La actitud de determinados sectores de la afición madrileña durante la Corrida de la Hispanidad vuelve a abrir el debate sobre los límites de la exigencia, el respeto al torero y la influencia de los grupos más radicales en la Monumental de Las Ventas.
Por De Sol y Sombra. Con información y análisis de Zabala de la Serna publicado en El Mundo.
La reciente actuación de Morante de la Puebla en Las Ventas, durante la Corrida de la Hispanidad, ha dejado una controversia que trasciende lo estrictamente taurino. Más allá del resultado artístico, la actitud de un sector del público madrileño ha reavivado una discusión que lleva décadas acompañando a la primera plaza del mundo: ¿hasta dónde llega el derecho a la protesta y dónde comienza el hostigamiento al torero?
El periodista de la Serna aborda esta cuestión en un artículo publicado en El Mundo, en el que cuestiona la influencia de determinados grupos de aficionados que, a su juicio, han adquirido una capacidad desproporcionada para condicionar el ambiente de los festejos.
Morante, en el centro de la controversia
La presencia de José Antonio Morante de la Puebla en Madrid despertaba una expectación extraordinaria. Sin embargo, su regreso también estuvo acompañado de manifestaciones de rechazo procedentes de determinados sectores de los tendidos.
Según expone Zabala de la Serna, algunas de estas protestas no respondieron exclusivamente a lo sucedido durante la lidia, sino que parecían formar parte de una oposición previa hacia el diestro sevillano.
El periodista sostiene que las interrupciones, los silbidos y las recriminaciones en momentos importantes de las faenas terminaron por alterar el desarrollo natural del espectáculo.
El contraste resultó especialmente llamativo porque apenas un día antes, durante la corrida protagonizada por Antonio Ferrera y Román, el público había mostrado una disposición mucho más favorable hacia las propuestas artísticas de los toreros.
Esta diferencia de comportamiento plantea una cuestión de fondo: si la exigencia de Las Ventas responde siempre a criterios estrictamente taurinos o si, en determinadas ocasiones, intervienen preferencias personales y prejuicios contra algunas figuras.
El Tendido 7 y su influencia en Madrid
Uno de los principales señalamientos del artículo se dirige hacia el Tendido 7, históricamente identificado con un sector especialmente exigente de la afición venteña.
Durante décadas, este grupo ha defendido una determinada concepción de la tauromaquia, caracterizada por la importancia concedida a la presentación del toro, la suerte de varas y la integridad de la lidia.
Sin embargo, Zabala de la Serna considera que parte de esa exigencia ha derivado en actitudes que pueden perjudicar tanto a los profesionales como al propio espectáculo.
El problema no sería la existencia de una afición crítica, indispensable en una plaza de la categoría de Madrid, sino la posibilidad de que determinados grupos pretendan imponer sus criterios sobre el resto de los espectadores.
Desde esta perspectiva, el debate no enfrenta necesariamente al torismo con el toreo artístico, sino a dos maneras de entender la libertad del público: la de quienes desean expresar sus preferencias y la de quienes consideran que ninguna corriente debe monopolizar la opinión de una plaza.
Una historia de enfrentamientos con las figuras
La relación conflictiva entre Las Ventas y las grandes figuras del toreo tampoco constituye una novedad.
A lo largo de su historia, numerosos matadores han soportado ambientes particularmente adversos en Madrid, incluso cuando gozaban de un reconocimiento extraordinario en otras plazas.
Nombres como Pedro Gutiérrez Moya «El Niño de la Capea», José María Manzanares padre, Paco Ojeda, Juan Antonio Ruiz «Espartaco», Enrique Ponce, Julián López «El Juli» y Andrés Roca Rey aparecen en el análisis de Zabala como ejemplos de figuras que, en distintos momentos, encontraron una oposición especialmente dura en los tendidos madrileños.
El periodista también recuerda el papel que desempeñaron antiguos sectores de la afición y determinadas voces de la crítica taurina en la construcción de ese ambiente de confrontación.
En su interpretación, el rechazo hacia algunos toreros parece intensificarse cuando alcanzan posiciones de liderazgo dentro del escalafón.
Morante de la Puebla, convertido en una de las grandes referencias artísticas de la tauromaquia contemporánea, se encontraría actualmente en esa situación.
Marco Pérez, otro episodio de tensión
El artículo también recupera lo sucedido con Marco Pérez, especialmente durante su encerrona del 30 de mayo de 2025 y su confirmación de alternativa del pasado 3 de octubre.
Zabala cuestiona la dureza de las reacciones dirigidas hacia el joven salmantino, al considerar que determinados comportamientos del público sobrepasaron los límites de la crítica taurina.
La juventud del torero, su disposición ante los toros y los riesgos asumidos durante sus actuaciones forman parte de los argumentos utilizados para cuestionar la severidad de algunas protestas.
El caso de Marco Pérez sirve para ampliar el debate más allá de Morante y plantear si determinados sectores de Las Ventas aplican criterios diferentes según el nombre del espada que se encuentra en el ruedo.
La exigencia no debería confundirse con la intolerancia
Las Ventas atraviesa un momento de notable fortaleza en términos de asistencia y número de abonados. Sin embargo, esa respuesta del público convive con una discusión sobre el ambiente que se genera durante determinadas corridas.
La Monumental de Madrid ha construido buena parte de su prestigio sobre la independencia de criterio de sus aficionados. Su exigencia ha contribuido históricamente a engrandecer triunfos y a consolidar carreras.
Pero esa misma autoridad moral exige responsabilidad.
La protesta forma parte de la tauromaquia, como también forman parte de ella el silencio, la discrepancia y la libertad de expresar una opinión. Lo que merece una reflexión es la utilización de esos recursos para interferir deliberadamente en la actuación de un profesional.
El debate planteado por Zabala invita, en definitiva, a distinguir entre una afición rigurosa y las conductas de quienes, según su interpretación, buscan condicionar el desarrollo del espectáculo.
Porque la grandeza de Las Ventas no reside únicamente en su capacidad para exigir, sino también en su disposición para reconocer el mérito cuando aparece en el ruedo, independientemente del nombre del torero.
Y esa es una responsabilidad que corresponde a todos los sectores de la plaza.
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Fuente original: Artículo de opinión de Zabala de la Serna, publicado en El Mundo, sobre la actuación de determinados sectores de la afición de Las Ventas durante la Corrida de la Hispanidad del 12 de octubre de 2026.
Adaptación y redacción original: De Sol y Sombra.
Foto: Moeh Atitar.



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