La renovación es necesaria en todos los ámbitos. En la tauromaquia, también.
Por Luis Cuesta — De SOL y SOMBRA
La tauromaquia mexicana necesita renovarse. No como una consigna, sino como una necesidad urgente. Los carteles se repiten, las oportunidades se concentran y el relevo generacional avanza con una lentitud preocupante. Mientras los jóvenes encuentran enormes dificultades para abrirse camino, otros nombres permanecen instalados durante años en posiciones que pocas veces se ponen en discusión.
Antes, a un torero podían bastarle cuatro o cinco temporadas buenas para alcanzar la consideración de primera figura. Hoy encontramos matadores con más de diez años de alternativa a los que todavía se les espera que den ese paso adelante que termine por convertirlos en figuras. Otros, mientras tanto, viven de las rentas de sus mejores años. Su momento pasó, pero ahí siguen, tratando de apurar hasta el último instante una posición privilegiada con el consentimiento no solo de los tecnócratas que conforman los grandes trust empresariales, sino también de muchos aficionados, ante la evidente falta de figuras del toreo en México.
Pero el principal pecado del momento actual —y la penitencia puede ser durísima si no se corrige— es la alarmante falta de novilladas.
Es cierto que las escuelas taurinas permiten a los noveles comenzar su camino. Pero ahí no está el verdadero problema. La dificultad comienza después.
Llega cuando esos muchachos, una vez superado el primer filtro, deciden iniciar su carrera como novilleros. Es entonces cuando descubren que el camino prácticamente desaparece bajo sus pies. Sin novilladas, no hay rodaje; sin rodaje, no hay evolución; y sin oportunidades, resulta imposible saber quién tiene verdaderamente condiciones para convertirse algún día en figura del toreo.
La tauromaquia reclama renovación, pero al mismo tiempo está destruyendo el principal mecanismo que históricamente la hizo posible: dar sitio, tiempo y oportunidades a quienes vienen detrás.
En ese contexto, la Plaza de Toros Nuevo Progreso de Guadalajara inicia este domingo su serial de novilladas, una auténtica bocanada de aire para una generación de novilleros que clama por oportunidades.
Porque de poco sirve hablar de renovación si no existen festejos donde los jóvenes puedan desarrollarse, competir y demostrar sus condiciones. Guadalajara abre ahora una puerta necesaria en un momento especialmente complicado para el escalafón menor.
Las novilladas no deberían contemplarse como un simple complemento de las grandes ferias o temporadas, sino como uno de los pilares sobre los que se sostiene el futuro de la tauromaquia. Sin ellas no hay renovación posible. No surgirán nuevas figuras por decreto ni desde los despachos: surgirán toreando.
Por lo pronto, este domingo 6 de septiembre, a las 4:30 de la tarde, en la Plaza de Toros Nuevo Progreso de Guadalajara están anunciados Alejandro Fernández, Tomás Alejandro y Vladimir Díaz, quienes lidiarán un encierro muy bien presentado de Santa Lucía y Hermanos Zaragoza.
Tres jóvenes ante una oportunidad de esas que hoy escasean. Una tarde para reivindicarse, hacerse notar y demostrar que existe una nueva generación dispuesta a ganarse un sitio.
Esperemos también que la Nuevo Progreso se convierta, desde este domingo y hasta el 18 de octubre, en un punto de encuentro de jóvenes y niños. «Es que los jóvenes no van a los toros» se escucha mucho. No lo creo, pero, si es verdad que no van, salgan por ellos, búsquenlos y atráiganlos a la plaza. Recuperen el tiempo perdido con urgencia. Una ecuación de precios populares y abonos para jóvenes puede convertirse en un canto de juventud para la tauromaquia en Guadalajara.
Es lo que digo yo.






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