Feria de Málaga, sexta de abono: Puerta grande para Marco Pérez en su debut.

El toreo efectista del salmantino cala en los tendidos en una tarde donde El Fandi corta y dos orejas y Borja Jiménez pincha las dos faenas más macizas.

Por Antonio M. Romero.

Cuando Marco Pérez nació en 2007, El Fandi ya llevaba siete años como matador de toros. Este martes ambos compartieron cartel en la llamada Corrida de la Juventud, completando la terna Borja Jiménez. Un festejo que, como en botica, tuvo de todo: una interesante corrida de El Parralejo por su juego aunque no tanto por la presentación ya que al ruedo de La Malagueta saltó un encierro muy desparejo; toreo efectista del que cala pronto entre el público –no así en los aficionados, aunque estos cada vez son menos en la plaza–; toreo fundamental; altas dosis de triunfalismo y una puerta grande muy generosa que deja patente que el nivel de exigencia de la plaza ha bajado.

En su presentación en Málaga –donde no toreó de novillero– Marco Pérez salió a hombros por la puerta grande ‘Manolo Segura’ gracias a las dos orejas cortadas en el tercero de la tarde en una actuación más efectista que de enjundia. ‘Sevillano’ se llamó el toro de su debut en Málaga al que el joven salmantino recibió con una larga cambiada y unas verónicas más voluntariosas que lucidas. Por chicuelinas al paso lo llevó al caballo, donde se simuló la suerte de varas. Brindó a El Fandi una faena iniciada en los medios de forma vibrante con dos pases cambiados por la espalda, ligados con un molinete, una trincherilla y el de pecho. Con la franela en la derecha, el animal le tropezó la muleta y faltó ajuste en los pases; con la izquierda logró algún muletazo de buen trazo y con temple pero sin ligazón y terminó en los terrenos de cercanía y con un desplante tirando la muleta, lo que enardeció a gran parte de los tendidos. Con decisión se fue tras la espada y consiguió una estocada. El respetable sacó con fuerza los pañuelos por lo que la primera oreja no tiene discusión, más dudas surgen con la segunda y, sobre todo, plantea una pregunta: ¿Por bien que se haya matado, se pueden dar dos orejas en una plaza de primera cuando el toreo de capa ha sido insustancial y la faena de muleta ha tenido más de efectismo que de toreo fundamental?

Marco Pérez no pudo estirarse con el último del festejo, que se dolió en banderillas. Con la puerta grande ya asegurada brindó al público una faena en la que faltó firmeza para domeñar a un toro que sacó genio y exigía más mando por bajo en los muletazos. El diestro salmantino lo intentó por ambos pitones con más voluntad que lucimiento y los muletazos fueron acelerados. Dejó un pinchazo y una estocada.

El Fandi regresó a Málaga tras ocho años de ausencia de la mano de su apoderado, Alberto García, empresario de La Malagueta. Fiel a su estilo, el granadino brindó una tarde de entrega y de honradez donde peleó para no dejarse ganar la pelea por sus dos jóvenes compañeros de cartel.

Con una larga cambiada y unas buenas verónicas rematadas con una serpentina recibió al primero, al que llevó por chicuelinas al caballo. En banderillas, como es habitual, estuvo solvente, destacando el tercer par al violín de dentro hacia afuera. Brindó al público una faena iniciada de forma vibrante de rodillas con una tanda en redondo. Ya de pie dejó unas tandas ligadas por la derecha sin ajuste y decidió acortar los terrenos para meterse en las cercanías y tirar de desplantes para conectar con el público. Dejó un pinchazo y una estocada ligeramente desprendida.

En un gesto que le honra, tras el triunfo de Pérez se fue a la puerta de chiqueros a recibir al cuarto con una larga cambiada y después encelar a ‘Mestizo’ con el capote bajo y mucho temple. El granadino hizo un quite por vistosas lopecinas antes de volver a banderillear con espectacularidad, con un tercer par donde puso cuatro banderillas –dos al violín y un par de frente–. Brindó al público un trasteo iniciado de rodillas citando de lejos a un toro que se arrancó con alegría, transmisión y codicia. Ya de pie, el granadino instrumentó tandas de mucha entrega pero sin gran calidad ni ajuste. En la recta final del trasteo tiró de molinetes de rodillas y adornos. Mató de estocada casi entera caída. El público pidió las dos orejas y el palco, con buen criterio, concedió una.

Lo más destacado artísticamente de la tarde llevó la firma de Borja Jiménez. Especialmente en el quinto, al que recibió con un ramillete de verónicas. Brindó al público una faena iniciada con tres pases cambiados por la espalda en el centro del ruedo con la planta quieta y rematados con un trincherazo. Fue el preámbulo de un trasteo con tandas de derechazos por bajo, largos y ligados y donde alcanzó un gran nivel con naturales soberbios y un pase de pecho templadísimo de pitón a rabo. Cuajó una gran faena basada en el toreo fundamental. Dejó un pinchazo hondo y un descabello e, incomprensiblemente, apenas se pidió la oreja.

Publicado en Diario Sur


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