EL PALI: «YO SOY DE LOS TOREROS EGOISTAS»

Guadalajara,  México (30 septiembre 2008).-

«Sé que ese era un toro de los que te salen una vez en la vida, pero yo soy de los toreros egoístas, y quería el triunfo sólo para mí», dijo el Pali, novillero  tapatío, de 21 años al final de la novillada del domingo pasado en la Nuevo Progreso, donde sin saberlo quizas en ese momento de soberbia, habian terminado para siempre sus esperanzas de llegar a ser figura del toreo algun dia.

Los gritos de «¡Toro, toro, toro!»…

Los aficionados de pie, al punto del delirio, ondean los pañuelos blancos clamando por el indulto de «Cantante» y un novillero en medio de la arena sin saber qué hacer.

El novillo de la ganadería neoleonesa de El Vergel, marcado con el número 756 y con 485 kilos de peso, un reserva que inesperadamente vino ayer a cimbrar hasta sus cimientos la Plaza Nuevo Progreso.

Y ahí está el tapatío Alfonso Hernández «El Pali», quien lo había recibido de regalo, como séptimo de una tarde tediosa en lo general, ante el toro que todos los toreros sueñan que les salga algún día.

Bravo como el demonio, fijo con la muleta, embiste con codicia, se revuelve en busca de más y pone de pie a los aficionados, que llenan acaso un cuarto de plaza. Es como la carretilla con la que entrenan los novilleros.

De esas condiciones se había dado cuenta hasta la banda de música, que tras ver como «Cantante» recargó en el caballo del picador David Vázquez, quien saldría al tercio por su excepcional puyazo, comenzó a tocar «La Virgen de la Macarena» en cuanto el bravo de El Vergel fue en pos de la muleta.

Los «¡olés!» se mezclan con la música de trompeta, y «El Pali» pega muletazos de ensueño, en tacañas tandas de cuatro pases y el remate, pero que van de aquí hasta allá a un novillo de bandera, que increíblemente había pasado sus últimos meses encerrado en los corrales tanto de la Nuevo Progreso como de Aguascalientes, ya que desde San Marcos, en abril, se había quedado como un reserva sin lidiar.

Súbitamente el novillero de la tierra pierde el plan de vuelo y naufraga ante el toro, que quiere seguir peleando.

Desarma a «El Pali», luego lo prende y le baila el «Jarabe Tapatío» encima, pero los aficionados ya claman por el indulto para un astado de mejores condiciones que «Pacote», el de Xajay indultado el domingo pasado en esta misma plaza.

Pero si pasaron 22 años para que se indultara el primer novillo en el coso tapatío, el juez de plaza Xavier Sierra se resiste a dar el segundo consecutivo, claro, a menos que «Cantante» diga otra cosa y siga embistiendo.

O en este caso «El Pali», que en lugar de seguirle sacando pases al novillo se tira a matar desobedeciendo la petición generalizada de miles de no hacerlo, principalmente la de su padre y apoderado, Alfonso Hernández «El Algabeño», quien desesperado, desde el callejón, mueve la mano de un lado a otro.

Un pinchazo. Otro. Y uno más. Y en lugar del indulto viene el insulto.

El desencanto de la afición muta vertiginosamente en furia contra el novillero, y de eso también se contagia su progenitor, matador en el retiro: «¡Eres un estúpido!», le grita «El Algabeño», al borde las lágrimas, tras ver cómo su vástago acaba de echar por la borda una oportunidad que no a todos los toreros les llega en una vida completa.

«Cantante» era uno de esos toros que consagra o que hunde al torero… y al «Pali» no lo consagró.

«Sé que ese era un toro de los que te salen una vez en la vida, pero yo soy de los toreros egoístas, y quería el triunfo sólo para mí», dijo el tapatío, de 21 años.

En la lidia ordinaria se corrieron seis novillos de Arroyo Hondo, dejándose meter mano los tres primeros -del encaste de Jandilla que los Llaguno trajeron de España-, pero totalmente infumables los tres restantes de sangre mexicana, que sosearon, mansearon y desarrollaron peligro.

Entre sus alternantes, el poblano Alfonso Mateos salió al tercio, tras una torera labor con su primero de la tarde, mientras el peruano Alfonso Simpson mostró oficio, pero parecía más preocupado en regresarse a su País -abandonó la plaza al caer el sexto- que en agradar a la afición tapatía.

FRANCISCO BARUQUI ESCRIBIO:

Al estupendo vergeleño que se llamó «Cantante», se le dio muy merecidamente la vuelta al ruedo que, insisto y repito, era un toro de rabo…»El Pali», que tuvo la oportunidad de salir a hombros para proyectarse, a pie y entre sonora rechifla. Sí, seguramente que recordará para el resto de su vida éste nobilísimo toro del Vergel que tuvo todo para encumbrarlo pero……

Pero, a veces pienso que lo que dicen que decía «El Guerra», — curiosa y tanto habitual como tradicionalmente todas las frases taurinas sentenciantes se las atribuyen a él –, en casos resulta cierta: «Lo que no pue sé no pue sé, y ademá é imposible».

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