Es lo que digo yo: La Corrida de la Insurgencia, tauromaquia con causa.

Por Luis Cuesta – De SOL y SOMBRA.

La historia de la tauromaquia no puede entenderse únicamente como un negocio, ya que desde hace muchos años, los festejos taurinos también han servido para recaudar recursos destinados a hospitales, damnificados, instituciones asistenciales y distintas causas sociales. La Corrida de la Insurgencia del próximo 19 de septiembre en Aguascalientes recupera precisamente esa vertiente histórica: la utilidad íntegra del festejo será destinada al DIF Estatal.

No se trata de una fórmula reciente ni de un recurso publicitario inventado para estos tiempos. Los antecedentes son muy antiguos. En España, la vinculación de los toros con la beneficencia se remonta varios siglos atrás. La propia Casa Real sitúa los orígenes de la tradicional Corrida de Beneficencia de Madrid en tiempos de Felipe II, cuando se dispuso que la recaudación de un festejo anual auxiliara al Hospital General, encargado de atender a enfermos sin recursos. En 1856 se celebraría la primera Gran Corrida Extraordinaria de Beneficencia, convertida después en una de las citas de mayor categoría de la temporada madrileña.

La Biblioteca Nacional de España conserva además carteles que documentan hasta qué punto aquella relación entre toros y asistencia social estaba arraigada: hubo festejos cuyos productos se destinaban a los hospitales, a heridos de guerra, a enfermos de cólera e incluso a poblaciones castigadas por el hambre. Algunas de aquellas funciones adquirían además carácter de gala, vinculados al espectáculo, sociedad y solidaridad.

México también posee su propia y extensa tradición. Existen testimonios de festejos benéficos desde el periodo virreinal, destinados a hospitales, obras públicas y posteriormente a damnificados por desastres naturales. Ya en tiempos contemporáneos, la Monumental Plaza México acogió corridas y festivales en favor de diferentes instituciones, entre ellas la Cruz Roja; en 1997, por ejemplo, hicieron el paseíllo Eloy Cavazos, Miguel Espinosa “Armillita”, José Miguel Arroyo “Joselito” y Enrique Ponce en un festejo destinado a esa institución.

Incluso algunas páginas extraordinarias de la historia del toreo están ligadas a la beneficencia. En Madrid, Paco Camino se encerró con seis toros en la Beneficencia de 1970 y cortó ocho orejas, récord para un solo festejo en Las Ventas.

La Insurgencia recoge esa tradición

Es bajo esa perspectiva donde adquiere una dimensión especial la Corrida de la Insurgencia 2026.

El próximo 19 de septiembre, la histórica Plaza de Toros San Marcos reunirá a Octavio García “El Payo”, Juan Pablo Sánchez y Román, con tres toros de Santa Inés y tres de La Asunción. Pero el resultado artístico, siendo fundamental, no será la única medida de la importancia de la tarde. La organización ha anunciado que la utilidad íntegra del festejo será destinada al DIF Estatal de Aguascalientes para apoyar su trabajo en favor de familias y personas que lo necesitan.

Y existe un antecedente inmediato que convierte esa declaración en algo tangible.

La edición anterior de la Insurgencia generó una aportación de 1 millón 353 mil 439 pesos al DIF Estatal. En 2023 fueron 1 millón 43 mil 103 pesos y en 2024 1 millón 284 mil 724 pesos. En esos tres años, las aportaciones sumaron 3 millones 681 mil 266 pesos.

Ahí está probablemente el argumento más importante.

En una época en la que la tauromaquia vive sometida a un escrutinio permanente y en la que, muchas veces, el debate público y político se reduce a posiciones irreconciliables, un acontecimiento como éste tiene la oportunidad de trascender mediante los hechos y de conciliar distintos criterios y posiciones. Una plaza llena el 19 de septiembre no significaría solamente un éxito empresarial o el respaldo de la afición a un cartel: también se traduciría en una importante ayuda para muchas familias de Aguascalientes.

La Corrida de la Insurgencia nació hace una década buscando una identidad propia mediante la unión de la tauromaquia, la historia de México, su música, la pintura y una indumentaria única. En 2026 volverá además la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes y se mantendrá ese concepto integral que distingue al festejo. Pero este año su componente más importante es precisamente el menos ornamental: su finalidad social.

La tauromaquia ha acudido históricamente a la llamada de la beneficencia. Madrid hizo de ella una de sus corridas más prestigiosas; México posee numerosos antecedentes de solidaridad desde hace siglos. Aguascalientes tiene ahora la oportunidad de fortalecer esa misma tradición con identidad propia. El 19 de septiembre habrá toros en la San Marcos. Habrá historia, música y una corrida concebida con una estética singular.

Pero, por encima de todo, habrá una causa. Y cuando la Fiesta es capaz de transformar la emoción de una tarde en ayuda concreta para quienes más la necesitan, su trascendencia no termina con la lidia del último toro. Su recuerdo permanecerá como parte del acervo histórico y taurino de Aguascalientes, como testimonio de una tarde en la que la tauromaquia volvió a demostrar que también puede ser solidaridad, compromiso y servicio a la sociedad.

Es lo que digo yo.


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