Hay consenso en el mundillo taurino mexicano: primero Diego San Román, luego el resto del escalafón. Las temporada 2026 del queretano avala este consenso acerca de su supremacía esta temporada. Y, subraya su diferencia con los restantes miembros del escalafón.
Por Luis Cuesta
El pasado fin de semana, la actividad taurina en México dejó emociones, despedidas, triunfos y también algunas volteretas sin consecuencias que lamentar. Tlaxcala, Guadalajara, Mérida, Aguascalientes y Cinco Villas ofrecieron tardes distintas, pero con un elemento en común para la mayoría de sus alternantes: la necesidad de aprovechar las oportunidades cuando el toro y las circunstancias lo permiten.
En Tlaxcala, José Luis Angelino escribió el último capítulo de su carrera ante su gente. Y lo hizo de la mejor manera posible: cortó tres orejas y salió a hombros de la plaza Jorge “El Ranchero” Aguilar.
Hay despedidas que terminan convertidas en un mero homenaje, con la nostalgia por encima de lo que ocurre en el ruedo. La de Angelino tuvo emoción, por supuesto, pero también tuvo verdad y contundencia. El torero de Apizaco se marchó toreando, compitiendo y ofreciendo argumentos para que la gente lo recordara por lo que hizo aquella tarde.
En el resto de la corrida no ocurrió nada. Nada de la nada, dijo el castizo y aún así se quedó corto. A veces pienso que los toreros también tendrían que sacarle más provecho al vacío; filósofos como Sartre o Nietzsche seguramente habrían encontrado en una tarde así material suficiente para escribir algo para el recuerdo. No fue el caso de Diego Silveti y el sevillano Juan Ortega, dos toreros capaces de despertar interés por razones distintas, aunque ninguno consiguió mucho para el recuerdo.
Juan Ortega sufrió una aparatosa voltereta mientras lidiaba a su segundo toro de la tarde.
Mientras tanto, en Mérida, salió el toro (Boquilla del Carmen) y Diego San Román volvió a demostrar que tiene el valor y la ambición suficiente para tirar del tren del escalafón mexicano. Cortó tres orejas con dos faenas de aire distinto y aroma. O sea: hizo el toreo y salió a hombros en el arranque de la temporada ante una gran entrada en la Mérida, compartiendo cartel con Sebastián Castella y André Lagravere “El Galo”.
En una época complicada para los toreros mexicanos, San Román ha encontrado la manera de hacerse notar. Su apuesta es clara: compromiso, disposición y una voluntad de triunfo que conecta con el público.
Ahora viene lo más difícil: darle continuidad. San Román tiene argumentos para hacerlo y también la responsabilidad de confirmarlos.
En Aguascalientes, la corrida del 451 aniversario de la ciudad dejó una sensación diferente y una entrada regular. Hubo pasajes de interés, pero el festejo terminó sin orejas y con la impresión de que pudo ofrecer más. Antonio Ferrera se sobrepuso a una fuerte voltereta y dio una vuelta al ruedo; Leo Valadez dejó momentos de calidad, mientras que Emiliano Gamero paso dificultades a la hora de matar y se retiró entre algunas palmas.
El caso de Valadez merece una reflexión. Es un torero con enormes condiciones y recursos, pero sigue sin encontrar la fórmula para redondear una tarde de verdadero peso en los últimos tiempos. Por momentos asoma el torero que puede ser, aunque todavía le falta convertir esos pasajes en triunfos capaces de marcar una diferencia.
Y en una plaza como Aguascalientes, donde la afición conoce y exige, el tiempo para vivir de las promesas termina por agotarse. Valadez tiene el talento; ahora necesita traducirlo en regularidad y contundencia.
En Cinco Villas, “La Corrida del Arte” registro tres cuartos de entrada y nos dejó una oreja para Luis David Adame tras una faena que alcanzó cuotas muy altas y otra para Arturo Gilio, esta última ante un toro de regalo. Juan Ortega, por su parte, mostró algunos detalles de su personal manera de interpretar el toreo, pero no pudo redondear su actuación con la espada.
Luis David firmó la faena más completa de la tarde, se emborrachó de torear, como solía decir un antiguo cronista en similares casos y recordó que aún sigue teniendo algo que decir. Por su parte Juan Ortega dejó esa sensación que tantas veces acompaña a los toreros de su concepto: una enorme belleza que aparece por momentos, pero no siempre alcanza para construir una obra completa.
El arte es uno de los grandes atractivos de la tauromaquia, pero también necesita sustentarse en la lidia, en la capacidad de resolver y en la espada. El aficionado común en ocasiones agradece el detalle, aunque difícilmente se conforma con vivir esperando la siguiente tarde.
En Guadalajara, la Temporada Grande no ha tenido un comienzo fácil y eso se ha reflejado en las entradas. La primera corrida, al igual que la continuidad de la temporada, estuvo en riesgo debido a un amparo promovido por una asociación animalista. Para el segundo festejo también hubo cambios en el cartel, ante la ausencia de Daniel Luque por lesión. Estos dos incidentes se reflejaron en la afluencia de público. Especialmente el pasado domingo.
La segunda corrida dejó entre la afición tapatía la sensación de que el encierro de José María Arturo Huerta merecía un mejor desenlace. Emiliano Gamero cortó la única oreja de la tarde, mientras que Saúl Jiménez Fortes e Isaac Fonseca se fueron sin trofeos.
Gamero volvió a conectar con el público del Nuevo Progreso y aprovechó su segundo turno para conseguir un premio en una plaza donde las orejas tienen un valor especial. También destacaron las intervenciones de los Forcados Amadores de México, que aportaron emoción a la jornada.
Fortes, quien se presentó en el Nuevo Progreso en sustitución de Daniel Luque, dejó detalles de su concepto, pero no pudo redondear su actuación con el lote menos potable. Fonseca, por su parte, tuvo ante sí una oportunidad importante y terminó dejando escapar un toro de triunfo.
La actuación del michoacano invita a la reflexión. Voluntad y valor no le faltan, pero en una plaza como Guadalajara también hacen falta claridad, firmeza y capacidad para entender lo que pide cada toro. Cuando hay posibilidades de triunfo, hay que aprovecharlas; de lo contrario, la afición te da la espalda.
Al final, los toros de José María Arturo Huerta ofrecieron argumentos convertirse en los triunfadores de la tarde. Y eso, en una temporada en la que tanto se exige a los ganaderos, también merece un reconocimiento.
El balance del fin de semana deja, por un lado, la emotiva despedida de Angelino y la consolidación de San Román como el torero más importante de la actualidad en México; por otro, varias actuaciones que tuvieron contenido, pero se quedaron sin el remate necesario.
La segunda parte de la temporada mexicana apenas está tomando fuerza y habrá muchas más tardes de interés. Lo que no sobra es el tiempo para aprovecharlas. Porque en el toreo, como en tantas otras cosas, las buenas intenciones cuentan, pero son los hechos los que terminan dejando huella.
Es lo que digo yo.



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