Javier Cortés y Niñito: la autodestrucción de una gran obra en Las Ventas.

El torero madrileño arruina con la espada una faena de triunfo a un toro importante de El Pilar; El Cid saludó una ovación en su regreso a Madrid.

Por Zabala de la Serna.

La lluvia del Dos de Mayo dejó la arena del ruedo como una playa tras un partido de vóley, tan blando el piso. El cielo entoldado propiciaba la coartada precisa para estrenar los nuevos tejadillos del callejón. Isabel Díaz Ayuso, de rojo volcánico, ocupó su burladero, descapotado, sin miedo a la lluvia. Uceda Leal, El Cid y Javier Cortés, los tres veteranos toreros -72 años de alternativa sumaban-, muy «del gusto de Madrid», brindaron a la presidenta de la Comunidad sus toros.

La Goyesca convocó otra gran entrada en Las Ventas por segundo día consecutivo, bien regada de papel la sierra madrileña; una imagen potente para el exterior hostil. Tanto engalanamiento de la plaza no obtuvo una respuesta brillante en el espectáculo de la bravura hasta prácticamente el último toro de una corrida de El Pilar seria, falsa y densa. Pero el tal Niñito de cierre -hubo otro de apertura- traía otras hechuras, diferente expresión, una armonía mayor, incluso otro pelo de la casa. Y fue un toro muy importante por su transmisión. Javier Cortés lo toreó tan encajado y roto que volteó la plaza, reverdeciendo el concepto de aquel chaval que tantas tardes prometió el paraíso. Pero, después una faena para cambiar el destino, tras haber cuajado al toro por su mano derecha, ligando y enterrando el toreo, derruyó todo lo construido con una espada catastrófica. Aquellos sablazos acabaron con el triunfo presentido. Un suicidio artístico, la autodestrucción de una gran obra. A Niñito lo aplaudieron en el arrastre.

Habían contado con algunas opciones el tercer y segundo toros. Precisamente con aquél, Javier Cortés interpretó notablemente la distancia -la media- y la altura -la media también- del toro. La edad de los cinco años cumplidos se reflejaba en su expresión; cierta bondad afloraba en su pitón derecho. Un trato para no exigir demasiado. Fluyó la faena cuando Cortés lo acompañaba en su pasar, incluso puso la intensidad que faltaba cuando lo exigió por abajo. Pero no hubo final ni para el toro ni para el torero con una estocada baja, que profetizaba el desastre final.

El Cid volvió a Las Ventas, y Las Ventas sintió de nuevo su izquierda. Que era la mano del toro, para entenderla como el matador de Salteras. Pues la embestida tenía buen viaje -mejor inicio que final, es verdad-, pero no más de dos muletazos seguidos. Así que Cid le buscó el unipase y la faena creció en 15 o 20 naturales con el eco nostálgico del pasado. Pero cometió el error de plantear la última serie por el pésimo pitón derecho y ya se indispuso todo, también el toro (echó la persiana buscando echarse), para la suerte final: cuatro pinchazos, dos avisos, una ovación. Apostó El Cid brindando al público la muerte del feísimo quinto, el otro cinqueño del envío, pero aquella movilidad venía vacía de argumentos.

Había abierto la corrida un toro muy incómodo, siempre apoyado en las manos, repetidor pero frenado, y además por dentro. No se soltó nunca. O peor: lo único que soltó fue la cara. Apenas transmitió las complejidades por su aparente escasez de poder; todo lo tenía en el cuello. Como el genio. Uceda Leal lo pasó de muleta a duras penas, sin posibilidad de lucimiento, con la dignidad del veterano oficio. Y, con la misma, lo despenó de un modo espadazo. Ni una grieta de luz ofreció un cuarto con la misma entrega de un buey, esa movilidad tan mentirosa. Uceda compuso algunos derechazos con el sello de la clase que habita en él. Todo el mal bajío entró en su bolita.

MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Sábado, 2 de mayo de 2026. Corrida Goyesca. Casi lleno. Toros de El Pilar, dos cinqueños -3º y 5º-; serios; destacó el importante 6º; con opciones el 2º por el izquierdo y el 3º por el derecho; se movieron mal los demás, deslucidos.

UCEDA, DE MELOCOTÓN E HILO NEGRO. Estocada (silencio); pinchazo y media perpendicular y seis descabellos (silencio).

EL CID, DE VERDE BOTELLA E HILO NEGRO. Cuatro pinchazos y se echa. Dos avisos (saludos); media estocada (silencio).

JAVIER CORTÉS, DE CREMA E HILO NEGRO. Estocada baja (silencio); golletazo, pinchazo, bajonazo y estocada caída (silencio).

Destacaron con los palos Iván García, Rafael González y Pablo Gallego.


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