El origen de “no ha venido ni el Tato”: la historia del torero sevillano que nunca faltaba a ningún evento.

Por Felipe Cecilia.

Antonio Sánchez, conocido como ‘El Tato‘, pasó de figura del toreo a protagonista involuntario de una de las expresiones más conocidas del castellano. Nacido el 6 de febrero de 1831 en el barrio sevillano de San Bernardo, comenzó su trayectoria taurina como novillero durante los años 1849 y 1850 y, a partir de 1851, figuró como puntillero, según recoge la Real Academia de la Historia.

Con el paso de los años se consolidó como uno de los nombres destacados de los ruedos. Sin embargo, su fama trascendió el ámbito taurino debido a una característica que le hizo especialmente popular: su costumbre de acudir a prácticamente todas las corridas, celebraciones y reuniones sociales de la época.

Esa presencia constante acabó convirtiéndole en un personaje omnipresente. Tanto era así que cuando el Tato no aparecía en algún acto, la ausencia llamaba la atención. De ahí surgió la expresión “no ha venido ni el Tato”, utilizada para señalar que un evento había tenido tan poca relevancia o asistencia que ni siquiera había acudido quien nunca solía faltar.

La cornada que cambió su vida

La trayectoria del torero dio un giro el 7 de junio de 1869, cuando sufrió una grave cornada durante una corrida. El toro, llamado Peregrino, le provocó una herida en la pierna derecha que terminó complicándose. Tras varios días sin mejoría, los médicos decidieron amputarle la extremidad.

Pese a la gravedad de la situación, Antonio Sánchez intentó regresar a los ruedos con una prótesis ortopédica. La Real Academia de la Historia señala que volvió a intentarlo en agosto de 1871 en Badajoz y en septiembre del mismo año en Valencia, aunque finalmente desistió de continuar su carrera taurina.

Su empeño por seguir toreando a pesar de la amputación fue ampliamente comentado en la época. Según recoge el historiador Bartolomé Cossío, incluso el rey Amadeo de Saboya llegó a pronunciar la frase “esto no lo hace ni el Tato”, una expresión que algunos sitúan entre los antecedentes de la popular locución.

La famosa pierna expuesta en Madrid

Uno de los episodios más curiosos relacionados con el torero tuvo lugar tras la amputación. La Real Academia de la Historia recuerda que la pierna del Tato permaneció expuesta al público en una farmacia de la calle Fuencarral de Madrid, convirtiéndose en toda una atracción. La extremidad acabaría desapareciendo años después a causa de un incendio.

Un legado que sobrevivió al tiempo

Antonio Sánchez falleció en Sevilla el 7 de febrero de 1895. Aunque su carrera quedó marcada por la grave cornada sufrida en 1869, su nombre logró sobrevivir mucho más allá del mundo taurino.

Más de un siglo después, la expresión “no ha venido ni el Tato” continúa utilizándose para describir actos con poca asistencia o lugares prácticamente vacíos. Un legado lingüístico nacido de la fama de un hombre que, según sus contemporáneos, parecía estar presente en todas partes.

Publicado en El Pespunte


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