La miurada congrega a aficionados al toro pero también a aquellos que quieren ver -por lo menos una vez en la vida- una corrida de Miura en la plaza de Pamplona con la liturgia que conlleva. Este lunes Escribano, Pepe Moral y Colombo se las vieron, unos con más acierto que otros, con el hierro de Lora del Río. Escribano, fiel a sus maneras, se fue a portagayola para saludar al primero que recibió castigo en varas. El sevillano compartió tercio de banderillas con Colombo que, como siempre, fue directo a buscar la complicidad del sol. Con la muleta, Escribano, armó una faena de toque suave y media distancia procurando torear despacio y remató por manoletinas. Paseó una oreja a pesar de que la estocada quedó tendida y baja.
Mientras la merienda circulaba por los tendidos Escribano se dirigió con paso firme a la puerta de chiqueros y galleó para llevar al astado al caballo. Tarde de compromiso del sevillano que pareó con acierto. Dio inicio al trasteo pegado al olivo y prosiguió casi en los medios con un ejemplar tardo al que le costó pasar. Remató con media estocada trasera. El palco no atendió la petición de trofeo mayoritaria y Escribano dio la vuelta al ruedo.
Se gustó por verónicas Pepe Moral en el recibo al segundo. Un toro con brío de salida que cumplió en el peto, apretó en banderillas y marcó en la muleta. Moral ayudó al astado, con pases de uno en uno y dando tiempo. Lo mejor llegó al natural: el palaciego logró un puñado de meritorios naturales. Se le fue la espada.
Con el quinto Moral hizo un esfuerzo con un animal que apenas pasaba. Planteó la faena a media distancia y buscó las vueltas para robar muletazos. El toro lo puso muy difícil para meter el acero.
Colombo desplegó su capote con un mensaje de ‘Fuerza Venezuela’ impreso sobre él. El venezolano interpretó un lucido quite por navarras y en banderillas se fue en busca del beneplácito del sol. El espada se mostró afanoso pero por mucho que se empeñó no logró la comunión que buscaba con el público. Faltó bajar la mano. Dejó una estocada muy efectiva y sumó un trofeo.
Aunque el saludo al sexto no fue nada para destacar Colombo volvió a llamar la atención del tendido con un vistoso quite por zapopinas rematado por una lucida serpentina. Con los palos repitió el show de años anteriores: el del par al violín y un sombrero de peñista en la otra mano. Con la muleta hubo más toreo al tendido que al buen Miura que fue el toro de la tarde. El herrado con la A con asas tuvo la mala fortuna de caer en las manos de un especialista del toreo accesorio y, por tanto, se fue con muchos pases pero con poco toreo. A veces, la suerte en el sorteo es así de desafortunada.
Por Iker Larumbe e Isabel Virumbrales.
Publicado en Diario de Navarra





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