Dos orejas a la raza de una figura del toreo.

El toro no distingue. Esa es la tragedia y, a la vez, la grandeza de la Fiesta …y salió el cinqueño ‘Soleares’ La cúpula del toreo en el hule.

Por José García-Carranza.

Morante había realizado una faena antológica. Ayer David de Miranda abrió por segundo año consecutivo la Puerta del Principe. Una figura del toreo, como Roca Rey, no podía pasar por Sevilla sin pena ni gloria. Eso debía pensar el Cóndor cuando recibió con unas verónicas ajustadas al quinto toro de la tarde, de nombre Soleares, último de su Feria de Abril. Este viene a por todas, pensé. Apretó el toro, que apenas fue picado en el caballo del que sale suelto. En banderillas espera y pone en aprieto a los peones. Brinda Roca a El Juli, otra gran figura, y se dirige al centro del ruedo. De rodillas cita al toro y le da tres ajustados pases cambiados, uno tras aguantar una eternidad un parón del morlaco. Continúa con dos series vibrantes, poderosas, con la derecha aguantando las tarascadas de un toro que se queda y no humilla. La faena tiene emoción y peligro. Continúa con la izquierda, el toro le desarma.

No se desanima por ello el Cóndor, que vuelve a intentarlo con la izquierda. De nuevo con la derecha da varias series ajustadas, firmes, aguantando los derrotes violentos de un toro que, siempre con la cara alta, se defiende con agresividad. Cierra la faena con circulares metidos entre los pitones de un toro entregado. Cuadra al toro, un toro difícil de matar con la cara por las nubes. Se perfila muy en corto, el toro se mueve, le da igual a Roca que se tira a los pitones. No obedece el astado al engaño, encuna al matador y lo zarandea con saña durante unos segundos angustiosos que se hicieron eternos. En décimas de segundo, mientras las cuadrillas se lo llevaban en volandas, pasaron por mi mente cogidas que mejor no recordar. La plaza quedó sobrecogida. Este cronista también. El presidente, en un gesto de sensibilidad que le honra, otorga las dos orejas sin dudar. Es el premio merecido, sin lugar a dudas, por un torero valiente, un torero macho. Para una figura del toreo que no estaba dispuesta a pasar por Sevilla sin pena ni gloria.

Con la plaza traspuesta, impactada, ansiosa por saber noticias de la enfermería, recibió a portagayola Javier Zulueta al sexto de la tarde. Lo espera Javier más allá de la segunda ralla, el toro sale y se frena, no se amilana el matador que le aguanta el parón para dar una ajustadísima larga y continuar después, en el tercio, con unas vibrantes verónicas. El toro ya de salida ha enseñado sus aviesas intenciones. Toma con violencia dos varas. Inicia la faena Zulueta, que brinda a Roca Rey en la enfermería, por bajo intentando domeñar la brusca embestida del toro para continuar toreando con la derecha y al natural en series imposibles ante un toro incierto y reservón que embiste a veces con nobleza y otras pegando gañafones muy violentos y siempre acordándose de lo que se dejaba atrás. Estuvo firme y muy valiente Zulueta en una faena emocionante ante un toro muy peligroso al que despachó de una estocada muy meritoria. Me sorprendió Javier por su firmeza y decisión ante este tipo de toros. No me lo esperaba. Ese es el camino para ser alguien en este mundo.

Poco pudo hacer Roca Rey con su primero, un toro noble pero flojo que, quizás por ello, protestaba en la muleta del Cóndor en una aseada faena siempre a media altura, ayuna de emoción, y al que despachó de media estocada tras escuchar un aviso. Tampoco tuvo suerte Zulueta en su primer oponente, otro toro noble y flojo sin fondo alguno, que se lidió horrorosamente, al que le costaba embestir, que brindó al ganadero Gabriel Rojas, para la memoria queda la faena de Curro al toro Flautino de esta ganadería, al que realizó una faena aseada sin exigencia alguna aprovechando las medias embestidas del toro y al que despachó de una estocada delantera.

Manzanares, con un traje más de buzo que de matador de toros, volvió a estar una vez más en la línea que nos tiene acostumbrado desde hace algunos años. Apático, despegado, en un toreo de líneas rectas, por fuera, que ni dice ni transmite nada. Que lejos del Manzanares de los primeros años. Esta vez tiene la excusa, eso sí, de que le tocaron en suerte unos toros que no ayudaron en nada de una corrida de Victoriano del Río, correcta de presentación, que decepcionó y mucho en su juego.

Destacó en la lidia un gran peón de la cuadrilla de Zulueta: Curro Javier de Sanlúcar la Mayor. Ya en el tercero destacó corriendo al toro a una mano, pero donde deslumbró fue en los dos pares puestos al sexto. Una primero clavada en misma cara y, sobre todo, en el segundo. El toro, peligroso, le ganó la salida, no se amilanó el banderillero que, con pundonor, aguantó para clavar un par en todo lo alto, merecedor, como así fue, de la música. Música, por cierto, que el diestro peruano mandó callar en su importante faena al quinto de la tarde. Y es que, muchas veces, cuando hay verdad la música la pone la misma faena.

Acaba la tarde, dos figuras del toreo, las dos máximas figuras en este momento, están en la cama de un hospital. El toro no distingue. Esa es la tragedia y, a la vez, la grandeza de la Fiesta. La verdad del toreo.

Publicado en El Diario de Sevilla


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