Por Luis Carlos Peris.
Estábamos al calor de un acto de esos que merecen mucho la pena. Por el motivo y, sobre todo, por el sitio. Se reconocían los méritos de la temporada de 2025 y allí estaban torero y ganadero premiados por su obra en el bastidor del Baratillo.
Un ganadero emblemático y un torero que se abrió camino a machetazos para ocupar sitio principal en la mesa del toreo. Un acto que se desarrollaba en el escenario ideal para algo como esto, pues se celebraba en el hotel por antonomasia de los toreros, ese Hotel Colón que destila elegancia y confort a partes iguales y en el que el torero se siente como en su propia casa. Y allí se nos venían recuerdos a la memoria de un periodista que iba a la habitación del torero que acababa de triunfar en la Maestranza. Recuerdo a la bella Dewi Sukarno esperando a que Paquirri la recibiera o cómo Curro Romero se escudaba en su fiel cancerbero Antonio Torres para eludir visitas molestas.
Ha pasado mucho tiempo y ahí sigue el hotel de los toreros, como si el tiempo se hubiera parado.
Publicado en El Diario de Sevilla



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