modernidad.

La ciudad hispalense vive una calma chicha hasta que suenen los clarines en la plaza de la Maestranza, donde se levantará el telón para una nueva era, la etapa de José María Garzón como nuevo gestor del coso del Baratillo. Garzón se estrena con un cartel de máximos: Morante abre una terna que redondean Andrés Roca Rey y David de Miranda. Los toros de Garcigrande pasaron este sábado el reconocimiento, los 10 desembarcados de una sola pasada.

La plaza, en apenas dos meses desde que se conocen los carteles, dados a conocer con una gran gala, ha registrado un incremento del 34,6% en su número de abonados. Esto supone una subida de casi 1.000 abonos (903 exactamente), hasta las 3.600 localidades. Una base sobre la que cimentar el proyecto de futuro, los lances del mañana. Un modo distinto de hacer.

Públicado en El Mundo


Descubre más desde DE SOL Y SOMBRA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Anuncios