El triunfador cortó dos exageradas orejas a un novillo al que se le dio injustamente la vuelta al ruedo; detalles de Osornio y tarde en blanco de Pedro Montaldo ante una destacada novillada de Conde de Mayalde:
Por Antonio Lorca.
Julio Méndez, un novillero de 19 años que se presentaba esta tarde en Madrid, nacido en la localidad abulense de Arenas de San Pedro y formado taurinamente en la escuela de Badajoz, ha salido por la Puerta Grande de Las Ventas tras cortar dos orejas a su primer novillo; pero no fue ese su mayor mérito, sino su desmedida ambición, su desparpajo, su entrega y su firme decisión de perseguir el triunfo. Le tocaron los dos mejores novillos del destacado encierro de Conde de Mayalde, pero el torero salió a por todas y se encontró con la mejor recompensa.
No mereció las dos orejas porque la espada cayó baja, y la correcta ejecución de la suerte suprema debe ser condición indispensable para abrir la puerta de los sueños; además, al novillo, de encastada condición, se le dio la vuelta al ruedo tras un discreto paso por el tercio de varas. Empujó humillado en el primer encuentro y acudió al relance en el segundo del que salió suelto, cobardía suficiente que no debió ser premiada por el palco presidencial.
A pesar de estos errores injustamente premiados, tanto el novillero como el novillero ofrecieron un espectáculo extraordinario de encastada nobleza el animal y de pundonor y arrebato el torero.
Ya avisó Méndez en un quite al segundo novillo que no venía a pasar desapercibido. Se echó el capote a la espalda y dibujó unas ceñidísimas gaoneras como emocionante carta de presentación. Brindó al público la muerte del tercero, que se dio dos vueltas de campana que hicieron temer por su fortaleza, pero no fue así. Méndez se hincó de rodillas, trazó tres redondos acelerados, un apurado pase cambiado por la espalda y cerró el inicio con un largo pase de pecho, ya de pie, que llamó la atención de los presentes. Sin dudas, con las ideas claras, con oficio, aprovechó la movilidad y la prontitud del novillo en cinco tandas, dos de ellas con la mano izquierda, en la que quedaron patentes sus ansias de triunfo, su fácil manejo del engaño, su concepto variado y también acelerado del toreo y su capacidad para conectar con los tendidos por su pundonor y entrega. Unas bernadinas muy ajustadas corroboraron una actuación de premio, valerosa, impactante, espectacular, pero la colocación de la espada debió impedir la gloria.
El novillo permitió la grandeza por su casta, su prontitud, su alegría y su incansable embestida, pero su paso por el caballo tampoco fue de premio.
Méndez recibió al sexto de rodillas frente a la puerta de toriles y el novillo le pasó por encima. Muleta en mano lo recibió por estatuarios, otro pase cambiado por la espalda, un molinete y otro de pecho, lo que indicaba las buenas intenciones del torero. Este novillo era noble, pero sin la codicia del tercero. Le permitió, no obstante, torearlo por ambas manos con ligazón y desigual brillantez. Al novillero pareció preocuparle más la ambición que la hondura, de modo que optó por los medios muletazos desmayados antes que tirar de la cómoda embestida de su oponente. Hubiera cortado otra oreja si no falla con la espada.
Emiliano Osornio tiene contrastada fama de buenas maneras, de torero de pellizco y sentimiento, pero eso no es suficiente en una plaza como Las Ventas. No era un novillo de carril el primero, -de embestida desordenada y deslucida- y el mexicano lo intentó con muy escaso ánimo de pelea. Ante el cuarto, de buena condición, dejó detalles aislados, pero sin redondear un trasteo de altura, como el novillero merecía. Lo más destacado lo hizo con el capote: con cinco templadas verónicas recibió al cuarto, y una singular chicuelina, dos verónicas y una media compuso en un quite al sexto. Se esperaba más de este torero.
Y cerraba el cartel Pedro Montaldo, a quien se le notó en exceso que está poco toreado. Complicado fue su primero, y muy frío se mostró el torero ante el noble quinto.
Quién se marchó a hombros, con la sonrisa abierta que produce el triunfo, fue Julio Méndez, quien el próximo domingo toma la alternativa en Cáceres.
Conde de Mayalde/Osornio, Montaldo, Méndez
Novillos de Conde de Mayalde, bien presentados, discretos y desiguales en varas, y nobles; complicados primero y segundo; con clase, cuarto, quinto y sexto. Al tercero se le dio la vuelta al ruedo: empujó en la primera vara, salió suelto en la segunda, a la que acudió al relance, persiguió en banderillas y fue encastado y pronto en la muleta.
Emiliano Osornio: pinchazo y casi entera contraria (silencio); estocada atravesada que hace guardia, estocada caída _aviso_ y dos descabellos (ovación).
Pedro Montaldo: pinchazo y estocada (silencio); estocada desprendida (silencio).
Julio Méndez: estocada desprendida _aviso_ (dos orejas); estocada caída (silencio). Salió a hombros por la Puerta Grande.
Plaza de toros de Las Ventas. 26 de mayo. Novillada. Decimosexto festejo de la Feria de San Isidro. Lleno (21.594 espectadores, según la empresa).
Publicado en El País



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