Feria de Abril: ¡Vaya regalo, doña Macarena, vaya regalo!

El palco entrega a Andy Cartagena el premio más codiciado de Sevilla, la Puerta del Príncipe, en una estupenda corrida del Capea, con ritmo y nobleza.

Por Rosario Pérez.

No ha parido madre un rejoneador que iguale a Diego Ventura. En Lisboa nació, pero sus raíces están ya bajo el cielo andaluz. En esa Puebla del Río donde no se sabe qué tendrán sus aguas para que hayan mecido al más grande de los matadores y al más grande de los caballeros. Qué raro, qué vacío se hacía un cartel del arte de Marialva sin quien es diez veces Puerta del Príncipe. Atrás quedaba la polémica de Santander, esa contratación que enredó nombres y firmas mientras Matilla y Valencia trataban de entorpecer el triunfo de Garzón en una de las jugadas más oscuras que se recuerdan en los concursos taurinos. Salió el centauro a dar la cara por el empresario sevillano después de que su propio apoderado quedara salpicado en aquel lodazal.

«¿Dónde está Ventura?», se preguntaba el público, y seguramente con su presencia ese cuarto de entrada que faltaba se habría completado. Pero el dinero levantó un muro hasta convertirlo en ausencia. Él mismo lo explicó sin rodeos en una entrevista en ABC con nuestro compañero Peña: «La única razón es el tema económico. No hay nada más. Yo siempre he sido muy partidario de José María Garzón».

Diego quería recuperar, además, el festejo matinal: otro año será. Pero Sevilla mantuvo su tradicional festejo de rejones, en el que el disfrute del personal se multiplica por tres, con ganas de inundar de orejas el marcador. Que el público viene a divertirse ya se sabe, pero el palco debería mantener el rigor de esta joya llamada Maestranza. ¡Vaya regalo, doña Macarena, vaya regalo! Con la Puerta del Príncipe obsequió a Andy Cartagena en su reencuentro con el Baratillo tras una década sin pisarlo.

Sobre Felino había parado a Rionegro. Al viento las crines de Cártago, sacado de un cuadro de Sorolla de luz mediterránea. De frente citó en banderillas para clavar luego al estribo. Con un balanceo del tercio anterior y una pirueta calentó las palmas sobre el protestón Baena. Para rematar sobre el appaloosa Pintas con un carrusel de cortas con los colores de la tierra. Le costó ver la muerte del buen toro de Carmen Lorenzo, ya aplomado. Sentado sobre Pintas -también recostado- impulsó la petición. Suya fue la primera oreja.

Sobre el mismo castaño lusitano con el que recibió al primero paró al cuarto. Otro perla de pelo suelto, Herodes de nombre, pespunteó el toreo a dos pistas. Sacó a Copo de Nieve, rebelde en la obediencia, citó al quiebro y puso banderillas al violín. Pero al tordo hispanoluso, cuando iba, le costaba mucho irse y el de Capea lo prendió. Rápidamente, sin tiempo para pestañear, sacó a Bandolero en una exhibición de elevadísimas, que causaron sensación. El alicantino tiró de raza y de guiños heterodoxos de principio a fin: una llamada telefónica abrochó tres cortas y un par a dos manos. Ni el el feo derrame del rejón importó: Macarena de Pablo Romero enseñó los dos pañuelos que le alzaban a hombros. Más que generosidad fue una bajada de escalón de una plaza de primera categoría, incluso para una tarde de rejones, donde la vara de medir siempre es más liviana. ¡Ay, Macarena, vaya regalito!

Luego, la presidencia se pondría seria con el que verdaderamente toreó, Guillermo Hermoso de Mendoza. Una hora después del comienzo -qué hartura de largura-, el navarro se marchaba a la mismísima puerta de toriles a recibir al notable Mercedario, un rayo que se comía la montura. Fenomenalmente lo paró el de Estella. Con pureza. Qué torero fue el muletazo sombrero en mano. El discípulo de Pablo citó al pitón contrario a lomos de Ecuador antes del soñado quiebro de punta a punta. Con categoría. Un ramo con tres rosas puso la coda y paseó una oreja.

La dimensión de Berlín

Otra vez se colocó Guillermo en el portón de los sustos, ahora sobre Nómada, que cosió en redondo y templadísimo la embestida de Lagareto. Lanzó varios derrotes este sexto, que fue corrigiendo el hijo del gran maestro de Estella. Soberbiamente dibujó el toreo a dos pistas, con un trincherazo por dentro. Qué pedazo de caballo es Berlín, con el que coloreó la hermosina en homenaje al padre, en tributo a su apellido. Tremenda la conexión: la obra adquirió una altísima dimensión, con uno, dos, tres… ¡Auténticos muletazos por los adentros! De muchos quilates. Echó pie a tierra Hermoso para aplaudir a Berlín mientras el auxiliador se dirigía al toro salmantino. No le sentaron bien esos capotazos, ya con el motor más mermado de este estupendo animal, al que cubrió las heridas con rosas. Pinchó antes del rejón final y la presidenta no atendió la petición de la segunda oreja. Comparado con todo lo anterior y, ya puestos a tirar la casa por la ventana, era de rabo (entiéndase la exageración). Qué bueno hubiese sido ver a Guillermo en competencia con Diego. Otra vez será, que el de La Puebla no veta. 

Completaba el cartel Léa Vicens. Apretó Ignorado, con la cara p’alante en su salida. De pies tiró Guitarra antes de los dos rejones de castigo, que acusó el de Capea. La francesa citó al pitón contrario sobre Jocker y toreó a dos pistas con demasiada tierra de por medio. Faltó mucho ajuste y transmisión. Menos mal que la Cocha Flamenca puso el ritmo y desató los oles. Un esfuerzo hizo en banderillas, con el murube aquerenciado en tablas. Se adornó con el cambio de pie al tranco y marchó a por Fermín para colocar una banderilla kilométrica al violín. Fulminante el rejón -con derrame- y oreja. Más entonada ante el boyante quinto, con el beneplácito del respetable. El descabello frenó la presentida petición, pero no la vuelta al ruedo que se marcó.

Sin el gran premio se quedó Hermoso, el que mejor toreó a caballo en la noble y rítmica corrida de Capea, mientras Andy cruzaba una Puerta del Príncipe ‘outlet’. La primera de la feria.

Real Maestranza de Sevilla

Domingo, 19 de abril de 2026. Novena de abono. Tres cuartos de entrada. Toros de Carmen Lorenzo (1º, 5º y 6º) y El Capea (2º, 3º y 4º), parejos y de muy buen juego, con ritmo, nobleza y clase en líneas generales.

Andy Cartagena: rejón trasero (oreja con petición); rejón con derrame (dos orejas).

Léa Vicens: rejón con derrame (oreja); rejón delantero y dos descabellos (vuelta al ruedo por su cuenta).

Guillermo Hermoso de Mendoza: rejón trasero (oreja con fuerte petición de otra); pinchazo y rejón (oreja con petición de otra).

Publicado en ABC


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