Sánchez salva la tarde y deja en evidencia el fracaso del binomio Ortega – Pozo Hondo.
Por Juan Carlos Valadez – De SOL y SOMBRA.
La sexta del serial en la Monumental de Aguascalientes no fue una tarde de concesiones. El viento, incómodo y persistente toda la tarde, y un encierro de Pozohondo justo de trapío, de transmisión y fondo, condicionaron de principio a fin un festejo que exigió a los toreros oficio, claridad de ideas y firmeza.
Nuevamente quedo demostrado que el binomio Juan Ortega–Pozo Hondo ha sido un fracaso. Demasiadas tardes y oportunidades se nos han ido sin ver al Ortega que la afición espera, por la insistencia del torero y de su apoderado de anunciarse con este hierro cada vez que pisa nuestro país.
Hoy, otra vez, los de Pozo Hondo salieron mansos; mansos de verdad. Pero hubo uno, lidiado en cuarto lugar, que dejó sensaciones contradictorias, de esas que también forman parte del toro de lidia. La pregunta de si fue bravo o no queda abierta. Con un bravurómetro estricto, la nota sería baja; pero si se miran sus distintos matices —cómo acudió por momentos, su repetición y ciertos pasajes de entrega— el análisis exige más cuidado y no una sentencia fácil.
El problema de fondo, sin embargo, no cambia: Ortega necesita toros que le permitan expresarse, no encierros que le arruinen la tarde.
Fuera de ese cuarto toro el resto del encierro fue un desfile de tullidos, a los que fue imposible picarlos y hasta muletearlos con decoro por su poca fuerza y nula casta.
En ese contexto y contra todos los elementos de la tarde, Juan Pablo Sánchez terminó por imponer su jerarquía. No fue una labor de alardes, sino de dominio. Ya había dejado apuntes de su disposición en el primero, al que entendió sin encontrar eco pleno, pero fue con el cuarto, “Tamborazo”, cuando marcó la diferencia. El de Pozohondo fue el de mayor recorrido y clase del encierro. El hidrocálido lo sometió desde el inicio, ligando tandas con temple y mando, siempre bien colocado y sin perder la estructura de la faena. Hubo largura y temple, y sobre todo, un sentido de la lidia que permitió estructurar una faena de menos a más, tirando suavemente de la pastueña embestida de “Tamborazo” hasta que los muletazos de Sánchez alborotaron el cotarro. Lo restante de la faena transcurrió según le funcionaban la imaginación al artista y pareció que cuando se preocupaba de la postura, decaía la belleza e incluso la ortodoxia técnica de la obra, mientras cuando no se preocupaba, el arte resurgía en toda su esplendidez. La estocada, en todo lo alto y sin titubeos, cerró una actuación sólida, premiada con dos orejas y un exagerado arrastre lento para el astado.
Diego Silveti, paso sin pena ni gloria por la feria de Aguascalientes. Su lote no le ofreció opciones reales. El primero deslucido desde la salida, nunca tuvo celo ni recorrido, pero Silveti, lejos de desistir, se mantuvo firme, probando alturas y terrenos, pero sin encontrar respuesta. Con el quinto, el panorama no mejoró, aunque dejó un quite por gaoneras muy ajustado que conectó con los tendidos. Ya con la muleta, peleó pundonorosamente por encelar a un toro sin casta ni fuerza, en una faena en la que hubo un excesivo amontonamiento de pases.
Juan Ortega hizo ayer con su primero un toreo de gusto exquisito, para goce de paladares muy selectos. Parte de la esencia del toreo bueno de siempre estuvo encerrada en aquellos muletazos, en los que Ortega plasmó el arte cabal que corre por sus venas. No formó un alboroto ni armó un taco, porque el toro tampoco se lo permitió, pero Ortega puso la clase donde no había calidad y por eso se llevó una merecida oreja. Con el sexto, un borreguito tullido, sin fuerza ni entrega, apenas pudo dejar constancia.
La corrida resultó deslucida en líneas generales por la mansada de Pozo Hondo, pero los tres toreros estuvieron en su sitio y al final creo que abandonaron la plaza con la satisfacción del deber cumplido. No se podía hacer más.
POZOHONDO / SÁNCHEZ, SILVETI Y ORTEGA
Toros de Pozohondo, desiguales de presentación y juego, en conjunto mansos y deslucidos; destacó el cuarto, premiado con el arrastre lento.
Juan Pablo Sánchez: palmas y dos orejas.
Diego Silveti: leve division de opiniones y palmas.
Juan Ortega: oreja con ligeras protestas y silencio.
Sexta corrida del Serial Taurino de la Feria Nacional de San Marcos. Viernes 1 de mayo. Monumental de Aguascalientes. Casi lleno.



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