Morante lidera un cartel de toros con astados de Hermanos Jiménez y Olga Jiménez en la plaza del Parque; en la que aunque corta sólo una oreja demuestra su poderío y reclamo. Sebastián Castella corta dos orejas a cada toro en una gran nivel. La jornada mostró a un Alejandro Talavante estelar, dominador y triunfador.
Por Pacho Rodríguez.
Decía un aficionado de los de verdad que Alejandro Talavante iba a triunfar en la plaza de toros de León pero que Morante de la Puebla era «el Cristiano Ronaldo de la fiesta». Cortó cuatro orejas Talavante. No le faltó razón al aficionado en ninguna de las dos apreciaciones. Porque sea como sea la tarde en la que esté Morante, los focos hacia su intencionada imagen de volver a lo clásico le convierten en referente. ¡José Antonio! ¡Morante de la Puebla! grita la afición de un tiempo a esta parte. Y así pasó ayer. Luego, los seis toros dieron el juego que dieron y Talavante le sacó ya al primero el triunfo cuando entre otras cosas hizo lo que sabe como un maestro. Por ejemplo, quedarse quieto, torear al natural… A eso fueron los aficionados clásicos, en una tarde vistosa de público animado.
Apoyado en el 10 con pose torera esperó Morante de la Puebla el inicio de su faena al primero de sus toros. Lo de antes, un mero trámite. Ya le habían aplaudido y gritado olé cuando apareció en la calesa fuera de la plaza. Eso que llevaba ganado. Una primera tanda y luego a torear con la izquierda, llevando poco a poco el toro casi al centro del ruedo. Si no suena la música a alguno le da algo. Y ya con la banda sonando eso que se dice torear en redondo. Le gusta tanto a la gente Morante de la Puebla que se podría pasar toda la tarde así. O la vida. Pero como tiene sentido de los tiempos, el diestro no se eterniza y jugó un poco al riesgo a un toro que no lo tenía tanto. Una estocada efectiva dejó al toro agonizando sin doblar.
Oreja y vuelta al ruedo y Morante devolviendo lo que tiraban. Una bota, una camiseta de España, un abanico, un sombrero… ¡José Antonio Morante de la Puebla! Es el grito de moda cuando torea, más otros tópicos de la actualidad que resultan insoportables para un espectáculo en donde el rito y el respeto tiene tanto peso.
El segundo toro de Hermanos Jiménez puso a prueba los burladeros y rompió uno. Quedó así desencajado. El toro tenía fuerza y recibió un puyazo del picador que despertó protestas de la grada. Llegó la faena de Castella y comenzó pensativo. Le dio distancia al toro. Para ver qué pasaba. Y en la segunda serie de pases intentó encontrarle un sitio a él y al toro. Quedarse parado. Y dominarle con verdad. Como la música lo arregla todo al público pareció que le gustó un pase de pecho para rematar la tanda. Y descubrió que para levantar los aplausos la afición quiere adornos. Al natural, al toro ya le quedaba poco y la gente estaba más con el abanico. Aunque consiguió antes de coger la espada de matar conectar con la afición. Si mataba bien, una oreja. Ahí perdió la muleta. Y pinchó. «Estaba claro», dijo uno. Poco más de media estocada para acabar la faena. Pero oreja. Y luego, otra.
El tercer toro comenzó con cierto desorden que se mantuvo hasta el tercio de banderillas. Y en esto llegó Talavante que brindó desde el centro del ruedo tiró la montera y cayó como debe ser y la gente se volvió loca. Y él se puso de rodillas para comenzar. Y remató la serie mirando al tendido. Después de dar pases por delante y por detrás. Haciéndole al toro embestir. Y por fin uno toreó sin moverse del sitio. No gritan su nombre completo pero levantó a toda la plaza con una estocada caída discutible para el premio máximo. En su segundo toro demostró más grandeza.
Una jornada de toros que se precie comienza, iba a decir: antes, pero no, porque es más cierto que empieza cuando el aficionado quiere. El ambiente se crea solo y aunque llegarán los vips, como hay de todo en la viña del señor ni te cuento en esta, controvertido mundo que aúna fiesta, tradición y querer ser cultura. Decía Joaquín Sabina que él no discutiría con los antitaurinos porque les daría la razón. Y sí ocurre que a veces los acérrimos defensores de la fiesta le hacen un flaco favor, como los toros que a veces se ven por ahí. Y los antitaurinos estaban como prometieron. Hay expresiones artísticas que sobreviven gracias a su mala salud de hierro y esta es una de ellas. Del torero artista, al boom de los 60, el tremendismo, a los toreros famosos, a la devaluación por nombres mediáticos y la resurrección a base de herederos honestos… El toro no se mancha.
Publicado en Diario de León



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