Gran corrida de Santiago Domecq, de impecable presentación y notable juego.
Por Vicente Sobrino.
Desde el primer capotazo se le vio a gusto a Morante con el toro que levantó el telón de la tarde: buen recibo, un precioso quite por chicuelinas, con la rúbrica de la vistosa revolera. El toro, un castaño de seria estampa, hizo una brava y larga pelea en el caballo y a la muleta llegó muy manejable. Pero la faena del sevillano tuvo altos y bajos, sin cuajar ninguna tanda, estuvo salpicada de buenos muletazos en redondo sobre la derecha, pero no hubo acople con la izquierda. Por este pitón, no terminó de cogerle el aire al buen toro. La estocada, algo trasera, pero de efectos rápidos, dio paso a la concesión de un trofeo que supo a regalo de cortesía. El toro fue arrastrado en medio de una ovación. La vuelta al ruedo, a paso de procesión, se hizo eterna.
Al cuarto lo saludó Morante por ajustados delantales. Lástima que el toro se pegara un volatín que le mermó para los restos. De tullida condición, el de Santiago Domecq aún tuvo suficientes fuerzas para soportar con alegría la larga faena de Morante. Al toreo fundamental, no siempre ligado, añadió el sevillano adornos de todos los palos y colores; desde los cambios de mano, molinetes rodilla en tierra, manoletinas y destellos para meter al público en el bolsillo sin condiciones. Todo se celebraba. Acertó con el estoque al segundo envite y el clamor de la gente obligó al palco a conceder la oreja que le dejaba abierta la puerta grande. Y otra vuelta al ruedo a paso de solemne procesión.
Llega a tener un poco más de fuerza el segundo y hubiera sido toro de bandera, pero muy castigado en varas, llegó a la muleta con el resuello muy justo, claudicando alguna vez ante la muleta de Talavante. Duró todo el tiempo de una larga faena muy esforzada. Sobrado Talavante, pero también algo mecánico. De todo el conjunto, sobre la derecha fue donde más se acopló el torero al toro. De las dos tandas al natural, la segunda fue más lograda, pero sin completar.
Gran toro el quinto y de impecable presencia: hondo, largo y armónico de pitones. Sin ser gran cosa en varas, un puyazo discreto, tuvo enorme alegría en banderillas, tercio en el que Javier Ambel dejó dos pares de saludo montera en mano. Un tren el toro en la muleta, con fijeza y humillación. Talavante se recreó en la faena y a una gran tanda con la izquierda, envolviendo al toro en la muleta, le siguieron otras de menor calado por el pitón derecho. De colorario, galería: parones a muleta cambiada y bernadinas en tandas largas. Lo feo del toro es que se puso a escarbar a la hora de matar, pero Talavante, hábil, lo cazó, aunque necesitó el refrendo de un descabello. Se echó en falta que asomara por el palco el pañuelo azul.
De muy justo trapío fue el tercero, un colorado ojo de perdiz y chorreado, al que también le faltó una cuarta de fuerza para ser otro toro de notable nota. Peleón en el caballo, llegó a la muleta con motor, fijeza y humillación, pero muy medido en lo físico. La faena de Ortega fue afanosa, muy encimista, con detalles, sin cuajar una tanda completa, pero jaleada desde el tendido. Tampoco fue limpia y pareció amontonada por momentos.
Otro gran toro fue el sexto; repetidor y muy metido con la muleta siempre. Ortega, espoleado por el triunfo de sus compañeros, lo recibió con un buen toreo capotero y en un quite por delantales muy logrado. Pero luego en la faena, sí, pero no; momentos cálidos, de indudable clase, aunque faltó redondez a una labor salpicada de detalles, pero de escaso ligazón, aunque a favor de corriente calaba en la gente. Tampoco resultó una faena limpia del todo.Sin embargo, a estas alturas de la tarde, ya valía todo.
Domecq / Morante, Talavante, Ortega
Toros de Santiago Domecq, de impecable presentación y de notable juego, aunque alguno con las fuerzas justas; destacaron el quinto y el sexto.
Morante de la Puebla:: estocada trasera (oreja); pinchazo y estocada perdiendo la muleta (oreja).
Alejandro Talavante: pinchazo -aviso- y descabello (saludos); estocada atravesada -aviso- y descabello (dos orejas).
Juan Ortega: pinchazo y estocada (saludos); pinchazo y estocada (oreja).
Talavante salió a hombros por la puerta grande; Morante, que también se lo había ganado, abandonó la plaza con discreción por la puerta de cuadrillas.
Plaza de Alicante. 23 de junio. Quinta de Feria. Tres cuartos largos de entrada (9.523 espectadores, según la empresa). Tras el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria del matador de toros alicantino Manolo Carrillo, fallecido esta misma madrugada.
Publicado en El País




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