Por De SOL y SOMBRA
La historia de Antonio Ordóñez no puede separarse de Ronda. Su relación con la Corrida Goyesca superó ampliamente la condición de protagonista en el ruedo: durante años, su figura contribuyó decisivamente a consolidar el carácter y el prestigio de una cita que terminó convirtiéndose en uno de los acontecimientos más singulares de la temporada taurina.
El 9 de septiembre de 1980 quedó marcado como una fecha especialmente significativa. Ordóñez hizo el paseíllo en Ronda junto a Francisco Rivera “Paquirri”, en la que terminaría siendo su última participación en la Goyesca.
Aquella tarde dejó también una imagen que con el paso de los años adquirió un evidente valor histórico y familiar: Ordóñez y Paquirri recorrieron el ruedo acompañados por Francisco y Cayetano Rivera Ordóñez, todavía niños.
Para entonces, el maestro rondeño llevaba años alejado de una actividad profesional continuada. Sin embargo, la posibilidad de regresar formalmente a los ruedos nunca había desaparecido por completo.
El regreso que se resistía
Los intentos habían comenzado antes. Durante 1978 se contemplaron distintas posibilidades para que Ordóñez volviera a vestir de luces, algunas relacionadas con la alternativa del entonces novillero Espartaco. También llegó a plantearse un encuentro con Paco Camino en Ronda.
Ninguno de aquellos proyectos terminó concretándose.
En 1979 apareció una nueva oportunidad. La Corrida del Arte de Jerez de la Frontera, anunciada para el 15 de julio, debía servir para el regreso de Ordóñez y para la alternativa de Espartaco, con Rafael de Paula completando el cartel.
La corrida tampoco pudo celebrarse. El fuerte viento obligó a suspender el festejo y volvió a posponer los planes del maestro.
Ordóñez acabaría regresando a Ronda en la Goyesca de 1980, pero todavía conservaba la intención de desarrollar una última etapa vestido de luces.
El percance que cambió los planes
En 1981 preparaba un regreso más ambicioso. Su propósito era realizar primero un número reducido de actuaciones que le permitieran recuperar ritmo antes de asumir compromisos de mayor importancia.
Durante su preparación en la plaza de Estepona sufrió un percance cuyas consecuencias físicas resultarían determinantes. La lesión afectó seriamente una pierna y limitó las posibilidades de continuar toreando en las condiciones que exigía su concepto.
Aun así, Ordóñez quiso intentarlo.
El 16 de agosto reapareció en Palma de Mallorca y al día siguiente volvió a hacer el paseíllo en Ciudad Real. Aquellas actuaciones terminaron demostrando que las secuelas del percance suponían un obstáculo demasiado importante.
Su trayectoria profesional había llegado prácticamente a su final.
El adiós a su Goyesca
Las consecuencias también alcanzaron a Ronda.
Para la Goyesca de 1981 estaba previsto un cartel encabezado por Ordóñez junto a Manolo Vázquez y José María Manzanares. La imposibilidad de actuar obligó a modificar la combinación y su lugar fue ocupado por Manuel Benítez “El Cordobés”.
Ordóñez ya no volvería a participar en el festejo que había quedado tan profundamente asociado a su nombre.
La Goyesca continuó escribiendo su historia y otras grandes figuras ocuparon posteriormente el ruedo de la Real Maestranza de Ronda. Pero aquella ausencia representó algo más que la baja de un torero en un cartel.
Terminaba una etapa.
Antonio Ordóñez había contribuido a otorgar a la Goyesca una personalidad que trascendía el propio festejo. Y Ronda, escenario fundamental de su vida taurina, quedó para siempre vinculada a la memoria de uno de los grandes maestros del toreo del siglo XX.
Fuente documental: Información histórica consultada en el artículo de Álvaro Rodríguez del Moral, publicado en Diario de Sevilla. Redacción y edición: De SOL y SOMBRA.





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