La neurofisioterapeuta Monserrat Altemir, especialista en el sistema neuromuscular, explica que delante del toro, el cuerpo no improvisa tanto como parece.
Por Paula Herrero.
En el toreo, todo ocurre en décimas de segundo. Una decisión, un movimiento, puede cambiar una temporada. En el programa El Albero de COPE, se ha explorado qué hay más allá del valor y el oficio desde el punto de vista de la neurociencia. La neurofisioterapeuta Monserrat Altemir, especialista en el sistema neuromuscular, explica que delante del toro, el cuerpo no improvisa tanto como parece, sino que responde a patrones entrenados y una memoria corporal muy desarrollada.
El ‘piloto automático’ del cerebro
Según Altemir, el sistema neuromuscular del torero toma decisiones rápidas activando una especie de “piloto automático”. El cerebro cuenta con circuitos automáticos donde el cerebelo y los ganglios basales comparan los movimientos entrenados y se anticipan a la acción del toro. No se trata de un reflejo mágico, sino de neuroplasticidad, el resultado de incontables horas de entrenamiento, tentaderos y toreo de salón.
El torero no piensa, sino que “reconoce y actúa”. La colocación, el toque o el quedarse quieto son respuestas motoras construidas previamente. Monserrat Altemir lo resume con una imagen clara: “El torero puede ser el director de orquesta de su cuerpo, decide la música que va a hacer, que utilizar, pero no toca cada instrumento”. El diestro tiene una parte estratégica consciente, pero la ejecución es una respuesta automática y precisa, donde más que pensar en músculos, “siente el movimiento”.
Cabalgar sobre el miedo
Esta coordinación no elimina el miedo, que siempre está presente. La clave está en la forma de gestionarlo para que no provoque un bloqueo. La especialista describe el proceso con una analogía: el torero actúa como un coche de alta gama, donde “el acelerador sería el miedo y el freno del coche sería la corteza prefrontal”. Este control permite al diestro funcionar con el miedo y usarlo a su favor.
Como comenta Simonsen, gestionar las emociones es fundamental para poder “cabalgar sobre el miedo”. No se trata de no tener miedo, sino de tener un buen control sobre él. “No es que no tenga miedo, es que tiene un buen control sobre el miedo, que cabalga sobre el miedo”, explica Altemir sobre esta capacidad de dominio mental y físico.
Supervivencia, dolor y estrés
¿Y qué ocurre cuando llega una cogida? En ese momento, el sistema nervioso prioriza sobrevivir por encima de todo. Se produce una cascada hormonal, con la adrenalina y las endorfinas como protagonistas, que permite al cuerpo seguir reaccionando y explica por qué el dolor no se percibe con la misma intensidad en el instante del percance. Sobrevivir significa también orientarse, salir de la cara del toro y tomar decisiones con el cuerpo al límite.
La recuperación tras una herida suele ser más rápida de lo que se podría imaginar. El cuerpo activa procesos de reparación tisular, mientras el cerebro libera dopamina por la motivación y endorfinas que actúan como analgésico. Este cóctel químico facilita una recuperación más rápida y alimenta el impulso de volver a la acción, demostrando el papel fundamental de la emoción.
@LancesMaestranz
El momento de la cornada que recibió el diestro peruano Roca Rey en La Maestranza durante la Feria de Abril
Sin embargo, el torero no solo se enfrenta al toro, sino también al estrés sostenido, la presión, los viajes y el miedo acumulado. Monserrat Altemir utiliza el ejemplo de Morante de la Puebla para explicar que un cuerpo sometido a un ritmo revolucionado durante mucho tiempo acusa el desgaste. “Es como si fuera que el motor siempre está revolucionado, y un coche que está siempre revolucionado, y al final se desgasta, y el cuerpo humano es igual”, señala.
Este estrés crónico eleva el cortisol, afecta al sueño, al rendimiento y a la toma de decisiones, dificultando la recuperación. Por ello, el descanso no consiste solo en curar una herida, sino en devolver al cuerpo a un estado de equilibrio. La ciencia, lejos de quitarle misterio al toreo, arroja luz sobre la capacidad del torero para anticipar, decidir y sobrevivir en el ruedo.
Publicado en COPE



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