Roca Rey volvió a demostrar en la Goyesca de Arles por qué es una de las grandes figuras del toreo. El peruano cortó tres orejas y un rabo y salió a hombros tras sobreponerse a una durísima voltereta en el quinto, en una tarde en la que volvió a exhibir ese carácter de figura máxima que le lleva a no dar nunca una batalla por perdida.
Ya había cortado una oreja al segundo, un toro exigente de Vegahermosa al que entendió a la perfección, imponiendo su autoridad en una faena de menos a más. Pero fue en el quinto donde llegó la obra de la tarde. Roca salió a por todas desde el principio, comenzando de rodillas y pasándose al toro por la espalda. El de Jandilla tenía fondo y transmisión, y el peruano lo toreó con poder y temple hasta que, al salir de un muletazo, el animal lo prendió y le propinó una tremenda voltereta, zarandeándolo durante unos instantes dramáticos. Visiblemente dolorido, Andrés volvió a la cara del toro como si nada, y continuó toreando con profundidad. Las manoletinas finales encendieron el Coliseo y una buena estocada puso en sus manos las dos orejas y el rabo.Además, el animal fue también con la vuelta al ruedo.
A hombros le acompañó Marco Pérez, que sale está con la hierba en la boca y no frena en su carrera por convertirse en figura. El salmantino volvió a demostrar su ambición y su capacidad frente al tercero, otro toro importante, al que cuajó una faena de mucha autoridad, especialmente al natural, en tandas emocionantes. Al de Borja Domecq, repetidor y enclasado, también le sacaron el pañuelo azul, mientras que Marco paseó el doble trofeo.
Ya con la Puerta Grande abierta, en el sexto volvió a dejar patente su raza al ir a portagayola, sin dejarse dentro ni una oportunidad de hacerse un sitio entre los grandes. Ligó buenas series por ambos pitones y dejó una gran tanda de con la zurda. Esta vez la espada le cerró la puerta del triunfo, después de pinchar en tres ocasiones.
También dejó su sello Juan Ortega, que abrió la tarde con un recital de toreo de capa. El sevillano dibujó seis verónicas de enorme cadencia para sacar al abreplaza hasta los medios y volvió a lucirse en un quite por chicuelinas. El animal desarrolló después complicaciones y aspereza, pero Ortega se plantó firme en el centro y consiguió templarlo por ambos pitones, dejando muletazos de gran belleza, y cortó la primera oreja de la tarde.
Con el cuarto, devuelto tras partirse un pitón y sustituido por un sobrero de Román Sorando, volvió a dejar algunas de sus mejores pinceladas, especialmente al natural. La falta de continuidad del astado impidió que la faena tomara vuelo, pero no evitó que el sevillano dejara esas delicatessen que forman parte de su toreo
Publicado en ABC Toros






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