¡Gol de Morante! Por Heriberto Murrieta.

José Antonio Morante, hijo del célebre diestro del mismo nombre, hizo su debut con el Betis de Sevilla, marcándole un gol al Osasuna de Pamplona. El conjunto verdiblanco ganó por 5 a 2. 

La anotación de Morante Antúnez fue un zurdazo desde la media luna, que contó con la fortuna de un ligero desvío. Tras celebrar con sus compañeros, dibujó un derechazo al viento que fue jaleado por la fanaticada bética. El conjunto andaluz subió al segundo lugar empatado en unidades con el Atlético de Madrid y con un punto más que el mismísimo Real Madrid. El puntero es el imparable Barcelona. 

Seguramente es el primer hijo de un torero que anota en el futbol profesional en toda la historia en cualquier parte del mundo.

Existen numerosas conexiones entre los ambientes futbolero y taurino.

El legendario lidiador sevillano Ignacio Sánchez Mejías fue presidente del Betis en los años 1928 y 1929. Al morir por cornada en 1934, Federico García Lorca le dedicó su famosa elegía “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”. 

El torero bufo y ganadero Mario Moreno “Cantinflas” fue presidente honorario del América. Guillermo Cañedo de la Bárcena se vistió de luces y actuó como novillero. El esquelético símbolo atlantista Bernardo Hernández recibió el apodo de “Manolete” por su enorme parecido con el malogrado diestro cordobés. Enrique Borja y su familia fueron amigos cercanos de la legendaria torera Juanita Aparicio. El matador Arturo Díaz “El Coyo” es hermano de Mario Díaz, el talentoso mediocampista del Morelia de los años ochenta. Javier Aguirre y Miguel Herrera han asistido a distintas plazas en infinidad de ocasiones. El árbitro retirado Paco Chacón es aficionado de hueso colorado. 

Algunos cronistas hemos narrado lo mismo futbol que toros: Matías Prats, Agustín González “Escopeta”, Alonso Sordo Noriega, Roberto Guerrero Ayala, Marco Antonio Lugo y el que esto escribe.

APUNTE TAURINO

Pocas decenas de pañuelos ondeantes hicieron falta para afianzar la petición de oreja para el centrado Héctor Gutiérrez, la tarde del lunes en Madrid. La sola estocada, en lo alto y certera, mortal de necesidad, bien pudo haber merecido la obtención del premio. Un día después del golazo de su vástago, los destellos de Morante entusiasmaron a un público que llevaba el olé en la punta de la lengua. Al final del festejo, acaso distraído, José Antonio pasó de largo ante el niño que brincó al ruedo para pedirle que le autografiara su capotillo, gesto que contrarió al público que seguía con la mirada la salida del personal artista del coso venteño. 

Así terminaba una corrida que se quedó por debajo de la expectativa, en la que el zaragozano Aarón reclamó un lugar en el palacio de los toreros.

Columna publicada originalmente en Reforma y en @Beto_Murrieta


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