Morante: «Está feo que yo lo diga, pero vuelvo porque hago falta»

El maestro de La Puebla regresa hoy a los ruedos en Sevilla tras anunciar su retirada el pasado 12 de octubre en Madrid: «Pedí al cielo que si salía por la Puerta Grande, ahí terminaba todo, y dio la mala suerte o la suerte de que salí»

Por Alberto García Reyes.

—Estamos en una de las cunas históricas del toro. Acaba usted de tentar una becerra de Miura…
—Y me ha dado dos volteretas. La verdad es que es una ganadería a la que le tengo mucho cariño por todo lo que significa. Después sabemos todos que es muy complicado y que aquí el disfrute se queda un poquito más alejado de lo que es la idea romántica. Pero bueno, la verdad es que me siento muy bien aquí con los ganaderos, que son bellísimas personas. Otra cosa ya es el toro, que es una cosa más seria.

—Se le ve en forma y sobre todo con mucha actitud ante uno de los días más importantes de la historia reciente del toreo, que es este Domingo de Resurrección, por todo lo que ha ocurrido en este tiempo, su retirada, su regreso… ¿Cómo llega a Morante?
—Para volver a torear siempre sobran los motivos después de una retirada que para mí no fue tan sorprendente, porque siempre uno se marca el final de temporada como el último, sobre todo ya en estas alturas de mi carrera. Uno pone el esfuerzo en decir «bueno, vamos a echar este año como podamos, vamos a llegar al final». El año pasado fue un año muy triunfal, pero a la vez muy sufrido. Y cuando ya creía que aquel sufrimiento se iba a terminar, pues viene la realidad y es que sigues y te das cuenta de que el toreo es parte fundamental para vivir. Digamos que en la muerte del toro está la vida del torero. Y además las empresas no paraban de llamar. Sevilla sobre todo me tenía mucho en el pensamiento porque era una empresa nueva (Lances de Futuro) que viene a hacer algo importante en Sevilla y yo quería poder ayudarla en la medida de lo posible. Y al final dijimos que sí, así que ya empezamos a poner la maquinaria otra vez a funcionar y una cosa lleva a la otra. Me están llamando los empresarios muchísimo y muchas veces me da mucho apuro decir que no, la verdad es que se presenta una temporada difícil para mí porque el año pasado fue muy exitoso y será difícil estar a la misma altura pero a la vez necesaria.

—Me gustaría volver a aquel 12 de octubre en Las Ventas. Se ha contado que justo antes de arrancarse la coleta usted le dijo a su cuadrilla «ya no puedo más». ¿Qué fue lo que le llevó a eso, lo tenía pensado o fue un arrebato allí mismo?
—Lo primero de todo es que era un día de mucha presión. Por la mañana organizamos el festival de Antoñete y por la tarde la corrida. Sabemos que en Madrid se echa un toro descomunal, muy grande, hoy en día creo que demasiado. Y ante ese miedo, pedí el favor al cielo de que si salía por la Puerta Grande, ahí terminaba todo. Y dio la mala suerte o la suerte de que salí por la Puerta Grande.

—Ocurrió.
—Sí, y entonces me dije que lo prometido es deuda. No se lo dije a nadie. El diálogo interior con otro ser más superior es muy íntimo y muy ligado porque se pasa mucho miedo y también en mí por las circunstancias personales de mi trastorno. Fue así, fue así. Quise terminar a ver si de esa forma podía recobrar un poco la alegría, pero la idea no era buena.

Filosofía

«Me he dado cuenta de que en la muerte del toro está la vida del torero»

—Hay una letra flamenca que dice ‘déjame solo esta tarde/ que tengo que hablar conmigo/ y hasta Dios quiere escucharme’. ¿Ese ser superior es Dios?
—Es eso lo que pasó. Ese ser superior me escuchó, me creyó.

—Lo que pasa que luego le volvió a hablar, ¿no? ¿Por qué ha vuelto?
—Después de terminar todo el tratamiento farmacológico de los antidepresivos y todas esas cosas que qué desagradables son, en un principio creíamos que se podía conseguir algo más, pero, claro, para torear podía mermar las fuerzas. Aquello lo intentamos, pero no se consiguió. Y entonces fue cuando vino José María Garzón con Sevilla, Sevilla, Sevilla, Sevilla. Y yo pensaba: «si yo dejo de torear un año, no toreo más en mi vida». Porque es muy difícil, cuando uno deja de hacer sufrir al cuerpo, el cuerpo se acomoda. Ese es el miedo que me daba. Y digo «venga, vamos a echar un añito más». Siempre un añito más, un añito más… Quién sabe si este será el último o no, pero el añito más es el pensamiento en el que tengo puesto el sentido.

—Hay gente en el mundo del toreo que se ha quedado traspuesta, que no ha entendido lo que ha hecho. ¿No cree que es bueno que lo explique con detalle?
—Sí, sí, ha sucedido así, como se lo he contado. Es verdad que es duro volver a poner otra vez la maquinaria en funcionamiento y que a estas alturas las expectativas son muchísimas. Yo a veces me abrumo escuchando a los aficionados que me adoran y me siguen y se mueren por buscar una entrada para verme, cuando eso produce una presión muy fuerte, pero también es bonito. Formo parte de una sociedad a la que el toreo le influye, le influye en su forma de vivir y en su día a día y eso para mí es una satisfacción.

—Ya tiene todas las entradas vendidas en Sevilla. Nunca mejor dicho lo de Domingo de Resurrección.
—Sí, sí, sí, sí. Además yo soy creyente, me he criado en un pueblo y tampoco he sido asiduo a la iglesia, pero siempre desde niño he tenido un diálogo, una intimidad con Dios que hace que el Domingo de Resurrección sea un día especial.

El cuerpo

«Yo pensaba: “si dejo de torear un año, no toreo más en mi vida”. Cuando uno deja de hacer sufrir al cuerpo, el cuerpo se acomoda»

—Sevilla es el principio de la resurrección de Morante. ¿Qué es Sevilla en el toreo?
—Sevilla es la envidia del toreo porque para ser torero de Sevilla hay que tener una sensibilidad especial. Yo no soy de Sevilla, soy de la Puebla, pero es más o menos el mismo ambiente. No me he criado del todo con la afición de Sevilla, porque económicamente mi padre no podía llevarme tanto a los toros, pero sí he comprobado con el paso del tiempo que Sevilla es algo especial, que hay que torear con el corazón y de una forma muy armoniosa. No es cualquiera el que es torero de Sevilla.

—Hay una expectación muy grande y se ha extendido entre los aficionados la idea de que el que no esté el Domingo de Resurrección en el tendido no es nadie.
—(Risas) Sí, bueno, y también cuando me fui de Madrid, muchos aficionados de Sevilla echaban de menos que no hubiese sido en mi tierra. Ese fue otro de los motivos también de este principio. Pensar solo torear en Sevilla. Lo que pasa es que viene uno, viene otro… Pensaba torear en Sevilla y Ronda, esa era mi intención. Pero la verdad, y está feo que yo lo diga, hago falta. O por lo menos eso es lo que me transmiten los aficionados y los empresarios. Y como me debo a mi público, vamos a hacer este último esfuerzo o por lo menos vamos a pensar en que todo el esfuerzo lo vamos a poner en esta temporada.

Futuro

«Quién sabe si este año será el último o no, pero el añito más es el pensamiento en el que tengo puesto el sentido»

—¿Se encuentra bien, tiene buenas sensaciones delante del toro?
—Sí, aunque siempre hay muchas dudas. Pero yo a mí mismo me las intento quitar. ¿Volveré a ser capaz no de engañarlo, sino de desengañarlo? ¿Podré estar en mi sitio para poderlo desengañar y que vaya despacio para poder triunfar y poder decir lo que siento? ¿Seré capaz, seré capaz, seré capaz? (Suspira) No lo sé.

—¿Qué cree que busca la gente en usted?
—Creo que van a verme torear para ver con sus ojos algo que ya ha soñado.

—¿Usted también sueña lo que luego torea?
—Yo sueño, pero tengo unos sueños malos. Hay siempre una huida, siempre salgo huyendo, voy huyendo, huyendo y no termino nunca de huir.

—¿De qué huye?
—Huyo del toro, huyo siempre de algún peligro. No sé dónde meter el miedo. Es verdad que no lo paso bien.

Morante: memoria, magisterio y fidelidad a un concepto

Morante de la Puebla evoca con emoción la figura de Rafael de Paula, a quien reconoce como una influencia decisiva en su trayectoria, más desde el fondo y la inspiración que desde la imitación. “Lo echo mucho de menos”, confiesa el sevillano, recordando la relación cercana que mantuvieron y las conversaciones constantes sobre el toreo, su concepto y sus matices.

Morante subraya que, aunque intentó aprender todo lo posible del maestro jerezano, siempre lo hizo desde la autenticidad: “He intentado coger todo lo que podía, pero sin llegar a imitarlo”. En ese proceso, destaca el papel de Paula como un torero que no enseñaba de forma convencional, sino que “alimentaba”, aportando sensibilidad, criterio y profundidad a su evolución artística.

El vínculo entre ambos tendrá un nuevo capítulo simbólico en la Feria de Jerez, donde se inaugurará un monumento dedicado al “gitano”, impulsado junto a su familia. Un homenaje que, más allá del bronce, reafirma la huella de Rafael de Paula en la tauromaquia y en la propia concepción del toreo de Morante.

Publicado en ABC


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