JOSE TOMAS EN EL UMBRAL DE LA LEYENDA

LA LEYENDA DE JOSE TOMAS

ZABALA DE LA SERNA/EL MUNDO

Existe en José Tomás una predestinación: “La historia de este tío, lo que ha pasado en Aguascalientes, lo hace más mito”. La frase de Antonio Matilla, empresario de la Monumental de Barcelona, sobre el tótem de su afición, tiene mucho de cierto. De regreso a la vida, el torero ha traspasado el umbral de la leyenda. Se verá con la perspectiva de los años. No tantos. La televisiones mundiales se han hecho eco de su sangre derramada.

La corrida de Santiago (Pepe Garfias) se debió haber lidiado en la Monumental de México en la repetición de José Tomás en febrero. El desencuentro con el empresario Rafael Herrerías tras su primera tarde cambió el rumbo. Navegante , el toro que casi entra en la historia junto a Islero y Avispado, esperaría dos meses su turno.

De haber seguido su curso el encierro de Garfias -por encima de la media del trapío de los que se lidian en Aguascalientes-, nada hubiera sido igual, aun con la misma gravedad de la cornada: la enfermería de la Monumental mexicana cuenta con los medios de los que carecían en la noche hidrocálida, digan lo que digan. La determinación del doctor Alfredo Ruiz Romero, héroe en un cuarto a oscuras, salvó la vida a José Tomás.

La velocidad de la cogida la hacen inevitable así se vea el vídeo cien veces. Navegante ha pasado la juriscción del torero en el cambio de mano, cuando gira como un relámpago y con sentido. La conformación astifina y asaltillada de sus pitones los convierten en certeras dagas. Siempre se ha dicho del toro mexicano y de todo el encaste Santa Coloma: cuando tira el derrote, no falla.

Aviso a navegantes, valga el juego estúpido de palabras: en contrataciones tan al punto y la coma como las de José Tomás, su equipo (y no sólo el suyo, sino también el de otras figuras de máxima categoría) debería ocuparse también de “detalles” como el de contar con una enfermería en condiciones. Palomo Linares ya en su día viajaba con su propio plasma en bolsas y su cirujano. Luis Miguel Dominguín, después de presenciar la muerte de Manolete, ficharía al doctor Tamames como parte de su cuadrilla.

Luis Manuel Lozano, apoderado de Sebastián Castella y testigo de la tragedia, ha quedado marcado por lo vivido: “La angustia fue terrible. Para estos días que le quedan a Sebastián por aquí (en México) he contratado una UVI móvil que nos acompañe. Me he quedado tan tocado que la llevamos hasta a los tentaderos en los ranchos de la zona”.

Cuando pasan por la historia tipos como José Tomás, siempre cambia algo, nada permanece inalterable. La leyenda se agiganta con las femorales partidas; la sangre del dios de piedra de Galapagar ha calado hondo.

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