La lucha de Ponciano Díaz.

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La historia de la tauromaquia en México celebró hace unos meses sus primeros 500 años. Fue el 24 de junio de 1526 (día de San Juan), mencionado por Hernán Cortés en su Quinta Carta de Relación enviada al rey Carlos V, donde se señala que ese día se corrieron toros y hubo festejos.

Pero de allí en adelante, ha corrido mucho trecho y la fiesta de los toros ha tenido una lucha verdaderamente monumental. Se hizo y se procuró para ponerla como algo que es parte de la esencia de muchos de sus pueblos.

De la misma forma como se adaptó esta festividad española en México, dando lugar a todo, toros, toreros, empresarios, de nuestro país han surgido hombres, y nombres bien recordados, de personajes que llegaron a España para dejar huella.

Uno, Ponciano Díaz. No fue el primero, pues la historia dice que Ramón Rosas “El Indiano”, mulato veracruzano, actuó en España a finales del siglo XVIII, compartiendo cartel con figuras como José Delgado “Pepe Hillo”.

Pero Ponciano es considerado el primer matador mexicano de gran renombre en presentarse formalmente en Madrid, actuando en la plaza vieja de la Carretera de Aragón el 17 de octubre de 1889, con la cesión de un toro de Veragua por Salvador Sánchez “Frascuelo” en su alternativa. Tuvo como testigo a “Guerrita”, lidiando toros de Veragua y Orozco.

Ponciano Díaz Salinas tenía estirpe torera. Nació en la hacienda de Atenco, la más antigua de todas las ganaderías mexicanas.

En esa época, fue el único torero mexicano que, en los últimos años del diecinueve, “consiguió contraponer la popularidad de los españoles. Muy pronto se convirtió en ídolo”, de acuerdo con amplio estudio que publicó en el reconocido taurino José Francisco Coello Ugalde.

Por Gaspar Silveira Malaver.

Publicado en Diario de Yucatán


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