El sevillano fue protagonista de la campaña de 2026 por su inspiración y su capacidad de convocatoria, aunque sus últimas actuaciones dejaron un balance alejado de las expectativas.
Por Luis Cuesta – De Sol y Sombra.
La temporada de Morante de la Puebla tuvo momentos que permanecerán en la memoria de los aficionados y un desenlace que obliga a revisar el conjunto sin complacencia. Desde su regreso en Sevilla hasta la bronca de su último toro en Zaragoza, el sevillano transitó entre la creación artística, los triunfos y las decepciones de una campaña que volvió a situarlo en el centro de la conversación taurina. Pero que no tuvo la épica y la epopeya del 2025.
El regreso
Su reaparición, el Domingo de Resurrección, llegó después de la despedida protagonizada en Madrid el 12 de octubre de 2025. El regreso tuvo una respuesta inmediata: el 5 de abril cortó las dos orejas a un toro de Garcigrande en la Maestranza, donde comenzó una nueva temporada bajo una expectación extraordinaria.
Pero fue el 16 de abril cuando dejó una de las actuaciones fundamentales del año. Ante un toro de Álvaro Núñez, Morante desplegó una lidia de imaginación y personalidad, con el capote, las banderillas y la muleta como partes de una misma expresión. La imagen del torero citando sentado en una silla para colocar un par al quiebro se convirtió en una de las estampas de la campaña. La espada impidió los trofeos, pero las dos vueltas al ruedo expresaron la dimensión de lo vivido.
Aquella tarde permite explicar una parte esencial de su temporada: hubo actuaciones cuyo valor superó el resultado de la ficha. En Morante, la importancia de una faena también reside en la manera de interpretar una suerte, recuperar un recurso o encontrar una solución que sorprenda al público.
Cuatro días después de aquella tarde de inspiración, Sevilla mostró la cara más dura del toreo. El 20 de abril, Morante sufrió una cornada de pronóstico muy grave cuando intentaba fijar con el capote al cuarto toro, de García Jiménez. Había cortado una oreja al primero de su lote y su paso por la Feria de Abril terminó en la enfermería.
El parte firmado por el doctor Octavio Mulet describió una herida de unos diez centímetros de trayectoria, con lesión parcial de la musculatura esfinteriana y perforación de la pared posterior del recto. La intervención se prolongó durante más de dos horas. Fue un percance de enorme seriedad que interrumpió un arranque de temporada marcado por el entusiasmo y las grandes expectativas.
También hubo triunfos concretos. Reapareció el 15 de mayo en Jerez tras la cornada y cortó dos orejas, sumó otras tres en Aranjuez el 31 de mayo y volvió a obtener tres en esa misma plaza en septiembre. En Sevilla abrió la Puerta del Príncipe en la corrida del Corpus. Más adelante llegaron resultados destacados en Gijón, Palencia, Albacete y Úbeda. La relación de festejos contabilizaba, hasta su comparecencia madrileña del 12 de octubre y sus dos compromisos finales en Zaragoza, 52 actuaciones, 45 orejas y 9 puertas grandes.
Su influencia también se reflejó en las taquillas
El Puerto de Santa María registró cuatro llenos en las cuatro corridas en las que estuvo anunciado, dentro de una temporada cuyo número de abonos se triplicó, según el balance difundido por el Ayuntamiento. Su presencia fue uno de los principales argumentos del ciclo y una muestra del interés que continuó despertando.
Ese protagonismo convivió con tardes de menor contenido. La inspiración no acompañó siempre y la expectación tampoco encontró en todas las plazas una respuesta equivalente. En el tramo final se hizo más visible la distancia entre lo que el público esperaba de Morante y lo que finalmente pudo ofrecer.
El regreso a Las Ventas, el 12 de octubre, tenía una carga simbólica evidente: volvía al escenario de su despedida un año después. Sin embargo, la corrida no alcanzó la trascendencia anunciada. Hubo detalles de su torería, especialmente con el cuarto, pero faltó una obra completa y el desacierto con la espada terminó de limitar su balance.
Zaragoza concentró las contradicciones del cierre. El viernes 16, ante un lote de posibilidades limitadas, dejó pasajes de calidad sin conseguir una faena redonda. Escuchó silencio tras aviso y saludos. Barquerito, en su crónica para COLPISA, señaló el cansancio del torero y destacó una tanda por la derecha ante el cuarto, dentro de una actuación que no terminó de cobrar fuerza.
El sábado 17 todavía hubo espacio para reconocer su capacidad. Ante el segundo tris, de Román Sorando, encontró muletazos de categoría donde el toro ofrecía dificultades y recibió una ovación. Sin embargo, con el cuarto, de Garcigrande, abreviaba después de una labor muy breve y provocó una fuerte bronca. La escasa entrega del animal condicionó el encuentro; la respuesta del torero dejó insatisfechos a los tendidos.
El balance de Morante en 2026 reúne, por tanto, razones para el reconocimiento y para la crítica. Su temporada dejó una actuación excepcional en abril, triunfos importantes y una capacidad de convocatoria evidente. También dejó altibajos, ganado demasiado justo en la mayoría de sus actuaciones y un cierre de temporada por debajo de lo esperado.
El futuro
Sobre el futuro del maestro circulan muchas versiones, aunque no creo que el retiro esté entre sus planes. Morante aún conserva su capacidad de sorprender y, en mi opinión, todavía tiene mucho que aportar al toreo.
Sí considero que su próxima temporada debería ser más corta, con menos contratos y citas muy puntuales que, por su significado y preparación, se conviertan en verdaderos acontecimientos. Una dosificación semejante a la que practicó Curro Romero en su última etapa: escoger los compromisos y dejar espacio entre una actuación y otra.
Después de una campaña tan intensa, convendría administrar mejor los esfuerzos y concederse tiempo para descansar y recuperar la ilusión. Su cierre de temporada invita a esa reflexión. Morante aún tiene mucho que darnos, pero hay que dosificar.
Las dos últimas tardes no borran lo realizado durante el año, pero forman parte de su valoración. En Zaragoza terminó sin trofeos y con el fracaso de su última intervención como imagen de despedida. La temporada 2026 nos demostró cuánto puede aportar todavía Morante al toreo; pero su último toro recordó que esa grandeza tampoco lo exime de responder ante la exigencia y las expectativas del público.
Es lo que digo yo.




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