De SOL y SOMBRA.
La segunda corrida de la Feria Taurina Potosina tuvo como principal protagonista a Diego San Román, quien protagonizó una actuación de entrega y valentía y terminó cortando tres orejas ante un público que llenó en tres cuartos la Monumental El Paseo.
Los toros de Arroyo Zarco ofrecieron, en términos generales, buen juego y permitieron a los toreros desplegar sus recursos. Román Collado realizó tres faenas de interés —incluido un toro de regalo—, pero su labor quedó condicionada por sus fallos con la espada. Arturo Gilio tampoco encontró el premio debido al acero.
El valenciano Román Collado dejó buenas sensaciones desde su primero, al que toreó con gusto de capa y fue metiendo progresivamente en la faena de muleta. El toro respondió especialmente por el pitón izquierdo y Collado aprovechó las condiciones para ligar hasta tres tandas de naturales que fueron jaleadas por la afición. Una estocada entera que no fue suficiente para hacer doblar al toro y un descabello después del aviso dejaron su labor en aplausos.
Con el quinto de la tarde volvió a mostrar su concepto. Lo recibió con un farol de rodillas y verónicas antes de comenzar su faena con firmeza y posteriormente torear con clase tanto por derechazos como por naturales. Otro buen ejemplar de Arroyo Zarco encontró respuesta en el valenciano, pero nuevamente el acero le negó el trofeo: media estocada y hasta cinco descabellos, después de un aviso. Palmas.
Collado regaló un toro y volvió a mostrar su capacidad. Lo recibió con verónicas y construyó una faena de menos a más, con suavidad y buen sentido. Los oles se hicieron escuchar con fuerza y el público reconoció la disposición del torero. Un estoconazo precedió al descabello, impidiendo nuevamente que la actuación se tradujera en premio.
Diego San Román fue uno de los nombres propios de la noche. Con su primero dibujó alegres verónicas y posteriormente desarrolló una faena de muleta con clase, calidad y largueza. Alargó el trasteo, buscó variedad y se mostró dispuesto, aunque una estocada defectuosa y posteriormente otra entera, tras un aviso, dejaron la actuación en aplausos.
Con su segundo llegó el triunfo. Tres faroles de rodillas y verónicas marcaron el inicio de una actuación en la que San Román toreó con ambas manos, alternando derechazos, naturales y momentos de toreo en redondo. El queretano elevó la intensidad al ponerse de rodillas y meterse en los terrenos del toro, llegando a ser prendido sin consecuencias graves.
Una estocada completa y de rápidos efectos desató la petición de trofeos. El juez Luis Palacios solo concedió una oreja, decisión que provocó una fuerte protesta del público al considerar insuficiente el premio.
San Román no quedó conforme y decidió regalar un toro. Volvió a lucirse con el capote, ejecutando un quite por chicuelinas, y comenzó la faena de muleta con un péndulo de rodillas que encendió los tendidos.
De pie, mantuvo el tono de entrega y valentía. El toro volvió a prenderlo, pero el torero se levantó por sus propios medios y continuó toreando. Un estoconazo puso punto final a una actuación marcada por la exposición. El toro tardó en doblar y sonó un aviso, pero la respuesta de la afición fue contundente: “¡Torero, torero!”
Esta vez el juez concedió dos orejas a Diego San Román, mientras que el toro recibió arrastre lento.
Arturo Gilio tuvo una tarde de menor fortuna. Con su primero destacó con el capote y comenzó la faena de muleta con un arriesgado péndulo de rodillas. Después encontró momentos de alegría con la derecha, en una faena acompañada por el ambiente festivo de la plaza. Sin embargo, pinchó antes de colocar media estocada y necesitó descabellar tras un aviso. Aplausos.
Con el que cerró plaza apenas pudo bregar con el capote. No consiguió acoplarse con la muleta y optó por abreviar. Una media estocada caída y un descabello pusieron fin a su actuación.
Foto: NTR Toros.





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