Emilio de Justo y Juan Pedro Domecq siguen haciendo historia en Burgos.

Por Iñigo Crespo.

Un toro de Juan Pedro Domecq volvió hacer historia en Burgos. Zarandador, número 23, de 495 kilos. Negro. Indultado por un soberbio Emilio De Justo. Un toro de vacas y un torero en sazón.

El toro marcó de salida su buena condición y la aprovechó un gran Emilio de Justo. Con capote y muleta. Le toreó con gusto a la verónica y con la muleta desde el inicio la faena tuvo la virtud del tempo, del ritmo y de la intensidad. Al natural, hubo dos tandas extraordinarias llevando al toro sometido por abajo. Mucho celo del animal que tuvo clase y este sí, fondo. El extremeño toreó con profundidad, en series de cinco y seis muletazos. La embestida, siempre a más del animal y una faena tan profunda y exigiendo cada vez más al toro. Gran faena de Emilio de Justo, gran toro de Juan Pedro. Fue tal la emoción de la embestida tan brava y de tanta clase y de la faena que el público solicitó el indulto. Concedido con toda justicia.

Caras exquisiteces dejó Emilio de Justo frente al segundo de Juan Pedro que resultó un toro que marcó sus querencias a tablas y en esos terrenos fue donde plantea la faena el extremeño. Una labor tenaz, inteligente y muy torera. Una faena consistente. Buena estocada. Oreja para Emilio de Justo.

Abrevió Morante de la Puebla con el toro que abrió festejo, un animal noble con el que no se sentía cómodo el diestro de La Puebla del Río y, tras pasaportarlo por ambos lados, decidió entrar a matar con el consiguiente enfadó del público. Capítulo intrascendente y breve que concluyó de un pinchazo, una estocada corta y dos golpes de descabello. Bronca del público.

Tras estar la corrida interrumpida más de un cuarto de hora por ordenar Morante y su apoderado acondicionar el ruedo y pasar el rastrillo, el sevillano saludó al cuarto y con el capote se lució en lances por delantales: tres y una media.

El toro tuvo nobleza y buena intención aunque pecó de poco fondo. Morante, en los terrenos de dentro, le muleteó con suavidad en una faena que estuvo compuestas en las que tiró del animal con pulso y estética. Hubo precisión para administrar el fondo de su oponente. Mató de una buena estocada y cortó una oreja

Jarocho se fue a portagayola a recibir al tercero, un toro que cambió en banderillas y comenzó un gazapeo que resultaba incomodo. El joven diestro burgalés planteo la faena más allá de la segunda raya y realizó un esfuerzo por templar su embestida. Hubo muletazos sueltos de bella factura en una labor que tuvo torería por la puesta en escena. La espada le fue esquiva. Silencio.

De rodillas inició Jarocho su faena al sexto que no tuvo clase y que por abajo protestaba las embestidas. Jarocho volvió hacer un esfuerzo por imponer su toreo logrando muletazos de buen trazo. Ímpetu de Jarocho que puso determinación en una faena que llegó al público. Un pinchazo previo a la estocada dejó todo en ovación.

Publicado en El Correo de Burgos


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