El Repaso: Una intensa semana taurina.

La trágica muerte de Antonio Vázquez, apoderado de Pablo Aguado, ha sobresalido en unos días movidos en los despachos del toreo.

Por Álvaro Rodríguez del Moral.

La familia del toro ha llorado la muerte evitable de Antonio Vázquez, uno de esos tipazos -son cada vez menos- que sólo alumbra el planeta de los toros. La tragedia ferroviaria de Urda se mezcló con la actualidad taurina para alumbrar esta mala noticia. Nada que no se haya contado: Antonio viajaba al campo bravo andaluz para reseñar las reses de la próxima temporada sin saber que sería su último viaje.

Dejaremos el relato de las negligencias que espolearon el vergonzoso accidente para los especialistas. Es mejor quedarse con la calidad humana del taurino de Linares. Seguramente ya no se lleva esa elegancia, la educación natural y el valor de la palabra, hasta la torería íntima de quien mudó el traje de torear por la sabiduría del campo… Descanse en paz. Era uno de los nuestros.

Pero tampoco nos queremos olvidar de Alfredo Sánchez Monteseirín, recientemente fallecido. Los toros fueron declarados Fiesta Mayor de Sevilla bajo su mandato en unos tiempos en los que el sectarimo de unos cuantos aún no los había convertido en arma arrojadiza. Que conste…

Asuntos de despachos: adiós a los Chopera

Pero la semana taurina que se fue, alargada por el puente de los Santos, ha brindado una larga lista de titulares, movimientos de despachos, certezas, y hasta intuiciones… Con la llegada del invierno toca echar cuentas, barajar números y hasta revisar las relaciones personales.

Una de las noticias de mayor calado taurino -o a lo mejor no tanto- ha sido la separación de la familia Chopera del grupo mexicano de Bailleres. La ruptura, anunciada en sendos comunicados casi idénticos, implica la desaparición de la otrora poderosa saga empresarial vasca de un tablero de juego que muda a marchas forzadas las líneas de poder en la alta patronal taurina.

Hablando en plata: los hermanos Martínez Labiano y su rastra pierden los restos de un imperio creado por el abuelo, don Pablo Chopera; que refulgió y se extendió bajo las manos de su padre, el gran Manolo Chopera, y que se disuelve, como lágrimas en la lluvia, en manos de los hijos. El célebre apodo vasco desaparece definitivamente de las plazas de Bilbao, Logroño, Salamanca y San Sebastián certificando su irrelevancia en la unión asimétrica que había mantenido en la última década con el grupo mexicano que era el que de verdad empuñaba la sarten por el mango. Los de Bailleres, a partir de ahora, deben resolver algunos problemas de empatía con las plazas, la afición y las ciudades en las que seguirá operando.

Julián y Borja: adiós a un binomio eficaz

Ha sido otra de las noticias relevantes de estos días. Sin filtración o rumorología previa, Borja Jiménez y Julián Guerra emitían un respetuoso comunicado conjunto en el que anunciaban el fin de una intensa relación profesional que ha durado cuatro años en los que cambió para siempre la vida profesional del diestro de Espartinas.

Julián se hizo cargo de los asuntos profesionales y la preparación técnica y mental de Borja cuando aún vivaqueaba en el sótano del toreo, con una perspectiva prácticamente inexistente. Fue en 2023: varias actuaciones fueron preludiando la gran explosión de aquella corrida de Victorino Martín en la Feria de Otoño de Madrid. El toro Paquecreas y el toreo al natural de Jiménez eran la mejor constatación de aquella metamorfosis obrada por el taurino de Salamanca que estaba sacando el mejor fondo del torero, que se sometió a la particular Esparta de su nuevo apoderado.

Las puertas grandes de Madrid -la plaza de su vida- se iban a suceder en 2024 y 2025, año en el que indultaría el gran ejemplar de La Quinta, el primero que lograba el perdón de su vida en la plaza de Bilbao. En estas tres temporadas se ha convertido en un sólido torero de ferias y ha navegado por la primera fila aunque, eso sí, ha perdido algunos triunfos resonantes por el mala manejo de la espada.

¿Qué ha podido pasar? A nadie se le escapa que la exigencia y las peculiaridades de Julián Guerra -un auténtico sabio del toreo, que no se olvide- demandan una entrega desmedida, incondicional, que otros toreros antes que Borja tampoco supieron asimilar. La intensidad de esa relación profesional, la presión constante, han podido pesar en el diestro sevillano que después de pasar página deshoja la margarita para encarar su futuro inmediato en los despachos. Seguro que dará con la mejor tecla. El resto lo pone él.

Y Sevilla…

Mientras tanto, empiezan a trascender los primeros movimientos para poner en pie el elenco ganadero en la plaza de la Maestranza para la madrugadora temporada que vendrá. El tiempo apremia pero en los despachos de la calle Adriano ya están en marcha los motores. Garzón estaría apostando por matizar esa lista de hierros más o menos heredada de la etapa empresarial anterior.

Se da prácticamente por segura la presentación de El Juli con una corrida de toros de El Freixo. También parece seguro el doblete de Talavante, ésta vez en calidad de ganadero, apoyados en el éxito de la novillada -hasta cuatro utreros de triunfo- lidiada en la apertura del ciclo continuado de festejos, el pasado 14 de abril. Los dos encierros serán, eso sí, novilladas.

Pero hay más: se habla de la vuelta de El Pilar -con una excelente hoja de servicios en la plaza de la Maestranza interrumpida en 2019- o el debut de Lagunajanda, los toros que doña María Domecq Sainz de Rozas cría en los cerrados de Jandilla, la tierra matriz del encaste iniciado hace casi un siglo por el bodeguero Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio.

Mientras tanto, la pregunta del millón sigue pendiente: ¿Se anunciará Morante de la Puebla en Sevilla en la temporada 2027? A partir de ahí vendrá todo lo demás. No puede quedar mucho para saberlo.

Publicado en Diario de Sevilla


Descubre más desde DE SOL Y SOMBRA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Anuncios