Cebadas nobles, imponentes y no de los temibles en Sanfermines.

David Galván y Manuel Diosleguarde pasean un trofeo cada uno en la Feria de San Fermín de Pamplona y con la plaza llena.

Por Patricia Navarro.

Ver embestir a un toro de tan imponente presencia vale el doble. Ocurrió con el primero de Cebada Gago, un ejemplar que confirmó por dentro todo lo que anunciaba por fuera. Descolgó desde el primer muletazo y quiso viajar siempre hasta el final de la tela. David Galván lo recibió con un farol de rodillas de enorme exposición y, ya con la muleta, dejó ver el son de una embestida franca, templada y repetidora, también justa de raza y poder. El gaditano entendió la condición del toro y le dio sitio y largura, aprovechando la inercia de un animal que nunca dejó de querer pasar. Ya al final recurrió a los recursos como había prologado con el cambio por la espalda. Una estocada trasera puso el broche a una faena que no tuvo suficiente petición. La vuelta al ruedo supo a premio de consolación con los fríos (muy alejado de la literalidad) del ser el primero de la tarde. De dulce, para anunciarte con la de Cebada, fue el cuarto, noble, franco, con la fuerza justa y sin hacer un feo en la muleta de Galván. Tuvo el ritmo el toro que dejó estar a gusto en todo momento. El gaditano lo vio claro, lo disfrutó desde la verticalidad de su toreo por ambos pitones (también ese punto de ligereza que había condicionado la faena anterior) y una estocada puso la rúbrica para pasear el trofeo.

El segundo acusó el excesivo castigo recibido en el caballo de la puerta. Llegó a la muleta con una condición más que aprovechable, pero se fue apagando con el paso de la faena hasta desarrollar ese punto de reserva que acabó por deslucir su embestida. Román hizo cuanto estuvo en su mano, firme y dispuesto por ambos pitones, sosteniendo el interés hasta el bajón. El peaje de varas resultó demasiado caro.

Movilidad sin entrega, abriéndose con inercia de rajarse y salir suelto de los encuentros tuvo el quinto. La faena de Román contó con todas las variables de esta plaza. Quiso ganársela de principio a fin. A pesar de ello, se le acabó resistiendo.

Debutaba Manuel Diosleguarde en Pamplona y lo hacía, además, frente a la en principio siempre exigente corrida de Cebada Gago. El tercero no se lo puso fácil. Protestón, de viaje descompuesto y al que había que aguantarle en cada muletazo en el primer tramo. El salmantino respondió con decisión y actitud.

Diosleguarde fue todo entrega con el noble Cebada que se dejó hacer y Manuel volvió a dejar claro que no quería que su paso por los sanfermines pasara en blanco. De ahí que no se le escapara. La estocada hizo el resto. Se cerraba así una corrida de Cebada imponente, que ya nos asustó a las ocho de la mañana, pero que lejos de lo temible fue para el toreo. Las cosas de la vida. Las etiquetas a veces nos matan.

Ficha del festejo

Pamplona. Quinta de San Fermín. Lleno de «No hay billetes». Toros de Cebada Gago, serios. El 1º, bueno; 2º, franco y a menos; 3º, derrotón y sin clase; 4º, bueno, franco y con ritmo; 5º, movilidad bronca y queriendo rajarse; 6º, noblón y repetidor. Lleno en los tendidos.

David Galván, de soraya y oro, estocada trasera y desprendida (vuelta); estocada (oreja).

Román, de burdeos y oro, pinchazo, estocada baja (silencio); dos pinchazos, media (silencio).

Manuel Diosleguarde, de blanco y oro, pinchazo, estocada (silencio); estocada (oreja).

Publicado en La Razón


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