El ‘morantismo’, una nueva religión, del entusiasmo enfervorizado al exagerado desvarío.

Cinco expertos analizan el fenómeno taurino y sociológico del artista de La Puebla del Río.

Por Antonio Lorca.

“La plaza (La Maestranza), apasionada y presa de una intensa emoción, pidió y consiguió las dos orejas, que posiblemente fueran un premio excesivo ante la escasa entidad del toro y la propia labor del torero. Pero Morante goza ahora mismo del fervor popular, la gente ruge al verlo triunfar, le grita eso de ¡José Antonio Morante de la Puebla!, de forma que esa pasión colectiva le permite lograr triunfos como el de hoy, en el que estando bien no ha sido ni de lejos una de sus mejores tardes en Sevilla”.

Así contaba en estas páginas el periodista Carlos Crivell el entusiasmo despertado por Morante en Sevilla el pasado 4 de junio. Esa es una imagen que se repite en cada plaza donde el artista de La Puebla hace el paseíllo. Morante no es solo un torero; es, hoy por hoy, la representación del arte taurino, y como tal despierta una pasión que para muchos es exagerada y, quizá, pasajera. Pero es un ídolo, el dios del morantismo, esa religión que integra a aficionados y nuevos espectadores que vibran, se emocionan y se divierten con la singularidad de un artista diferente, atenazado por una seria enfermedad mental, lo que añade un morbo especial a su apoteósico reconocimiento.

Una prueba más de este alboroto es el boom editorial que ha provocado el morantismo. A pesar de alguna omisión involuntaria, estos son algunos de los libros editados sobre Morante: Morante de la Puebla. Torero: mito, tradición, pasión. Teodora Gorges (2011); La tauromaquia de Morante de la Puebla. Ulriker Gutmacher (2011); Morante de la Puebla: tratado de armonía. Lorenzo Clemente y Andrés Lorrio (2014); Por qué Morante (antes y ahora). Francisco Aguado (2023); Ahora que todos somos morantistas. Manolo Guillén (2025); Morante, punto y aparte. Rubén Amón (2026); Morante, del calvario a la gloria. Diego Sánchez de la Cruz y Javier Romero Jordano (2026). Memoria de Morante. Vicente Zabala de la Serna (2026); Crónicas de un genio. Morante de la Puebla. Manuel Viera (2026); y El toreo de Morante de la Puebla. José Carlos Arévalo, Julio Rodríguez y Javier Cascales (2026).

¿Por qué este movimiento extraordinario en torno a un torero en un contexto de constante controversia social y política sobre la fiesta de los toros? ¿Quién es y qué aporta Morante? ¿Qué sucederá el día que cuelgue definitivamente el traje de luces? ¿Se apagará el fervor actual? ¿Será sustituido por otro genio?

Cinco expertos, unos más morantistas que otros, opinan sobre este controvertido asunto.

El propio Crivell, reconocido crítico taurino sevillano, afirma que “en tiempos de rutina y mediocridad, Morante representa el ideal del torero clásico, el adalid de lo eterno; se ha convertido en el emblema de la Fiesta, el icono al que admirar, el arquetipo del torero romántico, todo ello en una persona de comunicación externa muy limitada, pero que dota a su trayectoria de detalles que rozan la genialidad”.

Fernando Atenciano, natural de Écija (Sevilla), aficionado y seguidor de Morante desde sus inicios como becerrista, asegura que “Morante es distinto a los demás y se sale de la vulgaridad; este torero tiene algo que te llega y no es uno más delante del toro”. “Pero eso lo lleva haciendo hace muchos años”, añade, “y lo único que ocurre es que ahora todo el mundo se ha vuelto loco perdido con Morante”.

Miguel Cid, presidente de la Asociación Taurina Parlamentaria, afirma que Morante “no es el mejor torero de la historia, como se está diciendo, sino uno de los más grandes, que está cubriendo una etapa muy importante, pero que, con seguridad, será sustituido por otros que le seguirán”.

Yolanda Fernández, apasionada de los toros desde pequeña, socia de honor de la Asociación El Toro de Madrid y catedrática de Historia, señala que “Morante se ha ido redescubriendo como torero en una búsqueda constante de raíces para enfrentarse a los toros; y ha conseguido establecer una novedosa interpretación del clasicismo que los aficionados le debemos agradecer”.

Por último, Juan Antonio Carrillo Donaire, catedrático de Derecho Administrativo de la Universidad de Sevilla, y seguidor de Morante desde sus tiempos de novillero, afirma que “es un torero singular y especial, y que toda la mística que le rodea, como la recuperación de tradiciones antiguas, lo hace muy atractivo”. “Morante posee una magia que a mí me pone los vellos de punta”, dice.

Hasta aquí, el torero; otra reflexión merece el fervor apasionado que despierta —el llamado morantismo— y la trascendencia en el tiempo de su tauromaquia.

Sobre este tema, Carrillo admite que existe un éxtasis colectivo exagerado en torno a su figura, pero lo justifica porque “los nuevos espectadores necesitan héroes, y han visto en este personaje, en su singularidad un poco atrabiliaria, una referencia casi mitológica”. “Creo que esta situación favorece a la fiesta”, añade, “aunque también es cierto que pasará la moda y se buscará otro mito, a pesar de que Morante deje un vacío enorme”.

Yolanda Fernández incide en esa teoría y llega a hablar de revolución y vanguardia: “En un mundo que ofrece referentes artificiales, donde no hay verdad, los jóvenes descubren un personaje que desprende un punto de digresión vanguardista dentro de un sector casposo y antiguo como puede ser la tauromaquia”. “Qué ha ofrecido Morante”, se pregunta la aficionada madrileña: “Una verdad de carne y hueso que contiene un alto sentido revolucionario”. A su juicio, este impacto emocional contagioso puede ser pasajero “porque no creo que haya otro torero que suscite el misterio de Morante”.

Miguel Cid, exsenador socialista, apela a una frase del periodista y crítico de arte Santiago Amón, fallecido en 1988: “En la fiesta rige la ley del derroche”. “De esa reflexión deduzco que no es extraño que surjan ídolos y se agiganten cuando hay motivos para ello, como sucede con Morante”, señala. “Me parece lógica la existencia del llamado morantismo porque los aficionados siempre estamos esperando al ídolo”, prosigue. “Antes fue José Tomás, ahora es Morante, y después será otro; siempre ha sido así”. De cualquier modo, Cid destaca que Morante es un estudioso de la tauromaquia, “lo que debemos agradecerle porque no es normal entre los toreros”.

“Siempre se ha dicho que nunca es mal año por mucho trigo”, afirma el aficionado Fernando Atenciano en referencia al fervor morantista y su capacidad para colgar el cartel de ‘no hay billetes’. “Yo lo veo fenomenal”, dice, “y espero que cuando se vaya Morante queden algunos seguidores como buenos aficionados”.

Y el periodista Carlos Crivel coincide en que “en una sociedad carente de valores, Morante es el nuevo dios del toreo, al que siguen de forma masiva, con el corazón por encima del cerebro, muchos neoaficionados, y también viejos entendidos, que necesitan toreros a los que colocar en un altar”. “Habría que preguntarse si esta entrega incondicional es buena o mala para la propia fiesta”, concluye. “Si todos los que hoy corean su nombre se van de las plazas cuando ya no toree, el efecto habrá sido de dudosa eficacia”.

José Antonio Morante Camacho, 47 años y 29 de alternativa, el personaje taurino de la época presente, un torero genial y creador de un movimiento de impredecible futuro.

Publicado en El País


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