Un cierre a medio gas en Logroño.

No acabó de romper la corrida de toros de Fuente Ymbro en una tarde marcada por las protestas sobre temperatura registrada en el interior de la plaza de toros y la no apertura de su cubierta.

Por Isabel Virumbrales.

La última tarde de toros de feria siempre tiene cierto toque de melancolía. Llevamos unas temporadas en las que la feria termina en su cuarto capítulo. Lejos quedan los abonos de seis festejos, como ejemplo la feria inaugural hace un cuarto de siglo, o las cinco que se anunciaban –una de rejones y cuatro de toreo a pie– antes de que la crisis del coronavirus. El caso es que La Ribera se convirtió en un escenario de despedidas y una reivindicación: el arreglo de la cubierta. De hecho, miembros de la peña La Rioja se presentaron en la plaza en bañador y con una pancarta que decía «4ª Olé de calor en La Ribera». Y sí, las quejas por el calor en el graderío han sido una constante y no sólo en las tardes de toros sino también en las mañanas da vacas. 

Con mimo recibió Daniel Luque al primero. El de Gerena no tuvo mucha opción de gustarse con el capote y procuró ayudar al astado que, en el caballo, no quiso fiesta. Con los rehiletes destacó Jesús Arruga. Luque planteó un inicio de faena en el que combinó derechazos con un pase de las flores. Después prosiguió más allá de la segunda raya sobre la diestra pero no acabó de haber orden. Intentó el toreo al natural y dejó una serie de bella factura. Volvió a la diestra, pero entre que los tendidos andaban revueltos, que las medias embestidas no fueron francas y que el espada compuso la faena sobre las piernas la actuación pasó un tanto desapercibida. Fue certero con los aceros y saludó una ovación. Borja Jiménez recibió a pies juntos al segundo ejemplar de la tarde. El torero sevillano sacó los brazos y con temple recetó un ramillete de verónicas para llevar al toro casi hasta los medios. En el encuentro con el caballo sonó el estribo. Diego San Román no quiso dejar pasar su turno de quites y realizó uno con el capote a la espalda por saltilleras al que Borja Jiménez replicó por chicuelinas. El torero sevillano comenzó su trasteo en los medios con pases por la espalda. Prosiguió con una tanda mandona por la mano derecha que remató con un circular. Logró una buena serie con zurda pero no consiguió mantener al de Fuente Ymbro en los medios. La voluntad del de Ricardo Gallardo se impuso y Jiménez finiquitó la faena cerca de las tablas. Ahí pasaportó al animal de una estocada en lo alto que no fue tan efectiva como parecía por lo que tuvo que recurrir al descabello para pasaportar al toro. Cortó una meritoria oreja después de entenderse con un burel que fue aplaudido en el arrastre. 

Diego San Román recibió por verónicas al que hizo tercero. El caso es que el animal no acabó de pasar y el remate del recibo, un tanto genuflexo, acabó convirtiéndose en un enganchón. La cuadrilla protagonizó un pulcro tercio de banderillas. El torero mexicano brindó al público y planteó su actuación en los medios. San Román se colocó enfrontilado con mucho arrojo. El toro agradecía más el cite largo porque en la distancia media había que medirlo más y al reducirla se acostaba. No acabó de estar a gusto el torero frente al toro que fue noble pero que careció de transmisión. El astado se coló en varias ocasiones sin consecuencias. El epílogo de la faena fue una fea estocada delantera. 

En el cuarto toro destacó en varas ‘Jabato’ picador de la cuadrilla de Daniel Luque que no tuvo a bien expresarse con el capote. En banderillas Juan Contreras dejó un buen par, el tercero. En el tiempo de muleta Luque se dirigió a los medios para brindar al público. El torero esperó a un toro que no llegó a definir su embestida: a veces tardaba y otras acudía pronto al cite. No acabó de tomar vuelo una actuación en la que los mejores momentos llegaron de la mano del toreo fundamental. No terminó de romper el toro y el matador redujo las distancias para dar fin a su faena intercalando alardes y arrimones. Algo que, por cierto, fue lo que más gustó a los tendidos del coso logroñés. Antes de perfilarse para realizar la suerte suprema se despojó de la ayuda y dibujó unas cuentas luquesinas, su pase estrella. Realizó la suerte del volapié con mucho acierto y enterró la espada hasta los gavilanes. El toro rodó muy rápido y en los tendidos asomaron pañuelos blancos. El palco no se demoró y concedió un trofeo. 

Poca historia tuvo el saludo capotero de Borja Jiménez al quinto de la tarde. Lo mismo ocurrió en el caballo así como en banderillas. El espada brindó el toro a un público muy entregado y se dirigió a los adentros para comenzar el trasteo de rodillas prosiguiendo los pases de probatura de camino a los medios. Tuvo que llevar al animal a media altura porque si se le bajaba la mano blandeaba. Se mostró muy afanoso el espada que destacó las virtudes del burel, sobre todo por prontitud y humillación. Jiménez necesita un toro más poderoso, con fondo, para verdaderamente desplegar su tauromaquia. Hubo algún chispazo al natural pero nada que realmente fuera redondo. Acabó emborronado una digna actuación por el mal uso de los aceros. Finalmente el público reconoció su esfuerzo y le regaló una cariñosa ovación cuando se dirigió a recoger la montera. 

El cierraplaza no terminó de desplazarse en el capote de Diego San Román. El toro se fue directamente al caballo en cuanto vio al varilaguero, sin dar tiempo a colocarlo ni a cortarle el viaje. El picador, Eduardo Reyna, cogió al toro a la perfección y colocó un gran puyazo. Lo mismo sucedió con el segundo encuentro con el peto y Reyna fue despedido con una ovación. San Román comenzó la faena de rodillas en el tercio. Prosiguió ya en los medios y los momentos de más brillo fueron toreando sobre la mano izquierda. Faltó sentido de la medida y escuchó un aviso antes de perfilarse para entrar a matar. Se metió entre los pitones y la estocada se le fue algo baja. La faena tampoco tuvo una gran relevancia: el espada se mostró dispuesto pero tampoco hubo nada que calase en el graderío. El respetable, que estuvo cariñoso y entregado en algunos momentos, silenció la actuación.

Publicado en La Rioja


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