Llegada la primavera asalta Madrid: 15 orejas le convierten en orgullo valenciano.
Lo hace llegada la primavera e insiste por otoño y en la canícula y en las pre-ferias. Cada vez que le dan ocasión. Suma ya veintitrés paseíllos como matador de toros, en la que es (seguro) la plaza más dura y más comprometida del planeta toro, y añádanle otros dos paseos como novillero en el mismo escenario. Quince orejas en la categoría máxima y otra en la de plata, son sus argumentos. Para los valencianos, más que un sueño, es una quimera. ¡Quince orejas en Madrid! te repites, quince. Vaya con Román… Mejórenmelo. Solo Ponce le supera. Luego del chivano, Román y todo seguido el desierto o casi.
Es verdad que el toreo no son cifras, pero algo dicen (mucho) y si no por qué se persiguen con el empeño que se persiguen, por qué tanta sangre a la conquista de las mismas… Y si por exclusión nos ponemos exquisitos y convenimos que el toreo más que números son sensaciones, emociones, este Román no se queda atrás, en Madrid y en cualquier parte con Román se sufre, te emocionas, te enfadas (¡pero este tío!… pero cómo hace eso…) el tipo es valiente, divertido, pero también respetuoso, quién dijo que el toreo es exclusivamente de los mostachones largos y el rictus agrio… por todo ello y por más lo acabas apreciando. Es un personaje y un torero a la vez, en la plaza y en la calle, combo completo, a quien el toro le debe justa correspondencia.
Me aseguraba estos días el propio Román que Madrid le pesa pero le gusta, que cuando pasa Madrid, respira… pero que está deseando volver. Este año no está teniendo respiro, Valencia, Sevilla, Madrid, trago, trago, trago, no se queja, en las capitales está la gloria dice (y espero, apunto yo, que en justa correspondencia el dinero, que uno se juega la vida para ganarse la ídem) que los pueblos están para sumar, continua, y para darle un respiro al cuerpo y al alma, así que este año, los próximos días, comparecerá en Bocairent y en Vic-Fecensac para enfrentarse a toros de Victorino, de La Quinta y de Dolores Aguirre. Si esos nombres dan respiro a su alma a la vera de la sierra Mariola o en la Occitania francesa, hay que convenir que este Román está hecho de otra pasta, que tiene el alma de acero. Será eso. Nada que haga pensar que no pasa miedo, al contrario, el valor no es más que le superación del miedo. A más miedo más valor y este Román tiene lo suyo de lo uno y de lo otro. De otra manera no le podría sonreír al riesgo como le sonríe. ¡Vaya con Román! además de salao como le encorsetan injusta y cariñosamente, tiene dos… eso.
Publicado en Las Provincias





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