Es lo que digo yo: ¿Qué le voy a pedir a David de Miranda el domingo en Guadalajara?

Lo que más admiro de David de Miranda es cómo piensa delante del toro. Sabe quedarse quieto cuando la embestida se acorta y correr la mano cuando el toro se entrega. Los naturales a Secretario en Sevilla son un buen ejemplo. Ese es el Miranda que todos queremos ver este domingo en Guadalajara.

Por Luis Cuesta | De Sol y Sombra.

En mayo de 2019, David de Miranda confirmó la alternativa en Madrid. Le tocó en suerte un sexto de Juan Pedro Domecq con movilidad que le dejó ligar tandas por los dos pitones. Antonio Lorca (El País), en su crónica de aquella tarde, se detuvo en dos tandas de naturales. Siete años después, cuando se habla del torero de Trigueros, casi siempre sale primero la palabra «valor». A mí me interesan aquellas dos tandas. Ahí había ya una razón para comprar un boleto.

Miranda es un torero que sabe lo que cuesta volver a vestirse de luces. En 2017, una voltereta en Toro le produjo una lesión cervical que lo tuvo cerca de un año fuera de los ruedos. Tras un un periodo difícil de rehabilitación, triunfó por primera vez en Madrid como matador el viernes 24 de mayo de 2019, en plena Feria de San Isidro. Esa tarde confirmó la alternativa en Las Ventas y le cortó las dos orejas al sexto toro de Juan Pedro Domecq para salir en hombros por la Puerta Grande.

Después de Madrid vino la pandemia. El 10 de mayo de 2025, David de Miranda cortó tres orejas en Sevilla y salió en hombros por la Puerta del Príncipe. En una entrevista, contó que, después de aquel triunfo, Málaga fue la única feria que lo contrató desde el principio. Las demás corridas que consiguió fueron como sustituto de toreros que ya estaban anunciados. Así ocurrió el 26 de septiembre, cuando volvió a la Maestranza para ocupar el lugar de José María Manzanares, que estaba lesionado.

En una entrevista con Carlos Crivell le contó que llegó a pensar en retirarse. Eso tendría que hacernos revisar una frase que los aficionados repetimos con demasiada facilidad: que a los toreros los pone el toro en su sitio. El toro hizo su parte. Pero quienes tenían que contratarlo eran otros.

Pero ni triunfando con fuerza lograba poner de acuerdo a todos los críticos, Álvaro Acevedo (Cuadernos de Tauromaquia) le reconoció su toreo de capa en aquella tarde del 2025, pero puso un reparo en su faena de muleta. El toro apenas tenía recorrido y Miranda se quedó en un terreno donde pocos se quedan, pero el crítico sevillano echó de menos que pudiera correr la mano con más soltura y naturalidad.

Por eso vale la pena recordar a Secretario, el toro de El Parralejo que le tocó en la Maestranza en abril de este año. Empujó en el caballo y llegó a la muleta con prontitud. Miranda pudo llevarlo al natural en tandas cortas, sin perderle la cara. El toro recibió la vuelta al ruedo y el torero volvió a salir por la Puerta del Príncipe. Ahí es donde más me interesa Miranda. Cuando se encuentra con una embestida vibrante, tiene una mano izquierda privilegiada que hace que el aficionado le reconozca por su toreo y no solamente por su valor estoico.

El próximo domingo 8 de noviembre se presenta en el Nuevo Progreso de Guadalajara, a las cuatro y media de la tarde donde hará el paseíllo con Luis David y Diego San Román para lidiar toros de Las Huertas. Los dos mexicanos conocen la plaza y tienen sus propias razones para querer ganarle la tarde. De ese pique también vive una corrida, aunque la novedad del cartel invite a mirar hacia el español.

¿Qué le voy a pedir a Miranda? Que si uno de Las Huertas mete la cara y repite por el pitón izquierdo, le dé su distancia y nos deje ver la plenitud de su toreo, como lo hizo en Sevilla el pasado 22 de abril. Me gustaría que el lunes, al hablar de su tarde en Guadalajara, tuviéramos una tanda de naturales que recordar.

Es lo que digo yo.


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